Alcarràs acelera la transición solar de Cataluña con el mayor parque fotovoltaico de la comunidad
Durante años, Cataluña ha avanzado a un ritmo más lento que buena parte de España en el despliegue de energías renovables. Ahora, un proyecto situado en Alcarràs, en el Segrià, quiere contribuir a revertir esa tendencia. El parque fotovoltaico de Alcarràs, impulsado por la empresa española Solaria, representa un salto de escala para la generación solar en Cataluña y pone cifras a un reto que la comunidad tiene todavía por delante: acelerar la transición energética sin perder de vista las particularidades del territorio.
La dimensión del proyecto permite entender mejor lo que supone este cambio. Hace apenas unos meses, la potencia fotovoltaica acumulada en suelo rústico en Cataluña no superaba los 400 MW. Alcarràs aporta por sí solo 200 MW de Solaria, dentro de un complejo que alcanza los 300 MW al sumar otros 100 MW de otro operador. La magnitud resulta todavía más significativa si se compara con los objetivos marcados para los próximos años.
“Este proyecto supone un punto de inflexión”, explica Lluís Valle, director de Solaria en Cataluña. Y así lo certifican los datos: la planificación energética catalana contempla alcanzar hasta 4,5 GW de fotovoltaica sobre terreno en 2030. Eso significa que, en apenas cuatro años, Cataluña debería poner en funcionamiento el equivalente a unos diez proyectos de una dimensión similar al de Alcarràs. “El reto sigue siendo mayúsculo para Cataluña”, reconoce Valle, que considera que el proyecto permite “visualizar la escala que tendrá que adquirir el despliegue renovable”.
Un retraso con varias causas
Llegar hasta aquí no ha sido sencillo. Para Valle, resulta difícil atribuir más de una década de retraso a una única causa, pero señala que es deseable que haya estabilidad en la normativa. “A la sociedad y a la opinión pública en el territorio les es difícil diferenciar proyectos serios, maduros y bien planteados, como el caso de Alcarràs, de otros”, señala.
El escenario actual busca precisamente reducir esa incertidumbre. El Govern trabaja en el PLATER, el planeamiento territorial de las energías renovables, con el objetivo de consensuar previamente dónde pueden ubicarse este tipo de instalaciones y agilizar después los procesos administrativos necesarios para llevarlas a cabo. Valle considera que el planteamiento actual puede contribuir a desbloquear el despliegue: “La sensación es que el Govern actual tiene claro los objetivos y pretende consensuar con los diferentes municipios un planeamiento territorial”.
La necesidad de acelerar el despliegue energético convive, sin embargo, con uno de los principales debates alrededor de las plantas solares: su impacto sobre el suelo agrícola. En Alcarràs, Solaria defiende un modelo que trata de demostrar que ambas actividades pueden compartir espacio. Unas 70 hectáreas del proyecto no se destinan a la generación eléctrica y se utilizarán para plantar olivos, con los trabajos de acondicionamiento del riego y las primeras plantaciones ya iniciados.
“En mi opinión no debería existir tal debate”, afirma Valle. Para alcanzar los objetivos climáticos de Cataluña en 2050, calcula que sería necesario ocupar alrededor de un 2% de la superficie agraria del territorio. “Como sociedad madura, somos capaces de consensuar la ubicación de estas instalaciones entre promotores, Administración y gremios agrícolas”, defiende.
Una vez escogidos los emplazamientos, el siguiente reto pasa por reducir su impacto. “Es una cuestión de sentido común y de responsabilidad con el territorio”, asegura. En Alcarràs, la evolución tecnológica también ha permitido optimizar la ocupación del suelo mediante módulos de mayor potencia que los planteados inicialmente. Los olivos contribuirán, además, a reforzar la integración paisajística del parque.
Mucho más que electricidad
El proyecto también aspira a dejar una huella que vaya más allá de la energía producida. La inversión realizada en la construcción ha generado ingresos para las administraciones locales y, solo en concepto de ICIO, el municipio ha recibido más de cuatro millones de euros. A ello se suma el empleo asociado a la construcción y una serie de proyectos vinculados que amplían el impacto económico de la instalación.
“Estamos viendo que el proyecto fotovoltaico de Alcarràs ha propiciado otros dos nuevos proyectos ya reales en el municipio y en las mismas fincas”, explica Valle. Uno de ellos es una planta de biogás promovida por el propietario de los terrenos, que permitirá tratar hasta 140.000 toneladas de purines al año y generar biogás para su posterior inyección en la red de distribución.
El segundo está directamente relacionado con el almacenamiento energético. Solaria prevé poner en servicio en 2027 un sistema BESS de 400 MWh, que permitirá almacenar parte de la electricidad generada por el parque para poder verterla a la red cuando no haya producción solar. “Será con seguridad el más grande en Cataluña hasta la fecha”, apunta Valle.
Y el horizonte puede ser todavía más ambicioso. La infraestructura eléctrica disponible abre la puerta, según Solaria, a nuevas inversiones vinculadas a la transición digital. Entre ellas figura la posible implantación de un centro de datos en el entorno de Alcarràs y Lleida, un proyecto que, según Valle, tendría una escala “diez veces mayor” que las inversiones ya descritas.
Todo ello se produce en un territorio donde el despliegue de renovables también genera debate y oposición. Para Valle, escuchar al territorio forma parte de la responsabilidad de los promotores: “Nuestro deber es escuchar al territorio para adaptar el proyecto en el marco de sus posibilidades técnicas y administrativas”. Pero también reclama que las Administraciones mantengan el rumbo marcado por sus objetivos energéticos.
“Somos una sociedad crítica y siempre habrá oposición. Lo ha habido en cualquier transición y la energética no se queda al margen”, afirma. En su opinión, el avance del cambio climático está haciendo cada vez más visible la necesidad de actuar: “Aunque desearíamos todos no haber llegado a esta situación, es cierto que facilita al municipio y al territorio comprender el coste de no hacer proyectos como el nuestro”.
Alcarràs no puede solucionar por sí solo el retraso renovable de Cataluña. Pero sí puede servir para visualizar lo que significa pasar de los objetivos sobre el papel a las infraestructuras reales: más generación limpia, almacenamiento, actividad económica y nuevas oportunidades para el territorio.