Matar al mensajero
A los vendedores callejeros de periódico en Colombia les llaman canillitas, en Guatemala son papeleritos, en México les conocen como voceadores. Es el mismo trabajo con tres nombres distintos y, en algunas ciudades, es un trabajo peligroso. Ayer tres voceadores fueron asesinados en Oaxaca, en el norte de México. Mateo Cortés Martínez, Flor Vásquez López y Agustín, voceadores del diario El Imparcial, fueron acribillados dentro de una furgoneta durante el reparto del diario.
Hace unos años, trabajé en aquella misma redacción. Participé como consultor durante unos meses en la fundación de La I de Hermosillo, un periódico popular que lanzó la misma empresa que edita El Imparcial. Allí no se bromeaba con según qué cosas. Hermosillo es tierra caliente, el desierto de Sonora es una etapa más en la ruta de la coca hacia Estados Unidos. Y también es el punto de partida de muchos inmigrantes en su difícil viaje hasta el otro lado de la frontera. Coyoteros y narcos marcan las reglas.
Ayer mataron a tres voceadores. No son los primeros trabajadores de El Imparcial que pagan con su vida. El periodista Alfredo Jiménez Mota, el experto en temas de narcotráfico del diario, desapareció hace ya dos años y nadie espera que siga vivo. El 2 de abril de 2005, antes de dejar por última vez su redacción, le había comentado a una compañera de trabajo que tenía una reunión con un informador que estaba “muy nervioso”.
Los narcos se salieron con la suya. El Imparcial -al igual que otros medios- decidió dejar de informar sobre los temas de narcotráfico en el estado de Sonora. Es difícil ir a la guerra solo, cuando nadie más te acompaña. Hay sitios donde la libertad de expresión no es una libertad barata, más aún cuando sólo unos pocos pagan la factura.
--------------------
Narcos o zopencos. Hoy ETA ha intentado matar otra vez. El objetivo es el mismo que en México: asesinar a unos para que todos callen.