En primera persona
Relatos desde las barricadas estudiantiles en Francia: “La violencia policial me da fuerzas para seguir luchando”
Una ola de protestas y bloqueos estudiantiles recorre Francia desde hace semanas. La revuelta de los alumnos de secundaria empezó el 17 de septiembre en un instituto de las afueras de París y se extendió como la pólvora a todo el país para reclamar mayores recursos para la educación y denunciar el deterioro de los centros escolares y la falta de profesores, especialmente en los barrios más desfavorecidos. El movimiento estudiantil en los liceos se ha coordinado con los universitarios y esta semana consiguió, de la mano con los sindicatos, sacar a decenas de miles de personas a las calles del país. Todo ello, mientras el Gobierno apuesta por un controvertido plan para los presupuestos de 2027.
La represión policial, con cargas y lanzamiento de gases lacrimógenos, ha causado conmoción en el país, sobre todo a raíz de casos de adolescentes gravemente heridos tras intervenciones policiales (uno perdió una mano, otro la visión de un ojo y un tercero sufrió graves heridas en la boca y la mandíbula). El Gobierno ha rechazado las críticas y se ha referido a estos episodios como “accidentes”, pero se ha visto forzado a suspender el uso de granadas ensordecedoras. Casi 200 estudiantes han resultado heridos durante las barricadas y piquetes montados –también cientos de policías y gendarmes–. Casi 6.900 personas han sido arrestadas desde el inicio de las protestas estudiantiles, el 86% de ellos menores, según el Ministerio de Justicia.
elDiario.es ha hablado con cuatro universitarios que están participando en los bloqueos y las movilizaciones. Los cuatro, que usan un nombre ficticio porque prefieren mantener el anonimato, son estudiantes de Ciencias Políticas –grado y máster– en Sciences Po Saint-Germain-en-Laye, a pocos kilómetros de París. Cuentan qué les ha impulsado a participar, cómo se organizan y su visión de la actuación policial y el futuro de las protestas. Estos son sus testimonios:
Pierre, 21 años
Me involucré en las protestas para apoyar el movimiento estudiantil que comenzó en Val-de-Marne debido a la falta de recursos y a las condiciones de trabajo catastróficas (falta de sillas, mesas, profesores, directores...). Pero, en realidad, era consciente del problema del estado de la educación –desde infantil a la universidad– desde hacía mucho más tiempo. Mis propias experiencias me lo han demostrado: durante mi último curso de bachillerato, se derrumbó el techo de uno de nuestros edificios –por suerte, ocurrió en un momento en el que no había alumnos en clase–. Lo mismo ocurrió el año pasado en la escuela infantil de mi madre, que es maestra.
También he asistido a varios centros de distintos entornos sociales a lo largo de mi vida. El instituto era el más humilde, y allí pude darme cuenta de que nuestras condiciones eran más duras que en otros centros más acomodados a los que asistí posteriormente. Profesores desbordados con demasiada frecuencia en aulas demasiado pequeñas para el número de alumnos. Faltaba material básico y las clases de música de tercero (equivalente a tercero de ESO) se cancelaron sin más durante todo el curso porque no había profesora.
Lucho para que los jóvenes desfavorecidos puedan tener las mismas oportunidades que los demás y disfruten de condiciones, si no mejores, al menos iguales a las de todos los demás
Las protestas engloban un gran número de reivindicaciones sobre el lamentable estado en que se encuentra la educación nacional. Se trata casi de un malestar generalizado por las condiciones, lo que, por otra parte, ha permitido que el movimiento haya cobrado tanta magnitud, con una gran variedad de sectores sociales manifestándose codo con codo. Las condiciones económicas de los estudiantes también se están deteriorando y amenazan con empeorar aún más con la supresión de las escasas ayudas estatales de las que disponemos (por ejemplo, la amenaza de congelación de las ayudas al alquiler).
Sé que la meritocracia escolar no existe. Lucho para que los jóvenes desfavorecidos puedan tener las mismas oportunidades que los demás y disfruten de condiciones, si no mejores, al menos iguales a las de todos los demás. También me mueve la denuncia de la represión policial que se ha producido desde el inicio del movimiento. Sé hasta qué punto la policía es racista de forma sistémica en Francia. Lo he visto con mis propios ojos en numerosas ocasiones y de nuevo ahora.
Yo ya me había movilizado antes, desde el instituto, sobre todo en manifestaciones. Pero nunca en un bloqueo a esta escala. En nuestro movimiento no hay ningún líder, ni a nivel nacional ni en Sciences Po Saint-Germain-en-Laye, donde estudiamos. Creamos grupos (WhatsApp, Instagram, Telegram) con quienes querían movilizarse. Después enviamos encuestas para acordar las horas de llegada. Algunos, entre los que me incluyo, nos encargamos de la organización práctica del bloqueo, es decir, localizar los contenedores de basura, las vallas metálicas… Un día de esta semana, una quincena de personas nos levantamos temprano para bloquear el campus a partir de las 7:00, antes de que llegaran los alumnos y los profesores.
