“Los niños no son meros testigos, son víctimas”: APIR centra el rechazo a la violencia machista en la protección a los menores

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La plaza del Ayuntamiento ha acogido esta mañana la concentración mensual contra la violencia de género, en la que han participado miembros de la Corporación Municipal y representantes de otras instituciones y colectivos. La concejala de Igualdad del Ayuntamiento, Celia Sanz, ha presidido el acto organizado para visibilizar la unidad de la sociedad riojana frente a la violencia machista y, tras su intervención, la Asociación Pro-Infancia Riojana (APIR) ha leído un manifiesto expresando su “rechazo firme y rotundo a la violencia de género que consideran una realidad que atraviesa nuestra sociedad y, como tal, necesita una respuesta colectiva”.  

Según han destacado las jóvenes representantes de APIR, “la violencia de género no es un problema privado. No pertenece únicamente a las paredes de un hogar ni puede quedar reducida a lo que ocurre dentro de una relación de pareja. Es una realidad que nos interpela como comunidad y frente a la violencia debe existir una red pública y social capaz de proteger, acompañar y ofrecer respuestas y soluciones”. 

Han detallado que, “hablar de violencia de género también es hablar de la responsabilidad de las familias, de los centros educativos, de las instituciones, de los servicios públicos, de las entidades sociales y de la sociedad en su conjunto” y han enumerado “a quienes viven la violencia dentro de sus hogares, quienes escuchan una discusión desde otra habitación, quienes perciben el miedo de su madre, quienes crecen en un entorno que debería ser seguro y, sin embargo, se convierte en un lugar marcado por el miedo, el control y la violencia”.

En su opinión, “estos niños y niñas no son meros testigos. Son víctimas. La violencia de género afecta a su seguridad física y mental, a su bienestar, y a su desarrollo y relación con otros”. “Ello nos obliga, como sociedad”, han dicho, “a asumir una responsabilidad que no admite indiferencia: protegerles, garantizar sus derechos y ofrecerles alternativas reales para crecer en entornos seguros”.

“Una de las expresiones más crueles de la violencia de género es la violencia vicaria: aquella en la que los hijos e hijas son utilizados para causar el mayor daño posible a sus madres”, han asegurado.

En la lectura del manifiesto se ha explicado que “la combinación de mujeres víctimas de violencia de género y menores de edad es un cruce de muy alta vulnerabilidad. Para una mujer y sus hijos e hijas que viven en un entorno de violencia, el miedo no siempre se limita a lo que ocurre dentro de su hogar”. Así, han apuntado que “puede existir también el miedo a no tener dónde ir, a no poder garantizar un lugar seguro para sus hijos e hijas, a perder su vivienda o a no contar con los recursos económicos necesarios para empezar de nuevo, perder la red social de su entorno cercano, el colegio de sus hijos, o su estabilidad cotidiana son solo algunos ejemplos. La crisis habitacional aumenta la vulnerabilidad de estas familias y es un elemento diferencial para romper o perpetuar situaciones de violencia”.

A su juicio, “poder salir de la violencia no basta con decirle a una mujer que se marche. Necesita saber que tendrá un lugar seguro donde vivir y una red que los acompañe”.

La importancia de la prevención y educación

“Hablar de infancia y juventud también significa hablar de prevención”, han expresado, para concluir afirmando que “tenemos que educar a nuestras niñas para que sepan que nunca deben renunciar a su libertad para ser queridas, a nuestros niños y adolescentes para que comprendan que querer a alguien nunca significa poseerlo, controlarlo ni imponerse sobre él”.

Desde APIR creen que “debemos prestar especial atención a las nuevas formas en las que el control y la violencia pueden aparecer entre adolescentes y jóvenes. Los teléfonos móviles y las redes sociales forman parte de su manera de relacionarse, pero también son espacios donde aparecen conductas de control, vigilancia, acoso o presión”.

Por eso, “es fundamental ofrecer a nuestros adolescentes herramientas para identificar estas situaciones, pedir ayuda y construir relaciones basadas en el respeto, la confianza y la libertad”, han expresado. En definitiva, han reafirmado su compromiso de seguir trabajando para que “nuestra infancia y adolescencia puedan crecer sintiéndose seguros, respetados y libres” y reivindicado “una sociedad que acompañe, proteja y actúe”.