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Los acampados de Sol ironizan tras la acusación de terrorismo de Ayuso: “Esta mañana estábamos jugando al Pokémon Go”

Nicolás Ribas

Puerta del Sol —
11 de octubre de 2026 21:10 h

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Cuando se cumplieron dos semanas desde la manifestación por la vivienda que desembocó en la acampada de Sol, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sacó uno de sus comodines favoritos contra la oposición: el terrorismo. “A la Delegación de Gobierno solo le quiero dejar un recado. Quiero saber si es cierto que hay un grupo que ha tenido antecedentes terroristas, propalestinos, gestionando esa acampada, porque sobre sus hombros va a recaer todo lo que suceda”, afirmó este sábado Ayuso. Después de quince días de protestas y unas 1.800 tiendas de campaña colocadas, lo que sorprende es el alto grado de organización, convivencia, respeto y apoyo mutuo que hay entre los acampados, sin que consten acciones que se puedan clasificar como violentas.

“Propalestinos sí, todos de acuerdo: somos propalestinos”, afirma Ana, de 21 años, que lleva desde los primeros días en la Puerta de Sol. “Ahora, terroristas… Terrorismo es lo que hace la gente de Núcleo Nacional, que ahí sigue campando por las calles”, afirma, en referencia a un grupo neonazi que el sábado de la semana pasada intentó sabotear la acampada. No fue posible por el despliegue policial que hubo, con cientos de miembros de la Policía Nacional que controlaban los accesos a las plazas.

“Yo personalmente creo que buscan que a algún grupo se le cruce la idea y diga: ‘Vale, nos organizamos todos y desalojamos esto’. Porque la policía no nos está desalojando”, opina Ana. De hecho, el Tribunal Superior de Madrid rechazó la petición de Ayuso de desalojar la acampada. “Los agentes pasan por aquí, nos ven gestionando lo que ocurre dentro y fuera de la acampada… Lo que intentamos es que no haya ningún tipo de altercado”, asegura.

Yosi y Salomé, de 24 y 19 años, están en Madrid este fin de semana por una excursión a través de la Universidad de Cuenca. Cuando vieron el ambiente de la plaza, decidieron acampar hasta volver. Sobre las palabras de Ayuso, explica Yosi que “hace bastante gracia” el calificativo de terroristas. “Me siento más a salvo que en mi casa casi, me siento muy protegida, muy acompañada y muy escuchada”, afirma.

Salomé recuerda otra de las valoraciones que hizo Ayuso ese sábado en el primer acto de campaña, junto a otros líderes como José Luis Martínez-Almeida o Alberto Núñez Feijóo, además de los expresidentes Aznar y Rajoy. “Hoy [este sábado] he cogido el móvil, y me he despertado con un vídeo de Ayuso diciendo que nos daba los buenos días porque ya eran las doce. Eran las nueve de la mañana, y a esa hora ya había compañeros barriendo y limpiando las calles. ¿Qué está haciendo ella a esa hora?”, se pregunta.

“La imagen no se corresponde con la realidad”

“Ayuso y Almeida intentan dar una imagen de la acampada que no se corresponde con la realidad”, zanja Ana. “Cuando la gente se acerca y se para a hablar con alguno de nosotros, se da cuenta de que estamos aquí debatiendo y organizando tertulias. Estamos abiertos a conversar y a explicar lo que hacemos”, añade. La joven lamenta que se trate de proyectar “una imagen de gente violenta, sucia, que no se asea, que es reaccionaria y que quiere violencia, cuando la realidad no tiene nada que ver con eso”.

Otros acampados prefieren no dar demasiada importancia a las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid. “Nosotros, obviamente, no vamos a entrar en eso. Isabel Díaz Ayuso nos provoca continuamente”, dice, contundente, David, de 27 años, miembro del Sindicato de Vivienda de Tetuán, de Moratalaz y de Carabanchel.

“Sabemos que es un juego donde hagamos lo que hagamos siempre va a encontrar alguna cosa que decir”, opina. A su juicio, lo importante es fijar el marco de la conversación en el debate público. “Al final estamos aquí para establecer una lucha por una vivienda digna y por eso no vamos a entrar en el juego de Isabel Díaz Ayuso”, concluye.