Cada uno puede tomar la palabra por turnos para debatir sobre nuestra movilización y hemos podido ir a hablar con la dirección con delegaciones que elegimos. La represión ha sido mucho menos violenta en nuestro centro gracias a los acuerdos de nuestro director con la policía (no intervenir contra nosotros si no cometíamos delitos directos), pero también porque casi todos somos blancos y eso hace que la violencia policial sea mucho menor. El lunes, fui con unos 15 compañeros a ayudar a los alumnos de secundaria a bloquear sus institutos. Llevábamos máscaras y suero fisiológico para los gases y ayudábamos a los estudiantes a anticiparse a los movimientos de la policía, así como a grabar en caso de detención y prevenir la violencia.
No me sorprende la violencia policial, pero sigue impactándome mucho y provocándome una ira inmensa
Por desgracia, eso no impidió que nos lanzaran gases a más de 400 metros del instituto, tras repetidas cargas policiales por toda la ciudad, ni que fuéramos testigos de la violenta detención de un menor (de unos 15 o 16 años). Dos agentes de la Brigada Anticriminalidad (de paisano), uno de ellos enmascarado —a pesar de que es ilegal—, le inmovilizaron la cabeza contra el suelo. Pude oír el ruido a unos diez metros; grabamos el final de la escena, así como la carga y el lanzamiento de gases por parte de los demás policías para alejarnos de la detención. Por no hablar de los numerosos golpes de porra propinados injustamente a los estudiantes de instituto en calles llenas de gas.
No me sorprende la violencia policial, pero sigue impactándome mucho y provocándome una ira inmensa. Eso me da fuerzas para seguir luchando para que esta injusticia deje de existir. No se conforman con la violencia física, sino que no dejan de provocarnos verbalmente, esperando una respuesta por nuestra parte para pasar a la violencia física. Y cada mañana, al levantarme para ir a la barricada con comida y agua en la mochila, y el número de una abogada escrito con rotulador en el brazo, voy tenso, sabiendo que con ellos puede pasar cualquier cosa.
La movilización nacional de esta semana tuvo un carácter bastante festivo, con muchísima gente: jóvenes, pero también padres de alumnos, profesores y algunos auxiliares. Por la mañana participé en una marcha en París. Muchos coches y todos los autobuses nos tocaban el claxon para apoyarnos. Había música, cánticos y consignas todo el tiempo, y bastante gente asomada a las ventanas para aplaudir o dar botellas de agua a los manifestantes. La movilización fue un gran éxito. La presencia policial fue enorme: nunca había visto tantos agentes. Empezaron a lanzar gases lacrimógenos muy pronto y a cargar contra la gente. Algunos amigos describieron escenas casi de guerra civil en la plaza de la República, con policías agrediendo a gente sentada pacíficamente. Vi pasar al alcalde de Saint-Denis corriendo para llegar hasta allí e intentar interponerse entre las fuerzas del orden y los manifestantes. Le lanzaron gas lacrimógeno y la imagen dio la vuelta al mundo.
Queremos continuar con la movilización hasta que nuestras reivindicaciones sean realmente escuchadas, pero sobre todo hasta el 17 de octubre, cuando otros colectivos profesionales podrían unirse a nosotros. Para ello, habrá que seguir bloqueando tanto físicamente como virtualmente (poniendo música a todo volumen en las clases por videoconferencia que contribuyen a romper la huelga), pero también ayudando a los alumnos de secundaria y manifestándonos.
Ninon, 22 años
Me he sumado a los alumnos de los institutos porque es la continuación de la indignación estudiantil y, en un sentido más amplio, de las clases populares. Que el Gobierno congele las ayudas para el alquiler y suprima puestos de trabajo mientras el Estado concede ventajas fiscales a los multimillonarios es una locura. Los vídeos de violencia policial, en particular, me han llevado a apoyar aún más los bloqueos.
Ya he participado en muchas movilizaciones, sobre todo por Palestina, el clima y las pensiones, pero este movimiento está alcanzando una magnitud sin precedentes desde los 'chalecos amarillos'
Llevo varios años movilizándome, pero, en el fondo, fue mi madre quien me inició en esto. Ya he participado en muchas movilizaciones, sobre todo por Palestina, el clima y las pensiones, pero este movimiento está alcanzando una magnitud sin precedentes desde los 'chalecos amarillos'.
La represión también es extremadamente violenta. Durante una manifestación, en la plaza de la Nación, nos lanzaron gases lacrimógenos y una granada de dispersión; también vimos desde lejos golpes con porras claramente injustificados. La movilización había transcurrido muy bien hasta entonces.
