“Es casi como conseguir entradas para un concierto”: la odisea para encontrar plaza en campamentos de verano para niños
Una tarde calurosa de primavera, varias madres hablan en un parque infantil de Madrid mientras sus hijos e hijas juegan. “Yo anoche me puse una alarma porque salían las plazas del campamento público del distrito a las doce en punto y quería solicitarlas justo al momento. La web se quedó colgada con tanta demanda, tardé unos minutos en hacerlo y cuando conseguí entrar ya no quedaban plazas. Me quedé en lista de espera”, asegura una de las madres, que tiene dos hijos en edad escolar. “Nosotros teníamos abiertas mil sesiones en diferentes navegadores, las plazas que queríamos ya preparadas en el carrito… Y nada, no pudimos conseguirlas. Es casi como conseguir entradas para los Rolling”, bromea otra madre.
Aunque no existen datos generales sobre las plazas públicas y privadas de campamentos de verano ofertadas en las diferentes ciudades y autonomías, familias y expertas coinciden en señalar que no cubren ni mucho menos la demanda que existe, especialmente en las grandes ciudades. En Madrid, el Ayuntamiento ha anunciado 13.800 plazas de campamentos para niños y niñas de 3 a 12 años, cuando el censo indica que hay 453.295 menores. Es decir: solamente hay plazas para un 3% de la población infantil.
En Barcelona, el Ayuntamiento anuncia 350.000 plazas de campamentos disponibles, una cifra que supera la de menores censados en la ciudad, cercana a 230.000. Laura, madre de dos en la capital catalana, reconoce que allí “nadie se queda sin alguna plaza de campamento”, pero subraya que, en los que son económicos o atractivos para las familias, “las plazas vuelan”. “Si se abren las inscripciones a las 9:00, a las 9:03 se han acabado”, explica. Y recurre también a un símil musical: “Es tan difícil como conseguir entradas para el concierto de Bad Bunny”, cuenta entre risas.
En su familia, han optado por un campamento urbano que se organiza en la biblioteca del barrio, combinado con vacaciones de ella y su pareja y jornadas intensivas en los trabajos. “Al final todo el mundo busca un equilibrio entre lo que necesita para conciliar, lo que puede permitirse económicamente y lo que es apetecible para sus hijos, pero es cierto que en Barcelona hay bastante oferta: todos los coles hacen su propio casal [campamento] y también hay opciones en polideportivos o piscinas. No faltan plazas, pero el precio es otra cosa: son muy caros, en torno a 180 euros la semana, y los que están bien se agotan”, dice.
En este contexto, muchas familias no consiguen organizarse para cubrir los dos meses y medio de vacaciones escolares, por lo que optan por otras medidas como tirar de abuelos y abuelas o incluso solicitar excedencias para poder cuidar. “Me sale más barato dejar de trabajar que pagar campamentos”, contaba Carla para este reportaje.
Niños solos en casa por no poder pagar un campamento
En el caso de las familias más vulnerables, es habitual que los niños y niñas tengan que quedarse solos en casa al no poder sus familias permitirse el desembolso que suponen las actividades de ocio. Una encuesta de la ONG Educo señala que unos 120.000 niños y niñas de 6 a 10 años están en esta situación: esperando en casa a que los adultos vuelvan del trabajo. Entre las familias de nivel socioeconómico bajo, señala este estudio, más de un 54% de los niños y niñas no asisten a ninguna actividad en verano.
Las actividades de ocio educativo en verano no deberían ser un lujo solo reservado a quien pueda pagarlas
Desde la ONG denuncian que este tipo de situaciones no deberían darse. “Las actividades de ocio educativo en verano permiten que los niños y niñas puedan disfrutar de las vacaciones. Y no deberían ser un lujo solo reservado a quien pueda pagarlas. Todos tendrían que poder disfrutarlas, especialmente aquellos y aquellas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Son una oportunidad única de acceso a experiencias culturales, naturaleza y ocio que de otro modo no tendrían”, señalan desde la ONG.
