Reutilizar macetas: una buena idea que no debes ejecutar de cualquier manera
Seguro que en algún rincón de casa tienes unas cuantas macetas vacías de esas que vienen con las plantas cuando las compramos en el vivero. También otras de barro que llevan años dando vueltas por la terraza y puede que alguna más bonita que guardamos porque nos da pena tirarla. Las vamos acumulando con la idea de volver a utilizarlas algún día y, cuando llega el momento de trasplantar o colocar una planta nueva, echamos mano de ellas.
Y hacemos bien. No hay ninguna necesidad de comprar una maceta nueva cada vez que incorporamos una planta a casa. Reutilizar las que ya tenemos es una práctica económica, sostenible y perfectamente válida en jardinería.
Ahora bien, hay algunos detalles que conviene conocer antes de volver a llenarlas de sustrato. Porque una maceta puede parecer limpia y, sin embargo, conservar restos de su anterior inquilina que no nos interesa trasladar a la siguiente.
Por qué merece la pena reutilizar las macetas
Cada año se utilizan enormes cantidades de macetas de plástico para producir y comercializar plantas. Son recipientes prácticos, ligeros y resistentes, pero muchos terminan convirtiéndose en residuos después de un único uso. Y es una pena, porque la mayoría pueden seguir utilizándose durante bastante tiempo.
Las macetas de vivero, por ejemplo, son especialmente útiles para hacer esquejes, preparar semilleros o cultivar plantas pequeñas. No es mala idea, ya que lo normal es trasplantarla cuando crezca un poco a otra maceta mejor (y más grande). También es normal mantener nuestras plantas de interior dentro de ellas y colocarlas en un cubremacetas decorativo. De hecho, esto último es algo muy recomendable, ya que no hace falta trasplantar una planta recién comprada solo porque venga en una maceta de plástico poco atractiva. Si tiene espacio suficiente para sus raíces, el sustrato está en buenas condiciones y el drenaje funciona correctamente, puede seguir creciendo en ella sin problema.
Basta con colocarla dentro de un recipiente decorativo y acordarnos de retirar el agua acumulada después del riego.
Las macetas de vivero, por ejemplo, son especialmente útiles para hacer esquejes, preparar semilleros o cultivar plantas pequeñas
Además del ahorro económico, reutilizar supone aprovechar mejor los recursos y reducir residuos. Y en jardinería, muchas pequeñas decisiones como esta pueden ayudarnos a ser más sostenibles sin complicarnos demasiado la vida.
Lo que puede quedarse dentro de una maceta
Pero hay una cuestión que solemos pasar por alto cuando recuperamos una maceta antigua: ¿qué ocurrió con la planta que había antes? No es lo mismo reutilizar el recipiente de una planta que hemos cambiado a otro más grande que el de otra que murió después de semanas con las raíces en mal estado.
Cuando vaciamos una maceta pueden quedar partículas de sustrato, restos de raíces y otros materiales adheridos a sus paredes. Y, en determinadas circunstancias, también nos podemos encontrar sorpresas no deseadas.
Algunos hongos patógenos que afectan a las raíces, como Pythium o Phytophthora, pueden sobrevivir en restos de sustrato contaminado y convertirse en un problema para la siguiente planta. Esto no significa que tengamos que desconfiar de todas las macetas usadas. Simplemente, conviene saber de dónde vienen y prestar más atención cuando la planta anterior sufrió algún problema sanitario.
Y un matiz importante: no todas las plantas que mueren lo hacen por culpa de una enfermedad. A veces las raíces se deterioran porque hemos regado demasiado, porque el sustrato retenía mucha agua o porque las condiciones de cultivo no eran las adecuadas. Por eso, antes de dar por hecho que una maceta está contaminada, lo interesante es intentar entender qué ocurrió con la planta anterior.
Esas manchas blancas que aparecen en las macetas
Otro detalle bastante habitual, especialmente en las macetas de barro, son esas manchas o costras blanquecinas que aparecen con el tiempo.
En muchos casos son depósitos minerales procedentes del agua de riego. Cuando el agua se evapora, parte de los minerales disueltos quedan sobre la superficie (cal). Esto es especialmente frecuente en zonas con aguas duras, como buena parte del Mediterráneo.
Como caso extremo pero que también puede ocurrir, son acumulaciones de sales procedentes de los fertilizantes.
