Los perros grandes envejecen más rápido y la respuesta puede estar en estos genes

Raquel Sáez

14 de octubre de 2026 08:01 h

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Un mastín nada tiene que ver con un chihuhua ni un golden retriever con yorkshire. Estos perros se distinguen principalmente por el tamaño y seguramente por el carácter, aunque no es la única diferencia que encontramos. Los grandes envejecen antes y son más propensos a padecer enfermedades relacionadas con la edad, una circunstancia que podría explicarse, al menos en parte, con los llamados “genes saltarines”, de acuerdo con una nueva investigación liderada por la Universidad Estatal de Arizona (Estados Unidos).

“Lo que hemos descubierto es que la regulación epigenética de los elementos transponibles, especialmente los LINE1, parece ser un factor importante que determina la rapidez con la que envejecen los diferentes perros”, explica autor principal del estudio, Noah Snyder-Mackler, profesor de la Facultad de Ciencias de la Vida y del Centro de Evolución y Medicina de la Universidad Estatal de Arizona, Snyder-Mackler.

Envejecimiento de los perros grandes

El equipo trabajó con datos de 864 perros inscritos en el Proyecto de Envejecimiento Canino. A partir de ahí, mapeó los patrones de metilación del ADN en todo el genoma. 

La metilación del ADN, que forma parte del epigenoma, es un proceso que dirige cuándo y cómo son activados y desactivados los genes que controlan el desarrollo del organismo y que pueden verse afectados por causas ambientales, como la dieta o el estrés. Además, este es un indicador químico bien establecido del envejecimiento y de la regulación del ADN.

Sus hallazgos revelan que el envejecimiento está asociado con la pérdida generalizada de estas marcas reguladoras con el tiempo, particularmente en regiones del genoma conocidas como “genes saltarines” o elementos transponibles. En concreto, la clave podría estar en una clase de estos genes, denominados LINE1.

Las proteínas LINE1 pueden copiarse e insertarse por todo el genoma, saltando de cromosoma en cromosoma y dañando el ADN en el proceso. Si bien la metilación del ADN suele mantenerlas bajo control, su actividad puede aumentar cuando se pierden estas marcas reguladoras, un proceso que se ha relacionado con la inestabilidad genómica, el cáncer y otras enfermedades asociadas al envejecimiento.

En el caso de los datos analizados, el estudio reveló que más del 40 % de las regiones asociadas a LINE1 en el genoma pierden metilación con la edad, lo que las convierte en la clase de elementos transponibles más afectada. 

Pero esta pérdida no se distribuye de manera uniforme entre los perros: las razas más grandes presentaron una disminución significativamente más rápida. En promedio, las razas de perros gigantes perdieron aproximadamente un 35 % más de metilación de LINE1 por año que las razas pequeñas, detalla la universidad en un comunicado.

“Sugiere que el envejecimiento acelerado en los perros de mayor tamaño podría deberse, al menos en parte, a un menor control sobre estos ‘genes saltarines’”, añade el coautor Blaise Mariner, también investigador de la Facultad de Ciencias Biológicas y del Centro de Evolución y Medicina de la Universidad Estatal de Arizona (ASU). 

Si bien se necesita más investigación para determinar si la actividad de LINE1 es causa o consecuencia del envejecimiento, los autores defienden que el estudio proporciona pruebas sólidas de que los cambios epigenéticos en estas regiones genómicas son un sello distintivo del envejecimiento biológico y un posible factor determinante de su variabilidad.