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La vorágine inmobiliaria deja otra víctima con Pérgamo y amenaza al 80% de librerías de Madrid: “Los números no dan”

Guillermo Hormigo

Madrid —
14 de octubre de 2026 22:33 h

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“La presión inmobiliaria es tal que es imposible construir proyectos empresariales o culturales. Los alquileres no paran de subir y los números no dan”. Aunque no pierde la ilusión ni la esperanza y aboga por trasladar el espíritu de su librería a una nueva localización, la indignación y la preocupación se imponen en el discurso de Pablo Cerezo pocas horas después de anunciar el cierre de la librería más antigua de Madrid.

Será el 17 de noviembre cuando Pérgamo bajará la persiana después de 80 años como gran refugio literario del distrito de Salamanca, uno de los más pudientes de la capital. Cuando el catedrático republicano Raúl Serrano abrió el comercio en 1946, después de que el franquismo le arrebatara su posición académica y universitaria, este punto de la ciudad todavía era algo así como la periferia. Hoy no solo es un lugar céntrico, sino que ejemplifica las perversas dinámicas mercantiles y especulativas que asolan Madrid.

“Del mismo modo que miles y miles de personas se matan a trabajar para pagar una habitación sin vistas, nosotros lo hacemos para pagar el alquiler del local. Pero ya es insostenible”, explica Pablo en conversación con Somos Madrid desde su establecimiento, del que tomó las riendas en 2022 tras un conato de cierre por entonces salvado ante la intervención de un inversor anónimo. Unos meses más tarde se incorporó su compañera María Treviño y luego otra trabajadora más. Juntos han convertido Pérgamo en un nuevo referente, explotando su potencial en redes sociales, medios de comunicación y eventos de todo pelaje (presentaciones, clubes de lectura, cafés literarios...).

El modelo convierte en un acontecimiento todavía más doloroso esa clausura forzosa, la de la librería El Aleph de la calle Ferraz el 28 de diciembre o la de Tipos Infames en Malasaña, a comienzos de año (cuyo local sigue cerrado y sin conato alguno de obras ocho meses después). “El sentido que tienen las librerías hoy en ciudades fragmentadas y aceleradas es construir lugares de encuentro, lo mejor que genera un libro es una conversación y de ahí el boom de los clubes de lectura. Uno de los males de nuestra sociedad es la soledad. Hay quienes la usan para agitar odio. Nosotros tratamos de solucionarla mediante el encuentro y la conversación”, expone Pablo.

Las cifras de una creciente incertidumbre

La Asociación de Librerías de Madrid ya alertó en mayo, a través de una encuesta, del “escenario de incertidumbre creciente” generado por la presión inmobiliaria. El 84% de las librerías consultadas desarrolla su actividad en régimen de alquiler y más del 80% percibe estas rentas como un peligro para su estabilidad. Solo un 14,3% tiene garantizada su continuidad en el local actual, según el informe. Un 33,3% afirmaba haber renunciado a contratar personal debido a los precios del alquiler, mientras que un 41% de estos comerciantes anticipa un riesgo inmobiliario “alto o muy alto” en los próximos dos años.

“La paradoja es que los datos macro avalan que las librerías y el sector editorial va muy bien y no deja de crecer, con sus complejidades. Sin embargo, los proyectos de librería no son sostenibles por la presión inmobiliaria, lo mismo que le pasa a la gente en general pese el auge de la macroeconomía. O paramos esto o se va a hundir”, alerta Pablo. Una coyuntura que hace extensible al conjunto de los pequeños comercios: “Yo vivo en la calle Alcalá a su paso por Quintana y no paran de vaciarse locales porque no hay negocios tan rentables como el rentismo. Si seguimos hacia un país o una sociedad donde la gente busca máxima rentabilidad, y eso solo lo da el suelo, se va a llevar toda la inversión frente a la cultura, la innovación, la educación... La propia clase empresarial debería verlo como un disparate”, explica.

Recuerda que el alquiler es una problemática que atraviesa a “cuatro de cada cinco librerías de Madrid que no saben si podrán continuar de aquí a dos años”. Su compañera María apostilla que “una librería siempre tiene una facturación que debe procurar llegar a cero, porque alcanzar el beneficio es difícil cuando tienes que pagar nóminas o cubrir todos los gastos logísticos”. Tampoco deja pasar el dato de que las librerías solo obtienen el 30% de la venta de un libro, ya que su precio se reparte además entre autores, editoriales o proveedores.

El presidente de la citada Asociación de Librerías de Madrid, Luis M. Tigeras, puntualiza en declaraciones a este periódico que ese porcentaje disminuye todavía más hasta el 15% cuando la venta se dirige a instituciones públicas. Luis es además dueño de la librería Dykinson, con un local en propiedad en la calle Gaztambide abierto hace ya 53 años y otro operativo desde 2024 en la calle de Menéndez Valdés de Chamberí, este en régimen de alquiler con un contrato de diez años.