¿Son peligrosas? No necesariamente. Muchas de esas manchas son principalmente una cuestión estética, sobre todo cuando se trata de depósitos de carbonato cálcico. Otra cosa es que el sustrato acumule demasiadas sales solubles, porque entonces sí podemos tener problemas con las raíces y la absorción de agua.
Por eso, si recuperamos una maceta antigua, merece la pena retirar los depósitos y comprobar su estado antes de volver a utilizarla.
¿Macetas de barro o de plástico?
Ambas pueden reutilizarse perfectamente, aunque cada material tiene sus particularidades.
Las macetas de plástico suelen ser las más fáciles de limpiar. Basta con retirar los restos de sustrato y lavar bien el recipiente, prestando atención a los bordes y agujeros de drenaje. Eso sí, con los años y la exposición al sol algunos plásticos se vuelven quebradizos. Si empiezan a romperse, quizá haya llegado el momento de sustituirlos.
Las de barro, al ser porosas, permiten que parte de la humedad se evapore a través de sus paredes, algo interesante para determinadas plantas. Pero esa misma porosidad favorece la acumulación de depósitos minerales y dificulta algo más su limpieza.
Por su parte, las macetas de cerámica esmaltada suelen limpiarse fácilmente, aunque debemos revisar que no tengan grietas y comprobar si cuentan con agujeros de drenaje.
Porque una maceta sin agujeros no es necesariamente inútil, pero es mucho más recomendable utilizarla como cubremacetas que plantar directamente en ella.
Antes de reutilizar, una buena limpieza
¿Qué hacemos con esas macetas que llevamos meses guardando? Pues algo bastante sencillo: limpiarlas bien.
Lo primero es vaciar completamente el recipiente y retirar cualquier resto de raíces o sustrato. Después, con un cepillo, agua y un poco de jabón lavavajillas, podemos limpiar las paredes, los bordes y los agujeros de drenaje. En la mayoría de las situaciones domésticas, cuando la planta anterior estaba sana, una limpieza cuidadosa suele ser suficiente.
Si sospechamos que hubo alguna enfermedad, conviene desinfectar el recipiente con un producto adecuado, respetando las indicaciones de uso y el tiempo de contacto que establezca el fabricante.
Y si la maceta está deteriorada y además procede de una planta que sufrió una enfermedad importante, tampoco hace falta empeñarse en salvarla. A veces es preferible sustituirla y evitar riesgos innecesarios.
Las macetas de plástico suelen ser las más fáciles de limpiar. Basta con retirar los restos de sustrato y lavar bien el recipiente, prestando atención a los bordes y agujeros de drenaje
¿Podemos reutilizar también el sustrato?
Una cosa es recuperar la maceta y otra muy distinta aprovechar la tierra que contenía. Un sustrato que lleva mucho tiempo en uso puede haberse compactado, acumular sales o presentar problemas sanitarios. Por tanto, no siempre será adecuado para una nueva plantación.
Si estaba en buenas condiciones y la planta anterior no tenía enfermedades, podemos valorar su aprovechamiento, mezclándolo con otros materiales según el uso que vayamos a darle. Pero si el sustrato estaba constantemente encharcado, desprendía mal olor o procedía de una planta con una enfermedad radicular, es preferible no reutilizarlo directamente.
Y cuidado con pensar que basta con dejarlo unos días al sol para eliminar cualquier problema. La exposición solar por sí sola no garantiza una desinfección eficaz.
Reutilizar macetas es una práctica que merece la pena fomentar. Nos permite ahorrar, reducir residuos y aprovechar materiales que todavía pueden cumplir perfectamente su función.
Tampoco necesitamos convertir cada trasplante en una operación complicada. En la mayoría de los casos, basta con revisar el estado del recipiente, limpiarlo bien y asegurarnos de que es adecuado para la planta que vamos a colocar. Al final, se trata de aplicar un poco de sentido común. No todo lo viejo hay que tirarlo, ni todo lo que guardamos merece seguir utilizándose eternamente.
Y quizá la próxima vez que abras ese armario lleno de macetas vacías, antes de escoger la primera que encuentres, te acuerdes de echarle un vistazo y darle una buena limpieza. No cuesta demasiado y puede ahorrarte más de un disgusto con tus plantas.