La desfachatez de Aznar
El piropo del oso. “Hay que votar a Rajoy, aunque no entusiasme”, decía Aznar antes de las elecciones. No era original. Felipe González, años antes, le había dedicado parecido halago envenenado a su elegido, Joaquín Almunia. Ambas historias, con todas sus diferencias, mantienen un denominador común. Tanto Aznar como González fracasaron en su dedazo. Los liderazgos nacen, no se heredan. En una sucesión, la opinión más venenosa es la del rey muerto, pues siempre tendrá la tentación de escoger a un delfín que sea dócil aunque no entusiasme, que no mate al padre, que le permita vivir en la otra vida. Al PSOE le costó dos derrotas darse cuenta. El PP, dos derrotas después, aún está en ello.
Aznar sigue sin entusiasmarse con su propio error, pero jamás lo reconocerá como propio. La autocrítica no es su fuerte. Convertido en una caricatura de sí mismo, en un guiñol que encaja ya mejor en las fotos de boda de Flavio Briatore que en un congreso político del PP, el ex presidente del Gobierno ha dado esta mañana su “respaldo responsable” a Mariano Rajoy, al mismo Mariano que él encumbró. Y su responsabilidad se acabó aquí. El resto de su discurso fue una retahíla de reproches más que evidentes al nuevo rumbo que su elegido quiere dar ahora al PP. Aznar piropeó al dúo Zaplebes, rezó por San Gil, invocó a la AVT y cargó contra maricomplejines. “No tenemos que avergonzarnos de nada, al contrario”, dijo sin vergüenza. “No ganaremos si pensamos que podemos ignorar a los que ya nos votan”, profetizó el gurú. “Tenemos que ser el partido que gustaría a la mayoría de los españoles, no el partido que gustaría a nuestros adversarios”, insistió el centrista. Pero Aznar frenó ahí. Por responsabilidad, claro: “Mis silencios y mis palabras están guiados por el sentido de la responsabilidad, de la lealtad a mi partido y a España”. Por ese orden.
Rajoy, mientras tanto, suma y sigue. Contra pronóstico, saldrá de Valencia fortalecido, con las manos libres, con más control sobre su propio partido del que ha disfrutado jamás en cuatro años que hace ya que lo preside. Ahora actúa como si fuese libre. Al fin ha matado al padre. Si consigue hacer creer que fue sólo cobardía, y no hipocresía, lo que antes le impidió tomar su propio camino, tal vez tenga una nueva oportunidad.