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Votar en Madrid a 8.000 kilómetros de casa: “Quiero lo mejor para mi familia en Colombia y para mí cuando regrese”

Guillermo Hormigo

Madrid —
30 de mayo de 2026 22:21 h

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“Que no haya segunda vuelta y podamos ver el Mundial tranquilos. A ver si nos cruzamos Colombia y España”. Kevin y Salvatore saben de la importancia de las elecciones que su país afronta este domingo 31 de mayo, pero eso no es impedimento para que se las tomen con cierto humor. Son tan conscientes de su trascendencia que ambos participan más activamente que con su voto. Kevin acude acreditado como prensa y Salvatore como testigo (una especie de apoderado) de uno de los partidos que se presenta a esta primera vuelta de los comicios en el país lationamericano.

Pese a los 8.000 kilómetros que separan Colombia de Madrid, la mayoría de estos migrantes mantienen unos fuertes lazos familiares y sociales con su país de origen. Tanto es así que este 2026 la participación se ha disparado entre los casi 308.000 colombianos llamados a votar en España, en torno a la mitad de ellos en la capital. A fecha del jueves 28 de mayo, el crecimiento de la participación en esta primera vuelta es de un 89% respecto a las presidenciales de 2022, según datos aportados por el consulado y recogidos por EFE.

La afluencia es patente en el punto habilitado en Madrid del 25 al 29 de mayo, la Casa de Cantabria (en el número 10 de la calle de Pío Baroja, en el distrito de Retiro). Los ciudadanos censados pueden votar hasta este domingo 31 de mayo, jornada de los comicios en territorio colombiano, aunque desde el sábado las urnas se trasladan al pabellón satélite de la Casa de Campo (en el número 9 de la avenida Principal). Varios llegan con las camisetas de la selección de fútbol cafetera, en una mezcla de dos de los acontecimientos que más van a agitar el país las próximas semanas.

El fuerte calor no impide que la asistencia sea constante cuando Somos Madrid acude a los puestos de emisión de sufragios. Una caseta en el exterior de la Casa de Cantabria sirve como punto de información, mientras que otra en la puerta comprueba los datos de los votantes y les invita a acceder a su interior indicándoles la mesa concreta en la que pueden ejercer su derecho. El proceso es rápido, pero las altas temperaturas aprietan tanto y llegan tantas personas que un vendedor de empanadas y refrescos hace su agosto en mayo. Hasta el punto de que emprende una astuta campaña promocional: dos jóvenes que trabajan o colaboran con él se pasean por la acera para comentar cerca de grupos de gente, como quien no quiere la cosa, lo rica que está la comida.

Si los datos arrojan una gran alza de la movilización, conversar con los votantes refuerza esta idea. Beatriz lleva 20 años en Madrid y admite que es la primera vez que participa en unas elecciones de su país de origen en estas dos décadas. “Esto me pone muy nerviosa, pero ha coincidido que estaba aquí mi marido y me he animado”, explica. “Esta vez me he dicho que debía votar para que mi país avance y cambie. Tenía que poner mi granito de arena”. Cuenta que toda su familia sigue en Colombia, por lo que el porvenir del país le preocupa enormemente. Sobre el proceso, dice que es “muy sencillo, parecido a las elecciones de aquí”. Tiene claro que si hay segunda vuelta, como prevén todas las encuestas, repetirá.

Gloria pasa de los cinco años en Madrid y también son las primeras elecciones desde que llegó a España en las que se ha animado. Su razón es específica: “Hay un candidato que sé que no va a llegar a la segunda vuelta, pero está impulsando la educación y creó un programa que permitió a mi hijo acceder a una beca profesional”. Prefiere no revelar la identidad de su elección, ni si ella volverá a ejercer su voto en ese caso. Añade que su hijo sigue en Colombia, que “está por graduarse”, por lo que da gran importancia a las políticas del futuro Gobierno colombiano.

Gladys, con 19 años de residencia en la ciudad, es otra de las novatas: “Anteriormente no me había preocupado”. Toda la familia que permanece en Colombia ha sido un impulso para romper esa abstención, pero también su propio futuro: “Quiero lo mejor para mi familia en Colombia y para mí cuando regrese, porque tengo pensado volver en algún momento”. A su lado, Araceli apunta que “después de lavarse las manos luego mucha gente se pasa quejándose cuatro años”. Ella, con más de dos décadas en Madrid, sí había votado en varias ocasiones.

