Tres conversaciones con Maricarmen: “No pueden echarnos a la calle, nos tenemos que juntar”
Maricarmen del Carmen Abascal Martín, Maricarmen, ha fallecido este miércoles en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde permanecía ingresada desde el 23 de septiembre, cuando fue desahuciada de su casa. Su caso se convirtió en un símbolo de la lucha por el derecho a la vivienda porque ejemplificaba muchos de los actuales problemas que sacuden el mercado inmobiliario nacional.
Su batalla con Urbagestión se alargó durante siete años, con varias amenazas de desahucio hasta que fue expulsada de su casa en septiembre de este año. A lo largo de todo el proceso judicial, Maricarmen expresó a través de los medios en muchas ocasiones su intención de no tirar la toalla: “No me voy a ir, eso lo tengo claro”. Al final logró torcer el brazo a la empresa que la desahució, pero no ha podido volver a su casa.
“Voy a luchar hasta donde pueda”
“No pueden echarnos a la calle a la gente que hemos construido nuestra vida en un lugar”, aseguraba en abril de 2025 en un diálogo organizado por elDiario.es con varios afectados por los problemas de vivienda: una joven que no podía independizarse, un trabajador de mediana edad que había tenido que volver a casa de sus padres y Maricarmen, que ya entonces vivía bajo amenaza de desahucio.
“Si me van a cortar el cuello, será luchando”
Unos días antes de la primera amenaza de desahucio, en octubre de 2025, en una entrevista a elDiario.es, Maricarmen advirtió: “Si me van a cortar el cuello, será luchando, no sentada en una butaca o marchándome por la noche con una maleta. No aguanto más los acosos”.
“Que el Gobierno compre mi casa y la ponga en alquiler social”
Unos meses más tarde, en junio de 2026, la vecina del barrio de Retiro afrontó un nuevo intento de desalojo de su piso de toda la vida: “Esta lucha me ha costado la salud, no puedo ni mantenerme en pie”, aseguró en una entrevista con elDiario.es. Los anteriores intentos de desahucio fueron cancelados por la justicia ante la presión social. Maricarmen y el Sindicato de Inquilinas esperaban entonces que volviera a pasar lo mismo. En caso contrario, su plan era frenarlo plantándose dentro del piso y en la puerta: “Espero que haya mucha gente”, dijo Maricarmen, consciente de que su caso indigna a mucha gente. Aquella vez tampoco lograron desalojarla.