“Los mayores son los grandes olvidados”: un adiestrador explica qué valorar antes de adoptar un perro si vivimos con niños

Adoptar un perro es una decisión importante que no conviene tomar a la ligera, especialmente cuando se convive con niños, ya que se tiende a idealizar la relación entre el animal y los menores. Pero más allá del capricho o el “qué bonito es”, la realidad requiere un análisis minucioso de las necesidades de ambas partes.

“En primer término, debemos valorar la compatibilidad: las edades de los niños, el tiempo disponible del núcleo familiar, quién se va a encargar de los cuidados, el presupuesto y el estilo de vida”, señala el adiestrador canino Jorge García, del centro integral canino De Casa Tassio. 

Uno de los errores más frecuentes al acudir a una protectora es dejarse llevar por la apariencia estética del perro o por ideas preconcebidas sobre la raza, destaca el profesional, que aconseja no tomar la decisión en función del tamaño o la apariencia, sino recurrir al diagnóstico de un adiestrador o etólogo que evalúe el comportamiento real del perro.

“Aparte de los test que hacen en muchas asociaciones de adopción, es muy importante que haya un profesional que nos asesore porque al final hay que analizar al individuo”, explica García, que cree que esta valoración previa puede ayudar a evitar incompatibilidades que puedan derivar en la dolorosa devolución del perro. 

Los niños de menos edad

La convivencia entre menores y perros conlleva dinámicas sensibles a las que no se puede dar la espalda. “El 68% de las mordidas que ha habido de perros a niños ha sido a menores de cinco años. Y de todas estas mordidas, el 89,8%, que es un dato elevadísimo, han sido por parte de un perro conocido, es decir, por un perro con el que convives, no un perro que te encuentras por la calle. Son datos del sector actualizados en 2023”, cita García. 

La etapa comprendida entre los dos y los cinco años es especialmente compleja, valora el entrenador, ya que los pequeños no cuentan con la madurez suficiente para comprender el lenguaje canino y tienden a percibir al animal como un juguete. “En casi todas estas situaciones el problema aparece a través de la protección de recursos: cuando el niño quiere invadir el espacio donde el perro duerme, o quitarle la comida o su juguete”, advierte. 

La estabilidad de un perro adulto

Por esa razón, frente al impulso habitual de buscar un cachorro para un niño pequeño, el experto sugiere valorar el grado de tranquilidad que aporta un perro maduro o de edad avanzada. “Si vamos a adoptar, yo optaría más por un perro bastante estable, ya con una edad, porque juntar a un cachorro que está en fase de socialización y de comprender cosas con un niño tan pequeño en la misma fase puede llegar a ser muy complicado”, subraya.

Para estos perfiles familiares, García recomienda perros estables o razas de temperamento apacible como el Bulldog o el Golden Retriever, evitando razas de trabajo con alto nivel de instinto, como el Pastor Belga Malinois, el Rottweiler o el Border Collie, cuyo impulso predatorio puede activarse ante las carrerillas y juegos del menor. 

Por el contrario, los perros mayores o los jubilados, como los detectores de sustancias de los cuerpos de seguridad, son una alternativa idónea. “Los perros mayores son los grandes olvidados, pero en muchos casos son los más estables, los más agradecidos y los mejores para un hogar con niños”, argumenta el experto.

Para garantizar el éxito de la integración en el hogar, el adiestrador recalca que la adopción debería someterse a varias jornadas de prueba antes de la decisión definitiva. Recomienda acudir en diversas ocasiones a la protectora, pasear al animal en diferentes entornos y observar su comportamiento ante coches, otros perros y, fundamentalmente, en presencia del menor. 

Una vez formalizada la convivencia, la interacción debe regirse bajo la supervisión activa del adulto. “Supervisión no es estar en la misma habitación mientras el niño y el perro hacen lo que quieren; implica medir los tiempos de juego, controlar las salidas y enseñar al niño a respetar estrictamente los momentos de descanso y alimentación del perro”, concluye Jorge García.