Dar CERA, pulir CERA: Galicia supera a Madrid y acapara casi la quinta parte del voto emigrante para el 29N

Luís Pardo

13 de octubre de 2026 16:31 h

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De los cerca de 39 millones de votantes llamados a las urnas el 29N, menos de tres millones son gallegos, apenas un 7% del total. Sin embargo, ese porcentaje se dispara hasta casi multiplicarse por tres en el censo de residentes ausentes (CERA) donde –a la espera de saber qué pasará con los 163.020 españoles a los que el Tribunal Supremo ha suspendido el derecho al sufragio– las provincias gallegas acaparan casi uno de cada cinco inscritos. La suma de las cuatro supera incluso a Madrid, la circunscripción con mayor número de electores y que duplica a Galicia en valores absolutos.

Los números que ha hecho públicos el Instituto Nacional de Estadística (INE) fijan el número de votantes para las próximas generales en 38.728.356, de los que 2.769.645 residen en el extranjero, un 7,15%. Esa cifra es casi idéntica a la de los votantes censados en Galicia, 2.734.381. De ellos, viven en la comunidad 2.217.712 y más de medio millón –516.669– son emigrantes o descendientes de ellos. En Madrid, el CERA suma 498.874 de un total de 5.536.913 electores (el 9%) que elegirán 38 diputados, uno más al quedarse con el que pierde Cádiz.

Las cuatro provincias gallegas mantienen 23 escaños en su conjunto: 8 en A Coruña, 7 en Pontevedra y 4 en Lugo y Ourense. La provincia coruñesa es la única que supera el millón de votantes –1.106.690– y también la que cuenta con el mayor número total de residentes ausentes, 178.478, un 16%, el mismo porcentaje que suponen los 150.148 emigrantes de Pontevedra frente a los 926.408 totales. En Lugo el número sube hasta el 22,5% –76.919 de 341.031– pero es en Ourense donde la proporción se dispara hasta doblar a las circunscripciones atlánticas: 111.124 inscritos en el CERA de un censo total de 360.252: casi el 31% del total. Practicamente un tercio de los votos.

En los últimos años, el elevado peso del electorado exterior sigue sin encontrar reflejo en las urnas. Lejos quedan los comicios con participaciones que rozaron el 35%, como las autonómícas de 2005, el año en el que el PP de Fraga perdió la mayoría absoluta para dar lugar al gobierno bipartito PSdeG-BNG, y en el que se registró un récord de sufragios, 105.852. Por encima del 30 –31,7%– se situó el conjunto del Estado en las generales de 2008, las últimas antes de la entrada en vigor del llamado voto rogado, una medida con la que se pretendía poner fin a las múltiples irregularidades denunciadas, sobre todo por la izquierda, en el exterior, una picaresca que no conocía límites: se han relatado desde el pago por que iban desde el pago por el voto a la emisión de decenas de papeletas por parte de una misma persona, pasando por suplantaciones de personalidad que permitían votar incluso a los muertos.

La idiosincrasia propia de Galicia llega también a los países de origen de los votantes. Si, en el conjunto del Estado, Argentina es la principal fuente de electores con 520.023 (un 18,9% del total), en la comunidad gallega su presencia se dispara. En Lugo, con el dato más bajo, supera en diez puntos la media estatal, en A Coruña y Pontevedra alcanza el 35% del CERA y en Lugo roza la mitad, el 45,6%.

El resto del podio se queda, también, en Latinoamérica. El segundo país con mayor representación en el conjunto del CERA es Francia (265.212 electores, 9,7%) seguido de los Estados Unidos con 211.000 y un 7,6%. México (7%) y Cuba (6,2%) vienen justo por detrás. Sin embargo, en Galicia, Cuba es segunda en Lugo y Ourense (21,6 y 13,4%, respectivamente), mientras en A Coruña y Pontevedra son Uruguay y Brasil. Suiza (bronce en A Coruña con un 9,3%) y Estados Unidos (tercera en Lugo, a una gran distancia, con un 5,5%) son las únicas excepciones en un ranking copado por las cuatro grandes comunidades gallegas de la diáspora.

La tímida remontada tras el voto rogado

El voto rogado obligaba al elector a solicitar formalmente su derecho al sufragio. Su primera consecuencia fue un desplome rotundo de la participación. En los tres comicios autonómicos en los que estuvo en vigor –2012, 2016 y 2020– los votos se quedaron en el 3,3, el 2,4 y el 1,2% del censo, respectivamente. La última victoria de Alberto Núñez Feijóo dejó el suelo en 5.404 votos de la diáspora.

En 2022 se suprimió una norma que fue, desde el principio, muy criticada por las comunidades del exterior. Desde entonces, el nivel de participación se ha ido recuperando tímidamente, aunque todavía muy lejos de los registros de hace dos décadas. En las últimas elecciones generales, en Galicia apenas votaron 29.818 de los 472.141 inscritos, un 6,3%. El porcentaje todavía cayó un par de décimas meses después, en los comicios autonómicos que supusieron la primera mayoría absoluta para Alfonso Rueda: 29.300 sufragios de 476.514 posibles.

En 2023, la primera carrera al Congreso con Feijóo como candiadato, el PP obtuvo 13 de los 23 diputados en juego en Galicia, por 7 del PSOE, 2 Sumar y uno el BNG. Cuatro años antes, en 2019, populares y socialistas habían empatado a 10 escaños. Los conservadores habían sacado apenas diez mil votos de ventaja, que cuatro años después elevaron hasta los 226.000. A la izquierda de los dos grandes partidos, el escenario seguía igual: Sumar heredaba las dos actas de Podemos y el Bloque mantenía la suya. A mes y medio del 29N, no sólo queda por saber cuál será el resultado, sino el peso que tendrá en él el voto de los gallegos en el exterior.