Mónica es una de esas madres que no pueden permitirse pagar un campamento para sus hijos: “Estamos viendo cómo lo vamos a poder hacer, porque al cerrar el colegio hay que buscarles actividades y nosotros no podemos permitirnos pagar un campamento particular porque los precios son muy elevados. Me preocupa que los niños van a estar aburridos en casa, y tenemos que ver quién les puede cuidar mientras papá y mamá trabajan. Además, la mayor parte del tiempo estarán expuestos a pantallas, porque pueden jugar con sus juguetes un rato, pero no se entretienen todo el tiempo”, explica. Y añade que para ella eso supone “un estrés y un agobio añadidos”.
Acceso universal y gratuito
Cristina Castellanos es doctora en economía, experta en conciliación y políticas públicas. Para ella, la oferta de plazas para conciliar en verano es “claramente insuficiente”, si bien es cierto que la casuística “es muy variada”: “Las plazas públicas son muy limitadas. Especialmente en los entornos de ciudades hay una demanda muy elevada y muy poca oferta, pero las situaciones son muy variadas en función de las comunidades autónomas y del tamaño de las localidades”.
Normalmente en ciudades pequeñas o pueblos suele haber más plazas públicas, mientras que en las ciudades grandes no hay oferta pública
Aunque asegura que no existen cifras oficiales, la experta señala algunas tendencias: “Normalmente en ciudades pequeñas o pueblos suele haber más plazas públicas, mientras que en las ciudades grandes no hay oferta pública y la privada es inaccesible económicamente para muchas familias”.
Castellanos denuncia las consecuencias que esto puede tener, tanto para la conciliación como para el bienestar infantil. “En verano los niños y niñas están cansados, necesitan hacer otras actividades. Especialmente en entornos de mucho calor, todos y todas deberían tener acceso a actividades deportivas en entornos frescos, con piscinas o juegos de agua. Al no poder permitírselo, muchas familias vulnerables acaban teniendo menos oportunidades para conciliar”, explica.
Elena, madre monomarental y residente en un pueblo pequeño de Galicia, sí tiene acceso a ese tipo de actividades especiales y en entornos frescos. “Tanto aquí como en la ciudad en la que trabajo, A Coruña, hay oferta suficiente de campamentos de verano. Mi hija ha ido algunos veranos al campamento del pueblo, que se hace en la piscina, y otros años al que está al lado de mi trabajo, en un colegio. Para mí no es un problema pensar este tema ni tengo miedo a quedarme sin plaza: simplemente elijo lo que mejor me viene en función de las necesidades y la apunto. El precio es razonable porque es subvencionado”, asegura.
Nieves Manrique, pedagoga y madre, también reconoce sentirse privilegiada al no depender de campamentos. “Por suerte, yo no necesito plaza: trabajo en un colegio, así que solo tengo que cubrir una semana y tengo ayuda de mi suegra. Pero sí conozco a muchas familias del colegio que se tienen que buscar la vida como pueden”. Manrique vive y trabaja en Madrid, como las madres que abren este reportaje: “Aquí es especialmente difícil todo. En el Ayuntamiento es casi imposible conseguir plaza. No se cubre la demanda ni de lejos. Las plazas públicas son insuficientes, y las privadas son carísimas: rondan los 150 o 200 euros por semana. Es un desembolso por familia muy difícil de asumir y ya ni te cuento si tienes dos o tres niños”, denuncia la experta.
Manrique añade una variable a tener en cuenta: la dificultad de encontrar plaza para niños y niñas con necesidades especiales: “Una amiga tiene una hija con diabetes tipo 1 y, en todo Madrid, solamente existe un campamento al que puedan ir todos los niños y niñas que tengan una enfermedad que requiera del cuidado continuado de una enfermera”, denuncia. Para ella, la solución pasa por aumentar plazas, pero también le suma otros elementos: “Que las empresas ayuden a conciliar y que los campamentos no sean tan caros, si hace falta, a través de subvención”, propone.
Castellanos, experta en políticas públicas, subraya la necesidad de garantizar servicios públicos de cuidado durante las vacaciones escolares: “Es muy básico: necesitamos servicios públicos de cuidado universales y de calidad, que no dependan ni del lugar de residencia ni del nivel socioeconómico de la familia. También en verano, por supuesto, porque son dos meses y medio sin colegio, pero no hay facilidades para conciliar. Es esencial para la corresponsabilidad y para el bienestar infantil”, señala la experta.