Las cuevas marinas, desprotegidas frente a las urbanizaciones del litoral balear: “Son las agresiones más duras”
Las cuevas submarinas que plagan el subsuelo de Mallorca superan las 4.000: son formaciones kársticas de alto valor geológico y ecológico que albergan especies que solo pueden vivir en las condiciones que estas cavidades les ofrecen. Y, a pesar de ello, su conservación se ha visto durante los últimos años amenazada por varios factores. Principalmente, por el levantamiento de núcleos urbanos en la superficie, justo encima donde están estos ecosistemas sensibles que es necesario proteger, pero que no cuentan con las figuras formales suficientes para que queden estrictamente a la salvaguarda de actividades perjudiciales, denuncian los expertos. Entre ellos, la construcción de viviendas de alta categoría.
“En el litoral hay un gran número de urbanizaciones y también es donde están todas las cuevas, las perjudican porque abocan sus aguas residuales en el interior de las cavidades”, lamenta Xisco Gràcia, investigador de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y partícipe en el proyecto BioCAVE, que estudia las grutas del litoral para comprenderlas a nivel ecosistémico y su interconectividad a través de túneles submarinos.
Entre las perjudicadas por este escenario está la Cova des Coll, la más extensa de España con un recorrido de 7.020 metros, 5.529 de ellos subacuáticos. Otros 300 transcurren por el núcleo poblacional de la localidad de Portocolom. A principios de 2025, una promoción inmobiliaria de lujo amenazó con afectar una de las cámaras de la estructura natural, con el riesgo de colapso que supondría tanto para la nueva edificación como para la propia cueva, una de las catalogadas como Zona de Especial Conservación (ZEC) por la Red Natura 2000, como ya publicó elDiario.es. Varios estudios espeleológicos arrojaron que la ubicación de su acceso terrestre –muy cerca del centro urbano– hacía peligrar su preservación, afectada por los procesos urbanísticos desarrollados.
En el litoral hay un gran número de urbanizaciones y también es donde están todas las cuevas, las perjudican porque abocan sus aguas residuales en el interior de las cavidades
También la Cova del Pas de Vallgornera –de roca porosa y agujereada–, en el municipio de Llucmajor, cuya situación indignó hace un año y medio a los espeleólogos, que denunciaron daños y contaminaciones en la estructura natural por la filtración precisamente de aguas residuales procedentes de otra urbanización de alta categoría compuesta por unas cien de viviendas y construida justo encima.
Apenas un mes antes, la Dirección General de Medio Natural y Gestión Forestal de la Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural había pedido a los agentes del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) y del SEPRONA de la Guardia Civil una recogida de muestras de agua de este espacio protegido para su análisis fisicoquímico y biológico. El test concluyó que la cavidad, según informó el Govern, no presentaba síntomas de contaminación por aguas fecales, sino de carácter animal por los organismos presentes en la cueva o de lixiviados de la superficie terrestre, determinaron.
Por otro lado, el SEPRONA sí está pendiente de un informe pericial del Estudio Geológico y Minero de España sobre muestras que cogieron en varias cuevas de Mallorca para analizar precisamente este tipo de contaminaciones, ha señalado la Guardia Civil a elDiario.es.
Treinta cuevas declaradas ZEC
El Plan de Gestión de Cuevas del Govern incluye en el archipiélago balear treinta cuevas submarinas, todas ellas en Mallorca, protegidas con la categoría ZEC. La mayor parte de ellas se encuentran en el término municipal de Manacor, que alberga nueve de las grutas con esta consideración. Además, otras cavidades de la isla balear, especialmente las que tienen continuidades acuáticas, cuentan con una protección especial por parte de Recursos Hídricos, explica Gràcia.
Otras, de carácter arqueológico, están nombradas como Bien de Interés Cultural (BIC) o enmarcadas dentro de otros espacios naturales protegidos, como la Serra de Tramuntana. En Menorca y en las Pitiusas no hay cuevas categorizadas como de especial conservación, pero sí integradas dentro de otros espacios pertenecientes a la Red Natura 2000.
Entre ellos, la franja del sur menorquín entre Cap de ses Penyes y la Punta de na Picada, contiguo al canal LIC (Lugar de Importancia Comunitaria), de competencia estatal, que incluye praderas de posidonia oceánica –especie endémica y protegida en las islas–, arrecifes y estas cuevas marinas sumergidas o semisumergidas. Así como el litoral este, en el entorno de s’Albufera des Grau, cuenta con cuevas de “alto valor ambiental”.
