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La Roja se quita el chándal: la Federación descubre que el deporte también es moda

Gritaste con el gol de Iniesta, sudabas en la final contra Inglaterra e incluso has discutido con Luis de la Fuente desde tu casa, pero no llevarías La Roja un martes cualquiera por la calle. La vemos en semifinales, en los bares y en los estadios, pero rara vez fuera del contexto deportivo. Cuatro años después del boom del blokecore, la tendencia que sacó a la calle camisetas, sobre todo vintage, y zapatillas de estética futbolera, coincidiendo con el mundial de Qatar; algo parece estar cambiando en la imagen del deporte español.

Durante los últimos Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina, los espectaculares uniformes de algunos países, como Mongolia, Estados Unidos o Haití, acapararon buena parte de la conversación, mientras que el sencillo chándal rojo y amarillo del equipo español fue tildado en redes sociales de “Power Rangers de AliExpress”.

Destacó especialmente la crítica del diseñador Juan Avellaneda, sorprendido de que no se hubiera hecho algo más representativo en un país cuna de grandes diseñadores e imperios textiles, y con “una artesanía, una tradición, unos materiales increíbles y una pluralidad de territorios y culturas que no siempre se ven reflejados”.

Avellaneda no se limitó a criticar, lanzó una lluvia de ideas que incluía los colores marfil, burdeos y dorado, los motivos mudéjares o castellanos y cuellos altos de inspiración Balenciaga. Apenas un mes más tarde conoceríamos esa segunda equipación de las selecciones españolas de fútbol de estilo vintage, que recupera el antiguo trébol de Adidas, en ese blanco roto con grafismos “inspirados en nuestro patrimonio literario”, según la propia marca. Y se hizo la magia. 

Antes de que empezara el Mundial, la camiseta ya estaba por todas partes. No ‘La Roja’, la blanca —o “tono pirita”. No es para todo el mundo, con un precio que parte de los 150 euros y roza los 190 al añadir nombres y detalles. Alcanza el 15% del salario mínimo y representa el intento de Adidas por rentabilizar la importante inversión hecha para obtener los derechos de colaboración con la federación.

La web de la marca alemana la etiqueta como “agotada” pero, tirando del patrimonio literario de la picaresca, las redes están plagadas de quienes presumen de no haber pagado más de 20 euros, así como de recursos para no invertir más en la camiseta que parece haber enamorado a todo el país.

Una nueva sensibilidad en la Federación

“El fútbol ha dejado de ser un deporte popular para convertirse en un deporte de estrellas, no solamente deportivas, sino también mediáticas, con una capacidad de ser visualizadas comercialmente como antes habían hecho los tenistas o los deportistas del baloncesto en EEUU”, valora Pedro Mansilla, sociólogo, periodista y crítico de moda. Lamine Yamal, por ejemplo, ingresó en 2025 entre siete y nueve millones de euros, fuera del campo, por su imagen e influencia.

Pero la verdadera sorpresa llegó hace un par de semanas, cuando la casa española de lujo Loewe anunció un acuerdo con la federación para firmar la indumentaria de representación de las selecciones españolas de fútbol, es decir, la que vestirán en los viajes y actos institucionales, tanto hombres como mujeres. Aunque para Mansilla era “como una pera que estaba a punto de caer” y él hubiera preferido un concurso público de grandes diseñadores españoles, también cree que llega “unos años tarde”. 

“Mientras que todos entenderíamos que la selección italiana jugase de Armani o que la selección francesa jugase de Louis Vuitton, la federación española no ha mostrado anteriormente esa sensibilidad”, apunta el experto, que espera que este movimiento signifique “que ya ha calado en los vetustos huesos de los políticos del deporte que juntarse con la moda o con el diseño no es malo para el país”.

La colaboración, según todas las fuentes consultadas, es un win-win que beneficia tanto a una marca que, bajo el paraguas del gigante francés LVMH, busca volver a conectar con su origen a través de un valor seguro; como a una selección de fútbol que, partiendo como una de las favoritas, pone en valor la calidad y relevancia del equipo. “En este caso, estamos hablando de una firma que no cuenta con ningún atleta entre sus embajadores oficiales y de la selección española de fútbol, que nunca ha sido vestida por una marca de lujo”, señala Megui Gómez-Sala, experta en la industria del lujo y creadora de contenido. 