Para ellos, lo importante es seguir organizados en los barrios, y a través de las asambleas. “Atendemos los problemas de vivienda de nuestros respectivos barrios y buscamos soluciones colectivas”. “También intentamos dar difusión a nuestras reivindicaciones, darles voz y colaborar en todo lo que podamos”, explica.

Carabanchel y Tetuán, tradicionalmente barrios de clase trabajadora, están sufriendo los mismos procesos de gentrificación urbanística que el resto de la ciudad, expulsando a los vecinos de sus casas y barrios. “El fallecimiento de Maricarmen fue doloroso, un momento triste”, dice David. Explica que es triste que la movilización social se haya desbordado tras un caso tan doloroso, aunque ahora se pueda extraer la lectura positiva de haber salido a las calles. “Decimos mucho lo de que ‘Maricarmen somos todas’, pero es que es verdad. Hay muchos desahucios, se está expulsando a mucha gente de sus barrios”, lamenta.

Por ejemplo, a David, un chico que fue desahuciado el mismo día que Maricarmen. “Otras compañeras se han quitado la vida tras haber sido expulsadas de sus casas. Vamos a seguir poniendo el cuerpo para que esto ocurra lo mínimo posible, la lucha continúa”, prosigue. La huelga general del 11 de noviembre, para él, solo es una acción más que debe ir enmarcada en acciones del día a día.

“La huelga general es insuficiente. Tenemos que buscar una lucha continuada hasta que el problema de la vivienda se solucione”, valora David. En su opinión, es positivo que se convoque pero la organización en la que milita “va mucho más allá de esta huelga”.

“Esta misma mañana estábamos jugando al Pokémon Go con el grupo de estudiantes que tenemos aquí. Es más, hemos dicho que alguien nos hiciera una foto para que se viera qué terrorismo estamos practicando durante un fin de semana”, responde Jesús, de 27 años, con ironía. En su opinión, Ayuso busca “escandalizar” porque “nosotros no estamos escandalizando a nadie”. “Estamos protagonizando una protesta muy pacífica y multitudinaria”, defiende. “La gente nos está apoyando y se están organizando acampadas en muchos otros lugares de España”, argumenta.

Jesús considera que la acampada de Sol, así como las acciones alrededor del Sindicato de Inquilinas y otras organizaciones, puede estar “incomodando” a los grupos políticos. “Estamos haciendo algo que les ha molestado y han tenido que espabilar”, asegura. “Al final, quienes más sufrimos las consecuencias somos nosotros. Y no solo nosotros, sino toda esta generación. Nuestros padres y abuelos han luchado por nosotros, pero ahora nos toca tomar las riendas. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?”, se pregunta.

“Tenemos que dar ejemplo”

Por ello, los activistas consultados sienten que tienen que ser especialmente cuidadosos, para no dañar la imagen después del movimiento que se ha generado en torno al 26S. “Este es mi sexto día. La organización me parece muy efectiva. Todo está surgiendo de una forma muy orgánica, muy natural, y está al alcance de todo el mundo. Hay muchísimo compañerismo y, a través del diálogo, estamos llegando a consensos. La verdad es que incluso se puede disfrutar de la experiencia”, explica Jesús.

Así, recuerda que lo primero que tienen claro es que “tenemos que dar ejemplo, pero de una forma totalmente exagerada, porque cualquier mínimo detalle puede malinterpretarse”. “Lo hemos visto, por ejemplo, con lo del cuchillo y el adoquín”, ejemplifica, que el Ayuntamiento presidido por Almeida mandó a Delegación del Gobierno para probar la “amenaza”. “Por eso estamos muy pendientes de todo: limpiamos constantemente, ponemos buena cara (...) y si alguien te dice algo, le das las gracias y le deseas un buen día”, responde.

Yosi, que no había visto en primera persona la organización de la acampada hasta este fin de semana, describe la experiencia como “maravillosa”. “Es una locura todo lo que se ha montado y lo grande que es ahora. Cuando llegamos, nos sorprendió lo grande y lo extendida que está la acampada en tan poco tiempo”, admite. “Todo el mundo es muy amable”, coincide Salomé, que es su amiga. Comenta que ella es vegana, por lo que sus compañeros lo tienen en cuenta en el momento de hacer compra y traerle comida.