Louise, 21 años
Me he sumado a este movimiento porque estoy a favor de una revolución antisistema. Como anarquista, critico la base estatal y el poder en general en nuestras sociedades. La revuelta de los estudiantes de secundaria plantea reivindicaciones justas y necesarias; y la represión policial (que ya conocemos demasiado bien desde hace años en las diversas revueltas populares) es inaceptable. La brutalidad contra niños, la pérdida de un ojo, la amputación de una mano o incluso el estrangulamiento resultan indignantes en una sociedad que defiende los valores de los derechos humanos y la “libertad”. Fue, sobre todo, la violencia sistémica de la policía lo que me llevó a unirme al movimiento. Los vídeos que circulan me entristecen, pero, sobre todo, me llenan de una rabia que me parece legítima y necesaria.
Estamos hablando de niños que, a menudo por primera vez, se enfrentan a la policía en una manifestación y son rociados con gas lacrimógeno y golpeados con porras
Ya he participado en varias luchas, pero lo que diferencia a esta es la enorme e injustificada represión estatal. Estamos hablando de niños que, a menudo por primera vez, se enfrentan a la policía en una manifestación y son rociados con gas lacrimógeno y golpeados con porras. El retroceso de nuestra sociedad, que venimos observando desde hace unos diez años, ha alcanzado un nivel nunca antes visto.
En Sciences Po Saint-Germain-en-Laye intentamos organizarnos en grupos de debate antes de llevar a cabo nuestros bloqueos con barricadas y pancartas. Nuestra primera movilización comenzó con un primer intento de represión policial que nos obligó a retirar las barricadas. La segunda fue mucho más pacífica.
La manifestación nacional del 6 de octubre fue violenta en París. Me encontraba al principio de la marcha. Lo primero que me sobresaltó fueron los ruidos de las granadas. Además, como la mayoría de los manifestantes son alumnos de instituto, a menudo es su primera manifestación. Así que, cuando sonaban las granadas o la policía cargaba, su primera reacción era echar a correr, lo que provocaba movimientos de multitudes. Eso fue sobre todo lo que me asustó. Pero ahora que los estudiantes de secundaria empiezan a convertirse en revolucionarios curtidos que se informan sobre la lucha y los medios para luchar, empiezo a ser cada vez más optimista sobre el futuro de nuestras reivindicaciones.
Thomas, 20 años
Tengo razones ideológicas y materiales para solidarizarme con los jóvenes. Si todas las universidades e institutos del país, o su mayoría, se movilizan, la policía deberá dividirse y será menos capaz de reprimir. También creo en cada movimiento social de masas. Cada uno de ellos puede hacer surgir una politización y organización más grande dentro de la juventud, que ya no está tan organizada como antes.
Estoy acostumbrado a organizar manifestaciones y bloqueos. Ya lo hice en la universidad hace tres años en respuesta al genocidio contra los palestinos. Este bloqueo fue un momento decisivo en mi militancia, pero también fue un fracaso. Se levantó cuando la administración de la universidad decidió llamar a la policía. Esta vez, la gente está más decidida y no tiene miedo a la policía, a pesar de las imágenes horribles de la represión de los más jóvenes, y también la administración está más dispuesta a negociar. Pero nosotros, al ser de una universidad considerada de “élite” en una ciudad burguesa y blanca, no hemos vivido la represión policial que hemos visto en los vídeos.
Una alianza entre los trabajadores y los jóvenes en un movimiento de masas sería un buen instrumento de presión. Macron se debe ir
Mi reivindicación es simple: el régimen de Macron tiene que terminar. Él representa lo peor de la Quinta República y del neoliberalismo en Francia. Queremos que pare la represión, que haya dinero para los institutos de las zonas pobres, los servicios públicos, los sueldos, las pensiones y la sanidad.
En cuanto a cómo funcionamos, tenemos un sindicato, que es un buen instrumento, pero quisimos crear una forma de organización ad hoc para no fagocitar el movimiento, sino ayudar y aprender de él. Nos hemos organizado en un grupo de WhatsApp y hemos hablado con nuestros amigos y compañeros.
La manifestación del pasado martes me decepcionó: no se sentía la misma rabia que en otras, como las protestas contra la reforma de las pensiones, por ejemplo. No hubo contenedores incendiados, por ejemplo, fue más pacífica, y no tuvo el resultado esperado.
Por ahora, continuaremos bloqueando lo máximo que podamos. Esperamos que los sindicatos se unan. Tengo mucha fe en la manifestación del 17 de octubre, porque debería juntar a muchos sectores, incluyendo a una parte de los agricultores. Una alianza entre los trabajadores y los jóvenes en un movimiento de masas sería un buen instrumento de presión. Macron se debe ir.