Análisis
En la batalla de la hispanidad contra la latinidad, salen perdiendo los mismos de siempre
Este lunes 12 de octubre es el Día de la Fiesta Nacional en toda España menos en Madrid. Aquí en la capital, debido a nuestro irrefrenable expansionismo, lo que celebramos es el Día de la Hispanidad.
Ayuso lleva un tiempo contraprogramando al Ministerio de Defensa y disputando el significado del 12 de octubre con una propuesta procolonial bastante descarada. Y su estrategia para darle salida es la cultura, en especial la música.
Ha creado un festival gratuito de nombre Hispanidad 2026, donde los cabezas de cartel de este año son Sebastián Yatra, Marta Sánchez y Carlos Baute; tres artistas que tienen en común el catolicismo, la poca simpatía hacia el socialismo y el fervor por esa idea de España como madre patria.
“Porque todos los acentos del español caben en Madrid”, es el lema de este año, que refuerza el imperialismo del español. Ni el portugués que se habla en Brasil ni las lenguas indígenas en peligro de extinción. Aquí lo que caben son “los acentos”.
¿Qué puede haber más colonial que celebrar (es un decir) un 12 de octubre, día en el que se conmemora el descubrimiento de América, en realidad el primer gran genocidio de la modernidad? El concepto de “hispanidad” pretende ensalzar el papel de España como referente cultural hacia Latinoamérica. Un concepto que nos venden tan engalanado y dulcificado que apenas nos permite ver lo que hay debajo: la “herida colonial”, como la llamó el semiólogo argentino Walter Mignolo, hoy todavía sangrante.
La hispanidad, según aprendemos al investigar sobre ella, es una ficción basada en mitos que vienen del Barroco y que hoy se usan como imagen de marca supranacional, tal y como contó la excelente exposición El d-efecto barroco del CCCB en el año 2011.
Estados Unidos, el país de la hispanidad
De todos los países de la América Latina que podrían ocupar ese lugar de distinción que es ser “país invitado” en Hispanidad 2026, se ha elegido a Estados Unidos, precisamente en un año marcado por el viaje a Nueva York de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Aquel viaje en el que acabó viendo un espectáculo flamenco con el alcalde de Sevilla lo hizo en marzo, en pleno choque entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Donald Trump.
Pero como invitada inesperada al 12-O ha aparecido Shakira con un concierto extra de su residencia en el recinto Iberdrola de Madrid (73 euros), el cual tendrá lugar a la vez que el de Carlos Baute en la plaza de España (gratis). Pero, además de contraprogramar, Shakira ha rechazado “con todo el respeto y todo el cariño” el término hispanidad, proponiendo uno distinto.
Hispanidad “se queda corta para todo lo que somos”, escribió en un artículo en El País. Ella propone “latinidad”, para no dejar fuera a Brasil, aunque técnicamente esté dejando fuera a los europeos. Tiene gracia que haya sido Shakira, a quien Ayuso defendió frente a lo que llamó “boicot de Sánchez” a sus conciertos, la que finalmente haya boicoteado el concepto eurocentrista de hispanidad que con tanto ahínco defiende la Comunidad de Madrid.
¿Qué podemos hacer, cuando zumben los aviones del desfile de las Fuerzas Armadas sobre nuestras cabezas, cuando las plazas (Sol ya no) estén ocupadas por “el folclore” de la Hispanidad y los conciertos? Salir de este marco. Mientras que la Comunidad de Madrid dedica una exposición a la “pintura de castas” de la América virreinal (“retratar el mestizaje”, la han llamado), estos mismos días (no es casualidad), se celebra en Barcelona Indifest, un festival de cine indígena que este año busca un “territorio onírico” y se podrán ver películas como MÄrama y El viaje del Kokorrdit o coloquios.
También recomiendo esta entrevista en vídeo que hizo Germán Labrador a Walter Mignolo en el Reina Sofía en 2023, para entender mejor cómo se configuró ese marco colonial que tan atrapados nos tiene y cómo ayudarnos a salir de esa perspectiva.