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León XIV ante el retroceso de las democracias

5 de junio de 2026 22:29 h

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En los últimos meses he publicado en este diario digital dos artículos sobre el pontífice que nos visita en España.

El primero se llama 'Los desafíos geopolíticos de León XIV'. Se refiere a tres acontecimientos dramáticos que adquieren una naturaleza global: las guerras que arrasan el planeta; la cuestión migratoria en nuestro invierno demográfico y la herida en el orden internacional infligida por Trump y Putin.

El segundo de los artículos lleva por título: 'El Papa americano contra la arrogancia del dinero“. Se centra en la posición nítidamente opuesta de Robert Prevost a su némesis, Donald Trump, un presidente que ha deteriorado el sistema constitucional de Estados Unidos.

En ambos artículos late una actitud de León XIV que se ha hecho aún más explícita y elocuente en su reciente encíclica 'Magnifica Humanitas'. Me refiero a la personalidad del Papa que afronta directamente una misión política y, a la vez, moral: la absoluta defensa de la democracia. Ello convive con las críticas que cabe hacer a una institución, la Iglesia católica, a la que le cuesta reconocer conductas como la pederastia o la discriminación interna a la mujer.

El alma democrática de los mensajes de León XIV tiene diferentes dimensiones. La más contundente, su discurso contra las guerras permanentes que se desencadenan en un mundo “devastado por tiranos” (Camerún, 16 de abril de 2026). No existe la “guerra justa” para León XIV, que considera sobrepasado ese viejo concepto, resucitado absurdamente por el vicepresidente de EEUU Vance.

El discurso del Papa contra la violencia le lleva a expresar en la encíclica la necesidad de “desarmar” la Inteligencia Artificial, una tecnología que puede debilitar la democracia misma.

La democracia en la que cree el pontífice se extiende más allá de la dinámica electoral. Lo dice así: “Tiendo a pensar que cuando la Iglesia habla acerca de la moralidad, el único asunto es el sexual. En realidad, creo que hay muchos más grandes e importantes asuntos, como la justicia, la igualdad, la libertad de religión, que deberían tener prioridad”. León XIV enuncia, pues, transformaciones más allá de la economía, a la que no considera ineluctable. Tampoco a la “idolatría del beneficio” en el orden postliberal.

La democracia no se desarrolla solo en el interior de la nación. León XIV propugna el multilateralismo ahora en asedio, entre otras cosas para que pequeños grupos no condicionen los procesos democráticos.

León XIV piensa en una democracia en la que tienen cabida los inmigrantes, “símbolo de los rechazados de la sociedad mundializada”. Se sitúa así en confrontación con la racista y creciente ultraderecha. Su interpretación de las migraciones recuerda al Papa Francisco, que la entendía como un resultado de la política colonial de los países occidentales.

En un mundo hambriento de autoridad moral, el Papa americano, opuesto explícitamente al presidente americano y a MAGA, deviene, sin pretenderlo, un líder global, precisamente cuando el planeta evoluciona de un modo preocupante, retrocediendo desde el orden liberal de la segunda mitad del siglo XX.

Es paradójico que la auctoritas papal tenga hoy un liderazgo internacional que transciende a los 1.400 millones de católicos, convirtiéndose en referencia de los valores democráticos para todas las personas, con independencia de su adscripción ideológica.

Ese liderazgo es hoy necesario. Sucede que, por vez primera en el último siglo, hay más autocracias que democracias en el mundo (datos del informe de 2025 de V-Dem), y que solo un 7% de los habitantes de La Tierra viven en lo que V-Dem llama “democracias liberales”.

Las democracias retroceden y el líder de la Iglesia Católica alza una voz supranacional para ponerse del lado de los derechos humanos. Así que León XIV llena ese espacio ahora vacío, que está siendo aprovechado por la política más reaccionaria e involucionista.

En un mensaje a la Pontificia Academia de Ciencias Sociales (14 de abril de 2026) León XIV afirmó que la concentración de poder tecnológico es una amenaza a la democracia y a la participación ciudadana.

Esa posición tan definida le ha conducido de modo natural a plantear, como dijimos antes, una deliberación crítica sobre la Inteligencia Artificial, cuya utilización incontrolada ve como una amenaza (posible, no determinante) a la propia democracia. Su encíclica expone el peligro que conlleva una concentración de poder tecnológico como la que ya hay en grandes corporaciones privadas.

En 'Magnifica Humanitas' no critica la tecnología basada en Inteligencia Artificial, sino la ausencia de responsabilidad en la propiedad en manos privadas de esa disruptiva tecnología. Es una cuestión de poder. No de tecnología.

León XIV lo dice así: “La tecnología tiene el poder para sanar, conectar, educar y proteger nuestra casa común; pero también puede dividir, excluir y generar nuevas formas de injusticia”. La tecnología nunca es neutral.

Cuando tecnologías digitales están en poder de un número limitado de actores privados, se requieren contrapesos poderosos, que protejan los datos personales y fortalezcan los procesos democráticos.

Nunca un pontífice de una monarquía electiva, la Iglesia, había teorizado de esa forma tan actual lo que es una verdadera democracia. Y ocurre cuando el retroceso de esa democracia en el mundo necesita de una fuerza ética que transcienda una concreta religión o creencia.

Ese rol lo ejerce de facto en estos momentos León XIV, nuestro visitante.