“Éramos conocedores de la situación de Pérgamo desde hace días y le hemos trasladado todo nuestro apoyo y nuestro cariño. Lo triste es que se trata de un contexto generalizado en el sector y en todo el comercio local. Los alquileres tan altos dan pie a que una pequeña bajada o incluso un mantenimiento de las ventas provoquen que los libreros no puedan asumir gastos, mejoras o contrataciones”, lamenta. Avisa de que “muchos contratos pospandemia comienzan a caducar y en Madrid ciudad, la Comunidad y todo el país las renovaciones están siendo muy al alza”.

Para Luis, en suma, los dos desafíos más importantes que afronta el sector son “la presión inmobiliaria y la falta de relevo generacional”. Dos cuestiones muy vinculadas entre sí: “Es complicado emprender ante las dificultades de estos proyectos y cuesta ver la viabilidad de un nuevo negocio. Venimos arrastrando el problema de las subidas años, pero desde 2025 ha pasado de goteo constante a una oleada muy preocupante”.

Dibuja un tercer problema en que “el aumento en las ventas de libros no necesariamente llega a las librerías, ya que cada vez se vende más fuera de ellas”. “Entre tres y cuatro de cada diez ventas se producen en librerías independientes. El resto se lo llevan las compras online, las grandes superficies y venta directa de las grandes editoriales”, detalla.

En cuanto a las posibles soluciones, el caso de Pérgamo ejemplifica que apelar a la solidaridad de los dueños de los locales no parece la mejor opción. Sus caseras son dos hermanas que durante años gestionaron la librería que había fundado su padre. Cuando el negocio estuvo cerca de bajar la persiana ya en 2022, aseguraron en diálogo con elDiario.es que “el nivel cultural es más importante que el económico” en su barrio. Una de ellas criticó incluso la deriva del expresidente Felipe González, que en 1982 devolvió la cátedra a su padre que el franquismo le había quitado, con la frase “la pasta es la pasta”.

La presión inmobiliaria es un problema general y quienes más lo sufren son particulares o ese pequeño comercio del que se nutre el barrio y la comunidad. Cualquier actuación debe ir dentro de un marco más amplio de fomento al comercio local

“Seguro que las propietarias han sido conscientes de lo que Pérgamo aporta el barrio, no podemos indagar en las razones que tendrán. Lo que debemos pedir a las administraciones públicas es que sigan apoyando a las librerías y la cadena de libros. Recibimos ayudas para aspectos como la modernización, pero no satisfacen todas las necesidades para resolver el problema. Una opción es plantear ayudas directas al alquiler o a propietarios que alquilen a agentes culturales”, propone Luis.

“Hay que partir de que la presión inmobiliaria es un problema general y quienes más lo sufren son particulares o ese pequeño comercio del que se nutre el barrio y la comunidad. Por ello, cualquier actuación debe ir dentro de un marco más amplio de fomento al comercio local”, dice. Lo cual no significa que sus particularidades no deban tomarse en cuenta: “Lo que nos diferencia del resto de locales con necesidades similares es la dinamización del espacio o el arraigo que generamos. Pérgamo es un ejemplo esencial, en los últimos tiempos ha pasado de ser una librería de 80 años a un espacio de encuentro social”. El pasado 26 de septiembre, cuando Pablo y María ya conocían el destino que les aguarda, un vermut literario celebró el 80º aniversario del establecimiento y llenó de mensajes de felicitación su escaparate.

Esta transformación de las librerías de lugares de compra-venta a recintos que sirven también para el encuentro cultural implica que necesiten más espacio. Lo expresaba María al comentar la complicada tarea de hallar un sitio alternativo para revivir Pérgamo: “En la búsqueda se refleja la inaccesibilidad del alquiler para proyectos culturales que necesitan un buen espacio y ciertos recursos”.

Luis estima que, ante una subida de 1.000 euros mensualidades en la renta, sería preciso obtener “10.000 euros más en ventas” para que el negocio siguiese siendo rentable: “Como nuestro margen de beneficio y nuestros precios están muy marcados, cuesta asumir cualquier alza de los gastos”.

Pese a un panorama tan desolador, Madrid todavía ve cómo llegan nuevas aperturas de librerías y espacios literarios, sobre todo en puntos más periféricos que escapan en parte de la gentrificación y con proyectos que se lanzan a una decidida apuesta por géneros como el cómic o el anime.

La dibujante e investigadora Clara Moreno lleva meses relatando el proceso para poner en marcha su propia librería en Tetuán. Narraba que los dueños de un par de posibles locales se echaron atrás cuando se enteraron del tipo de negocio, incluso habiendo dejado una señal. “El primero claramente me dijo que prefería un comercio más viable (me parece que iban a poner otro negocio de uñas) y el segundo me hizo ghosting”. Al preguntar a los obreros que se encontraba reformando los bajos de la zona, la respuesta siempre era la misma: “Va a ser un piso turístico”. Finalmente, consiguió abrir hace pocas semanas en el número 11 de la calle del Doctor Santero. No todo está perdido para proyectos como Pérgamo mientras indagan en nuevas ubicaciones donde “mantener su espíritu”, por muy difícil que la especulación ponga las cosas.