Votar, una cuestión de fe

Como principal asunto para decidir su voto, Araceli aboga por la defensa de mayor igualdad y un mejor reparto de la riqueza: “Colombia es un país muy rico y próspero. El problema es que todos los beneficios se los quedan unas pocas entidades y no se ve en el resto de las personas”. Gladys apostilla que quien acabe investido presidente tendrá el beneplácito divino: “Lo que tenemos que hacer es confiar en el único Dios. Él es el que pone y quita reyes”.

La igualdad, la sanidad y la educación son tres de las preocupaciones más habituales en los votantes. Pero sobre todas ellas, entre las personas que dialogan con este medio, sobresale la seguridad. Así lo relata Gabriela, natural de Bogotá y en Madrid desde principios de este 2026, que a sus 20 años vota en sus primeros comicios con la mayoría de edad: “Si fuera más segura, viviría en mi ciudad”. Ha llegado a España con sus padres y uno de sus hermanos, pero el resto de su familia permanece al otro lado del Atlántico.

Gabriela incide en que el proceso es “superfácil, solo tienes que enseñar la cédula de identidad y dentro te llevan al punto exacto de votación”. Pese a ello, la burocracia a veces juega malas pasadas. Ana María vota por primera vez porque en la anterior ocasión se le olvidó “inscribir la cédula” en el portal habilitado por el consulado para registrar los datos. Completado ese paso, al venir a votar “solo te piden la cédula física y el número de identidad que aparece en ella”. Dice que en total “se tardan dos minutos”.

Para Ana María, natural de Pereira (la ciudad más poblada del eje cafetero) y en España desde 2017, es difícil quedarse con una única motivación por la que votar y decantarse por una opción u otra. “La idea es que el país mejore un poquito. La gente dice que por qué voto si estoy en el exterior. Pero yo quiero volver algún día y que el país tenga buena salud o los beneficios que nos merecemos. Creo que los jóvenes estamos teniendo cada vez más en cuenta este tipo de cosas”, concluye. Sobre la segunda vuelta, que tendrá lugar el 21 de junio si ninguna candidatura alcanza la mitad más uno de los votos válidos, es tajante: “Si toca venir, vengo”.

Los colombianos acuden este domingo a las urnas para elegir al sucesor de Gustavo Petro, primer presidente de izquierdas en la historia del país. El dirigente no puede volver a presentarse, ya que la Constitución colombiana prohíbe dos mandatos consecutivos, aunque podría hacerlo en el futuro. La línea continuista después de cuatro años de reducción de la pobreza y crecimiento económico (al tiempo que la delincuencia sigue sacudiendo Colombia) la representa Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico (PH). Los otros favoritos a pasar a la segunda vuelta son el mediático abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella por la formación Defensores de la Patria y la senadora Paloma Valencia, del partido conservador Centro Democrático (CD), impulsado por el polémico expresidente Álvaro Uribe.

La fiesta de la democracia a distancia

La incertidumbre que dibujan los sondeos conviven con la ilusión en la Casa de Cantabria. Son muchas las personas que se toman alguna fotografía con su cédula en la mano junto al cartel del punto electoral. “Fotito de derecho ejercido”, lo describe Liliana después de depositar la papeleta junto a su marido. Ambos, defensores de “un cambio”, están convencidos de que les tocará regresar el 21 de junio para la segunda vuelta. Aunque sea en pleno Mundial.

En paralelo, el domingo 7 de junio se celebran otros comicios en Madrid: la segunda vuelta de las presidenciales peruanas. En este caso son casi 100.000 los votantes convocados a elegir entre el izquierdista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) y la formación ultra Fuerte Popular de Keiko Fujimori (hija del expresidente Alberto Fujimori, que llegó a instaurar una dictadura cívico-militar repleta de casos de corrupción y por la que acabó condenado por violación de derechos humanos). Después de unos años muy convulsos para la política de Perú, Fujimori parte como favorita. El punto habilitado para emitir los votos para los ciudadanos peruanos de la Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura es Ifema.

Así, durante estas semanas los rostros en carteles que pueblan paredes o farolas de Madrid no son los de Pedro Sánchez, Isabel Díaz Ayuso, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal, Yolanda Díaz, José Luis Martínez-Almeida o Rita Maestre. Son Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Keiko Fujimori o Roberto Sánchez. Los candidatos entre quienes deben elegir las personas que llevan su país dentro por mucha distancia que les separe.