En Eivissa, cuentan con la protección ZEC el litoral oeste, los islotes de Ponent, que comprende los islotes del oeste de la isla, así como sus fondos marinos y está categorizado también como Zona de especial protección para las aves (ZEPA). Sin embargo, la mayor de las Illes Balears es, con diferencia, la isla con más cavidades de este tipo, sumando unas 4.000 en total.
En Mallorca hay treinta cavidades declaradas como Zona de Especial Conservación (ZEC). En Menorca y Eivissa, las grutas protegidas lo están porque pertenecen a otras áreas naturales con categorías de conservación parecidas
En parte, el problema de conservación de estos entornos naturales reside en la masificación turística que se acentúa un poco más cada verano, y otro, más grave -el que realmente preocupa a los expertos-, es la construcción de estas edificaciones en el litoral. Por este motivo, los espeleólogos llevan años luchando para que se termine el vertido de estas aguas fecales en las cuevas y los vecinos, reclamando en la zona una red de alcantarillado.
Antiguamente, el hallazgo de estas joyas geológicas ahora en peligro se producía al hacer un pozo negro -o pozo ciego-, para conjuntos de viviendas. Al no tener salida al exterior, quedaban hasta entonces ocultas y era durante este proceso cuando salían a la luz. “Ya con esto, no se contaminaban solo las grutas, sino también las aguas subterráneas”, señala Gràcia. Algoque sigue sucediendo y empeorando. El investigador de la UIB indica que, en ocasiones, los agentes contaminantes también provienen de ruinas, escombros y restos de obra. Este, señala, es el verdadero problema de las cuevas submarinas, no tanto los influencers, los guías ‘pirata’ o la masificación turística, que, sin embargo, contribuyen asimismo a su degradación.
Las cuevas afrontan un doble problema: la masificación turística, y sobre todo, más grave, la construcción de edificaciones en el litoral
Atrasados respecto a otras comunidades
En caso de tener la intención de edificar en la superficie se suelen elaborar primero unos estudios geotécnicos. Pero la conservación real requiere de un estudio exhaustivo. Mucho más, por ejemplo, del que se daría de hallarse restos arqueológicos. Entonces se paralizan directamente las obras. En ese sentido, señala Gràcia, Balears está “atrasada” respecto a otras comunidades autónomas.
Una de ellas es el País Vasco, donde el artículo 30 de la Ley 9/2021, de 25 de noviembre, de conservación del patrimonio natural de Euskadi, protege el “Karst y las Cavidades”: “Con carácter general, deberán preservarse en condiciones naturales todas las cuevas, simas y demás conductos subterráneos sitos en los suelos calizos del territorio de la Comunidad Autónoma del País Vasco”.
También en la Comunitat Valenciana existe, desde hace décadas, una protección jurídica específica de las cuevas –el artículo 16 de la Ley 11/1994 de Espacios Naturales Protegidos de la Comunitat Valenciana–, y no solo la protección derivada de que una cavidad esté dentro de un espacio natural.
Además, en 2006 la Generalitat aprobó el Decreto 65/2006, y establece dos niveles de protección: uno general, para todas las grutas de la comunidad (se prohíbe en general alterar sus características o introducir materiales que las dañen) y otro especial (que incumbe a las incluidas en un Catálogo que se aprobó también con el Decreto).
En Balears, es esta desprotección la que provoca que haya puntos de las islas –especialmente en Mallorca– donde haya construcciones erigidas sobre cuevas submarinas: la urbanización de Vallgornera, donde existe una problemática vecinal considerable; la cueva Genovesa –en el municipio de Manacor–, donde las edificaciones de la superficie terrestre generan graves contaminaciones, o la cueva del Dolç -en la Colonia de Sant Jordi-, muy cerca de ses Salines, afectada por la depuradora que a veces no da “a basto”. Un problema que se extiende al ámbito marino.
Por otro lado, hay una diferenciación entre las cuevas turísticas -habilitadas y acondicionadas para visitas- y aquellas salvajes que son las que sufren este tipo de afectaciones. Tanto en la saturación por parte de personas que quieren explorar naturalmente las islas (sobre todo a partir de su popularización en redes sociales) como por los problemas urbanísticos que sufren. “Estas últimas agresiones -las urbanísticas- son por supuesto las más duras”, lamenta Gràcia.