Una educadora, sobre la conciliación en verano: “Uno de los mayores errores es intentar que hagan un horario laboral”

Las vacaciones de verano llegan para alivio de los niños, ya agotados a estas alturas de curso, y estrés de algunos padres que se enfrentan a un desafío logístico. ¿Cómo compatibilizar el trabajo con el cuidado de los pequeños?

“Esa angustia nos la transmiten las familias continuamente, cada verano: ¿qué voy a hacer ahora después de estar todo el curso perfectamente cuadrado con las extraescolares, con los horarios ampliados, con nuestro trabajo y ahora es volver a configurar el puzle?”, reconoce Patricia Sousa, educadora y coordinadora de la red de escuelas infantiles Kidsco.

“Uno de los mayores errores es que esa angustia les lleva a intentar cubrir los horarios de los niños, es decir, a intentar ocuparlos en el horario laboral”, señala Sousa, que destaca que esa necesidad logística puede llevarnos a olvidar que los niños han terminado una etapa de gran desgaste psicológico y físico, y necesitan descansar. 

“Para los niños ese tiempo son vacaciones, y las necesitan, pero muchas veces se opta por prolongar el mismo ritmo que llevaban cuando iban al colegio”, asegura la educadora infantil, que advierte de que enlazar campamentos urbanos significa correr el riesgo de que los pequeños lleguen exhaustos a septiembre.

La importancia de la flexibilidad

Por eso, la primera recomendación de la experta para planificar una conciliación saludable es apostar por la flexibilidad: “Debemos buscar actividades que sean menos rígidas y que les permitan tener un ritmo mucho más calmado que el que han tenido durante el curso escolar”. 

En este sentido, la segunda recomendación de Sousa pasa por abrir el abanico de posibilidades: “Hay bastantes opciones, no solo están los campamentos urbanos, también hay otro tipo de recursos”, comenta la educadora, que sugiere explorar las opciones deportivas, de asociaciones de vecinos, en la naturaleza o la organización de turnos entre familiares y amigos, incluso, si es posible, la contratación de monitores entre varias familias.  

Otra de las recomendaciones es apostar por la organización, dentro de la flexibilidad. “Tenemos que jugar con los niños y la incertidumbre, que ellos tengan una planificación con la que sepan y puedan adelantarse y hacer las preguntas que tengan que hacer a sus padres, porque no es como los adultos, que sabemos dónde vamos a estar, y eso les puede crear angustia”, explica Sousa, que apuesta por informarlos a través de diferentes herramientas, como un calendario visual, en función de la edad y explicar en qué va a consistir cada actividad.

Que no falte el aburrimiento

Otro punto que destaca la experta es la necesidad de permitir que los niños se aburran en medio de una sociedad que no deja el menor atisbo a la improductividad. “Los niños necesitan aburrirse para que nazca en ellos su creatividad, sus ganas de investigar, sus ganas de experimentar”, reivindica Sousa, que propone observar lo que pasa cuando no hay actividades dirigidas ni se utiliza el “recurso fácil” de las pantallas“.

“Pensamos que lo mejor es darles actividades y cosas materiales, juegos de última generación, pero a veces, un objeto tan simple como una caja de cartón desarrolla más su imaginación que el juguete más caro”, defiende la educadora, que expone el ejemplo de su hijo, que descubrió su pasión por la magia en una tarde aburrida.

Por último, la experta subraya que la conciliación no solo consiste en dónde están los hijos mientras los padres trabajan, sino en qué hacer juntos. “No sirve de nada estar toda la tarde con nuestro hijo si estamos pendientes del teléfono o de llamadas de trabajo”, afirma Sousa tajante. “No es la cantidad, es la calidad del tiempo que les dedicamos”, recuerda la educadora, que cree que es preferible dedicarles dos horas de atención plena que pasar toda la tarde físicamente juntos pero mentalmente ausentes.