No, una picota no es cualquier cereza sin rabito: estas son las variedades protegidas por su denominación
Cuando llega la temporada de cerezas, es habitual escuchar que cualquier fruto sin rabito es una picota. Sin embargo, esa idea no es del todo correcta. Aunque la ausencia de pedúnculo es una de sus características más conocidas, la realidad es que no todas las cerezas que se venden sin él pueden considerarse auténticas picotas. Detrás de este producto existe una Denominación de Origen que protege unas variedades concretas cultivadas en una zona muy determinada del norte de Extremadura.
La propia Picota del Jerte se ha convertido en uno de los productos agrícolas más reconocibles de España. Su fama está ligada al Valle del Jerte, donde millones de cerezos transforman el paisaje cada primavera. Sin embargo, el prestigio alcanzado por este fruto también ha generado cierta confusión entre los consumidores, que muchas veces identifican como picota cualquier cereza a la que se le ha retirado el rabito.
Picotas del Jerte no son cereza cualquiera
Una picota no es simplemente una cereza sin rabito. Lo que diferencia a las auténticas picotas no es que alguien les quite el pedúnculo después de recolectarlas, sino que este se desprende de forma natural del fruto durante la recogida. Esa característica es una consecuencia de la propia variedad y constituye uno de los rasgos que permiten distinguirlas de otras cerezas.
Además, la Denominación de Origen no protege cualquier cereza “desrabada”. Según la normativa de la DOP Cereza del Jerte, únicamente cuatro variedades tradicionales pueden comercializarse como Picota del Jerte: Ambrunés, Pico Negro, Pico Limón Negro y Pico Colorado. Todas ellas son variedades autóctonas vinculadas históricamente al Valle del Jerte y a zonas próximas de montaña.
Por este motivo, una cereza sin rabo procedente de otra región o perteneciente a otra variedad no puede considerarse una auténtica picota, aunque visualmente pueda parecerse. La ausencia del pedúnculo es necesaria, pero no suficiente. También importa el origen, la variedad y el cumplimiento de las exigencias establecidas por la denominación protegida.
Las cuatro variedades protegidas de la cereza del Jerte
La más conocida de todas es probablemente la variedad Ambrunés, considerada por muchos productores como la reina de las picotas. Es la más cultivada dentro de la zona protegida y destaca por su sabor especialmente dulce y por su gran resistencia durante la maduración. Junto a ella aparecen Pico Negro, de tonalidades más oscuras; Pico Limón Negro, una de las variedades más antiguas conservadas en el valle; y Pico Colorado, caracterizada por un color más claro y una recolección más tardía.
La cereza del Jerte protegida por la denominación incluye además una quinta variedad llamada Navalinda, pero existe una diferencia importante respecto a las anteriores. A diferencia de las auténticas picotas, esta cereza sí conserva el rabito cuando se recolecta. Por ello puede estar amparada por la DOP Cereza del Jerte, pero no comercializarse como Picota del Jerte.
La importancia de este fruto para la economía extremeña es enorme. El Valle del Jerte lleva décadas asociado al cultivo de cerezas y a la producción de algunas de las variedades más apreciadas de Europa. De hecho, la propia DOP destaca que la auténtica Picota del Jerte es exclusiva de este territorio y que sus características están estrechamente ligadas a las condiciones climáticas, la altitud y las técnicas tradicionales de cultivo desarrolladas durante generaciones.