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Marruecos ante la visita de los reyes a Ceuta y Melilla: el fantasma de 2007 y el riesgo a una crisis diplomática

Soraya Aybar Laafou

Ceuta —
12 de octubre de 2026 22:35 h

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La última vez que unos reyes españoles visitaron Ceuta y Melilla, Marruecos respondió con una crisis diplomática. En noviembre de 2007, el viaje de Juan Carlos I y Sofía provocó la retirada temporal del embajador marroquí en Madrid, manifestaciones en las fronteras y una condena pública del actual rey marroquí, Mohamed VI. Casi 20 años después, Felipe VI y Letizia regresan a ambas ciudades en un escenario marcado por la mayor crisis migratoria registrada en Ceuta y el resurgimiento de las reivindicaciones territoriales marroquíes. 

La visita, la primera de Felipe VI desde su proclamación en 2014, llega apenas dos meses y medio después de que más de 80.000 personas cruzaran la frontera desde Marruecos durante los días 30 y 31 de julio. Para Rabat, la presencia del monarca español tiene una dimensión que transciende de lo protocolario. Desde su independencia en 1956, Marruecos reivindica ambas ciudades como parte de su territorio nacional. España, por su lado, rechaza cualquier cuestionamiento de su soberanía y recuerda que las dos ciudades forman parte de su territorio y de la Unión Europea. 

El precedente de 2007

Los días 5 y 6 de noviembre de 2007, Juan Carlos I y Sofía realizaron una visita oficial a Ceuta y Melilla que desató una de las mayores tensiones diplomáticas entre ambos países de aquella década. En aquel momento, la respuesta marroquí llegó incluso antes del desplazamiento. 

El 2 de noviembre, Mohamed VI ordenó llamar a consultas a su embajador en Madrid, Omar Azziman, por tiempo indeterminado. Entonces, el Ministerio de Exteriores de Marruecos calificó la visita de “lamentable” y recuperó la expresión “ciudades ocupadas” para referirse a ambos territorios. 

La protesta también incluyó manifestaciones en las inmediaciones de Melilla y la suspensión de próximas reuniones bilaterales de alto nivel. El 7 de noviembre, el propio Mohamed VI condenó públicamente el viaje, al que atribuyó posibles consecuencias para el futuro de las relaciones entre Madrid y Rabat. 

Desde entonces, Rabat reclamó abrir un diálogo sobre el futuro de las ciudades autónomas, recuperando una propuesta que Hasán II, anterior monarca y padre de Mohamed VI, ya había planteado en los años ochenta a través de la conocida “célula de reflexión”. España rechazó negociar su soberanía y la crisis se prolongó durante dos meses, hasta que el embajador marroquí regresó a Madrid en enero de 2008. 

La crisis en Ceuta reactiva las reivindicaciones territoriales

A diferencia de 2007, la visita de Felipe VI llega después de una crisis que también ha afectado a la seguridad fronteriza y marítima. A las entradas masivas de julio se suman las incursiones de una fragata y varias patrulleras de la Marina Real marroquí en aguas que España considera bajo su soberanía, según reveló El País. Este 12 de octubre, Pedro Sánchez ha confirmado los incidentes, aunque ha asegurado que se resolvieron con la interlocución entre ambos países. 

En paralelo, distintos responsables marroquíes han vuelto a situar a Ceuta y Melilla en el debate político y geopolítico. El 21 de agosto, el entonces ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, defendió durante una entrevista con la televisión pública 2M los supuestos “derechos históricos y geográficos” de Marruecos sobre ambas ciudades. Reclamó mecanismos de diálogo con España para encontrar una solución que permitiera un “retorno al seno de la patria”.

Unos días después, el 25 de agosto, durante una ceremonia religiosa presidida por Mohamed VI, el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, evocó la “lucha sagrada” para liberar las “ciudades ocupadas”, en una intervención interpretada como una alusión a las reivindicaciones territoriales marroquíes. 

La cuestión territorial también protagonizó parte de la campaña electoral que precedió las elecciones legislativas del pasado mes de septiembre. Nizar Baraka, ministro de Equipamiento y Agua y secretario general del partido nacionalista Istiqlal, aseguró a finales de agosto que España era un “socio esencial”, pero que Marruecos no retrocedería “ni un solo palmo de su territorio nacional”.

El 5 de septiembre, Nabil Benabdellah, secretario general del Partido del Progreso y del Socialismo, afirmó en un acto en Driuch que Ceuta y Melilla eran “dos ciudades marroquíes ocupadas”. Ese mismo día, Mohammed Ouzzine, dirigente del Movimiento Popular, reivindicó los “legítimos derechos históricos” marroquíes sobre ambos territorios. 

Del rechazo de la prensa al silencio

El anuncio oficial del viaje, el 1 de octubre, volvió a colocar la cuestión territorial en el debate mediático marroquí. Un día después, un medio cercano a los círculos de poder de Rabat publicó un editorial que calificaba el desplazamiento de “provocación anunciada”. El artículo recuperaba expresiones como “territorio marroquí ocupado” y acusaba a la Corona española de ceder ante las presiones del Partido Popular y Vox. Sin embargo, estas críticas no equivalen a una posición oficial del Palacio Real. 

El mensaje más relevante llegó el pasado 9 de octubre, cuando durante el arranque parlamentario tras las elecciones, Mohamed VI se pronunció por primera vez sobre la crisis migratoria del verano. El soberano criticó la actuación de determinados sectores políticos y mediáticos españoles y advirtió de que la cooperación bilateral, que calificó de decisión soberana de Marruecos, no podía quedar sometida a “ninguna presión o amenaza, ni a ningún chantaje”. 

También cuestionó las disposiciones legales españolas que dificultan las repatriaciones y anunció una nueva propuesta estratégica de cooperación. Aun así, y en lo que está relacionado con la visita oficial de los monarcas españoles, Mohamed VI no condenó expresamente el viaje ni reivindicó directamente Ceuta y Melilla, a diferencia de 2007. 

¿Qué puede ocurrir?

El contexto bilateral ha cambiado en los últimos 20 años. Desde que España respaldó en 2022 el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental, ambos países han reforzado su cooperación migratoria, económica y de seguridad. Tanto es así, que comparten proyectos estratégicos y trascendentales mundialmente como la organización del Mundial de 2030 junto a Portugal. 

Una escalada diplomática podría comprometer intereses compartidos. Mientras que Marruecos necesita preservar su relación con uno de sus principales socios comerciales e interlocutor con la Unión Europea, España depende de la cooperación de Rabat en material fronteriza, migratoria y antiterrorista. 

Entre las posibles respuestas figura mantener las críticas a través de medios y dirigentes políticos, presentar una propuesta diplomática formal o recuperar medidas similares a las de 2007. Hasta el momento, ninguna de estas últimas medidas ha sido anunciada ni ejecutada por Rabat.