Jack McCollough y Lázaro Hernández, que ya han cumplido un año al frente de la dirección creativa de Loewe, habían manifestado su voluntad de devolver a la casa, fundada en Madrid en 1846, a sus orígenes. “Si bien durante la dirección creativa de Jonathan Anderson, el awareness [reconocimiento] de la marca creció a nivel global gracias a la vinculación que se ejercía con la cultura y la artesanía, no era tan evidente, desde fuera de nuestro país, asociar Loewe con España. Ahora, Hernández y McCollough están construyendo sobre la casa que han heredado y reivindican su españolidad con esta asociación”, explica Gómez-Sala. 

Uniformes deportivos como proyección nacional

“Es un ejercicio de diplomacia visual”, considera Laura Jiménez, conservadora del Museo del Traje e historiadora del arte. “Desde finales del siglo XIX y, sobre todo, desde el desarrollo de las grandes competiciones internacionales durante el siglo XX, la indumentaria deportiva ha desempeñado una función que va mucho más allá de la práctica. Los uniformes de las selecciones nacionales han servido para construir y proyectar una determinada imagen de país ante una audiencia internacional”, recuerda Jiménez, que cita el ejemplo de Ralph Lauren a cargo del equipo olímpico de EEUU desde 2008. 

“Podríamos decir que los atletas se convierten en embajadores visuales de la nación, porque sus uniformes incorporan colores, emblemas, símbolos y códigos estéticos que permiten identificar inmediatamente a un país y transmitir determinados valores asociados a él”, justifica la historiadora. “Lo interesante es que estos uniformes nunca son neutrales: reflejan una determinada idea de identidad nacional, de modernidad y de representación institucional”, añade.

Además, esta alianza entre moda y fútbol también responde a un cambio social profundo: parece que ha pasado un siglo desde aquellas duras críticas y burlas hacia David Beckham por su interés por la moda y el cuidado de su imagen, pero solo hace un par de décadas. Hoy podría ser considerado un pionero, que abrió el camino para que otros futbolistas con sensibilidad estética, como Xabi Alonso, Rodrigo de Paul, Jules Koundé o Héctor Bellerín cuestionaran los estereotipos tradicionales y exploraran sus intereses estilísticos. 

“Hay un potentísimo elemento dinamizador, que es que hoy en día el fútbol interesa muchísimo a las mujeres y a los gays, no solamente a los hombres heterosexuales”, destaca el sociólogo Pedro Mansilla. “Esto, que puede parecer anecdótico, yo creo que es estructural y va a cambiar totalmente el punto de vista, la sensibilidad, no solo en el fútbol que juegan los hombres, sino por la importancia social que tiene el fútbol que juegan las mujeres”, analiza.

Mansilla, que también apunta al relevo generacional como inspirador del cambio de mentalidad, es optimista con que el auge del fútbol y la afición femenina “va a contribuir a arrastrar a todos esos fans que todavía conservan actitudes que la sociedad global, pero sobre todo la sociedad española, ya tolera bastante mal, como las propensiones a los neofascismos, los machismos o los racismos”.

“Puede ser todavía por la diferencia de salarios”, reflexiona el sociólogo, que percibe que “los jugadores de fútbol normalmente adolecen de una cierta cultura general, se expresan más o menos mal, excepto algunas salvedades y, sin embargo, cuando le ponen el micrófono a las mujeres del fútbol español de élite, parece que detrás de todas ellas hubiera un universitario”. 

En el fútbol moderno, el de las estrellas mediáticas que trascienden los noventa minutos, ya no solo importan el rendimiento y la venta de entradas, porque, más allá del resultado deportivo, el relato, la influencia y el dinero también se juegan en las redes. Por ahora, antes de enfrentarse a la primera fecha de este mundial, nuestras selecciones parecen haberse anotado el gol de la proyección aspiracional, ya sea luciendo un traje de lujo o a través de una camiseta convertida en un objeto de deseo tan potente que inunda las calles de réplicas.