Ambas han sufrido la crisis de vivienda en Oviedo y Cuenca. Yosi cuenta que cuando estuvo buscando piso visitó una docena, pero al final optó por alquilar el piso de la hermana de un amigo suyo debido a las condiciones abusivas que le pedían: tres nóminas, un aval, y al menos dos años en un trabajo fijo. En el caso de Salomé, está en búsqueda de piso en Cuenca. “La verdad es que se nota cómo está llegando aquí”, explica sobre la especulación inmobiliaria. Allí, el precio de las habitaciones ya está en torno a los 300 o 400 euros. “Me parece grave que todo esté subiendo tanto en una ciudad diminuta como Cuenca”, asegura.

“Están enfrentando a propietarios con inquilinos. Atacan a las empresas, al estilo comunista”, decía este sábado Ayuso. Sobre estas críticas, Ana distingue entre los pequeños propietarios y quienes se dedican a acumular propiedades inmobiliarias. “El problema es gente que acapara casas, acaparar 15 casas, 19 viviendas. Es que no eres pequeño propietario. Estás casi montando una franquicia”, sostiene. Y lamenta que esta especulación urbanística ya se ha desplazado a casi todos los barrios de Madrid, incluido el suyo, Carabanchel.

Frente a ello, destaca la organización de la acampada, que ha ido creciendo desde un pequeño grupo hasta convertirse en “una pequeña ciudad, con planos, calles y personas encargadas de gestionar los espacios”. “Hay gente de urbanismo aquí gestionando también el tema de tiendas libres, dónde ponerlas, [controlar] las calles que hay”, explica. También subraya el papel de los equipos de mediación, que intervienen cuando se producen insultos o aumenta la tensión para evitar pequeños altercados con grupos de gente que les increpa, sobre todo por las noches. “No queremos violencia y lo repetimos todo el rato”, insiste.

“Estar aquí me ha dado una razón para luchar”

Pablo, de 19 años, explica que la organización de la acampada se articula por calles y barrios, con grupos de WhatsApp para coordinar las tareas cotidianas. En su calle, Palos en la Frontera, gestionan la instalación de lonas, el material y la ocupación de las tiendas para ofrecer un sitio donde dormir a quienes llegan nuevos. A otra escala, coordinan turnos en las entradas y salidas y a los equipos de mediación, que intervienen para evitar conflictos. “Necesitábamos estar organizados, casi como un barrio”, resume.

Los accesos concentran buena parte de las dificultades, tanto por el tránsito de turistas como por las personas que se acercan a increpar a los acampados o que, en ocasiones, están bajo los efectos del alcohol. Algunos vienen porque están en contra del movimiento, cuenta Pablo, aunque considera que la organización colectiva dificulta que los incidentes vayan a más. “Es muy difícil que la líen con la cantidad de gente y lo bien organizados que estamos para cuidarnos dentro y fuera de la acampada”, afirma.

Más allá de la logística, la experiencia ha cambiado su manera de entender la movilización social. Pablo reconoce que ha sido en Sol donde se ha politizado, al comprobar de primera mano la unión de quienes comparten problemas e inquietudes. Antes pensaba que sería difícil organizarse para conseguir cambios reales, pero ahora su perspectiva ha cambiado. “Estoy viendo físicamente lo que es la clase obrera unida”. La acampada, asegura, le ha permitido interiorizar que forma parte de esa clase y que debe luchar por sus derechos y los de los demás, especialmente por el acceso a la vivienda.

A sus 19 años, también ha encontrado en la protesta algo que iba más allá de sus reivindicaciones inmediatas: un propósito en un momento de incertidumbre sobre el futuro. “Creo que a muchos jóvenes de nuestra época nos pasa que estamos muy perdidos”, explica. Elegir qué hacer con su vida le parecía una pregunta imposible de responder, pero participar en la acampada le ha dado una nueva perspectiva. “Estar aquí es como que me ha dado un objetivo común y una razón para seguir luchando y seguir adelante, no solo con la lucha de la clase obrera, sino en la lucha de mi propia vida”, concluye.