El verano triásico se instala en La Rioja
Cada verano parece empezar antes y terminar más tarde. Las altas temperaturas y las olas de calor se encadenan sin descanso y los suelos se desecan y agrietan en multitud de zonas del paisaje riojano. Los embalses retroceden y a pesar de la ciclicidad anual de nuestros reservorios, las muchas solicitaciones que soportan hacen que cada hectómetro cúbico sea como un tesoro para agricultores, ciudadanos, empresas hidroeléctricas y por supuesto, para nuestro ecosistema fluvial en toda su extensión.
La ausencia de nieve en la sierra y la irregularidad de las lluvias han marcado los últimos años y han puesto a prueba la capacidad de respuesta y de adaptación del territorio.
La Rioja vive un tránsito palpable hacia un clima más cálido y más árido. La metáfora del verano triásico cobra sentido cuando se observa cómo la región encadena periodos secos cada vez más prolongados como ocurrió en aquella lejana época de la historia de nuestro planeta.
En 2023 la cuenca del Iregua llegó a estar en situación de emergencia por falta de precipitaciones y los embalses riojanos perdieron en un año un volumen equivalente a casi todo el González Lacasa, que almacena treinta y un hectómetros cúbicos según los datos de la Confederación Hidrográfica del Ebro.
La situación mejoró de forma temporal con las lluvias del otoño de 2023 que permitieron que el embalse de Mansilla duplicara sus reservas en apenas tres semanas y pasara del cuarenta al ochenta y cuatro por ciento de su capacidad.
A comienzos de 2024 los grandes embalses riojanos alcanzaron una media del sesenta y siete por ciento de ocupación aunque la situación fue muy desigual en los pantanos pequeños. El de Castroviejo en el río Yalde se situó en torno al veintisiete por ciento de su capacidad y su nivel generó preocupación porque abastece de agua potable a unos cuantos municipios del valle del Najerilla. La irregularidad hídrica se ha convertido en un rasgo estructural del clima riojano y no en una anomalía puntual.
Este escenario exige una lectura técnica del territorio y aquí la figura del geólogo adquiere un papel esencial porque la geología profesional explica cómo se comporta el agua en los acuíferos del Iregua o del Oja por ejemplo, cómo evolucionan los suelos agrícolas del valle del Ebro sometidos a estrés hídrico y cómo responden las laderas de las sierras de la Demanda y de los Cameros ante episodios de lluvias torrenciales.
La geología permite comprender por qué algunas zonas de la región son más vulnerables a la erosión y por qué ciertos valles presentan mayor riesgo de deslizamientos cuando se encadenan sequías y tormentas intensas. El ejemplo más claro y preocupante fue el gran deslizamiento de Arnedillo del año pasado aunque cada año también los hay por ejemplo en la carretera LR-113 en las Siete Villas.
El conocimiento geológico es hoy una herramienta de adaptación climática. Las decisiones deben tomarse con información precisa sobre la disponibilidad real de agua (superficial y subterránea), la capacidad de recarga de los acuíferos y la estabilidad de los terrenos en cualquier escenario climático donde se proyectan infraestructuras o desarrollos urbanos.
La Rioja ya ha activado planes de emergencia para periodos prolongados de sequía severa en sistemas como el del Bajo Iregua que abastece a más de treinta y cinco mil habitantes y que requiere coordinación entre municipios y el Consorcio de Aguas y Residuos para garantizar el suministro en periodos críticos.
La geología aporta realismo a la planificación porque recuerda que el territorio tiene memoria histórica y límites cada vez más marcados. La adaptación climática no depende solo de tecnología sino de comprender cómo ha funcionado la tierra durante millones de años y cómo responde cuando se altera el equilibrio entre agua, suelo y clima.
La Rioja afronta un futuro más cálido y más seco y las ciencias de la tierra serán decisivas para evitar errores en el desarrollo de planes, programas y proyectos que comprometan la seguridad y la calidad de vida de los riojanos y riojanas en las próximas décadas.
Citas y fuentes consultadas.
- Confederación Hidrográfica del Ebro. Datos de embalses y situación hidrológica en La Rioja.
- Gobierno de La Rioja. Informes de sequía y abastecimiento en sistemas del Iregua y Najerilla.
- AEMET. Balance climático anual y tendencias de temperatura y precipitación en La Rioja.
- Diario La Rioja y Rioja2. Información sobre niveles de Mansilla, González Lacasa y Yalde en 2023 y 2024.
- Ministerio para la Transición Ecológica. Evaluación del riesgo de desertificación en el valle del Ebro.