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Opinión - 'La desnutrición moral que el PP aplaude', por Esther Palomera

La desnutrición moral que el PP aplaude

24 de septiembre de 2026 22:29 h

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Varias instalaciones clausuradas, más de una docena de intoxicados, entre 150 y 200 comidas tiradas a la basura, una denuncia en comisaría, una empleada de baja médica durante una semana, una retahíla de versiones contradictorias y varias mentiras… Ni fue una performance, ni fue una anécdota que mereciera una cerrada ovación de la bancada popular, como captaron las cámaras del hemiciclo. 

Lo de la diputada del PP Ana Vázquez, que nunca se caracterizó ni por su exquisitez semántica ni por sus amables formas, merece, además de la más contundente sanción de cuantas prevé el Reglamento de la Cámara Baja, el oprobio de sus correligionarios. No pasará. Todos pían en privado contra la parlamentaria gallega, pero ninguno se atreve a hacerlo en público. Por cobardía o por una mal entendida lealtad a las siglas.

Que alguien como Ana Vázquez represente, en el Parlamento o en los platós de televisión, a un partido que aspira a regresar algún día al Gobierno de España mancha al PP, mancha la política y mancha la democracia. Entrar al hemiciclo con un bote de gas pimienta, exhibirlo alegremente desde el escaño, mentir sobre su contenido y, después, endosarle el marrón a un subordinado que al manipularlo provocó varias intoxicaciones y el cierre de algunas dependencias, refleja el grado de desnutrición moral que se puede alcanzar en la vida pública. Y también hasta dónde la derecha está dispuesta a llegar en su proceso de hermanamiento con Vox. 

Si los de Feijóo -porque el caso que nos ocupa solo les afecta a ellos- no están dispuestos a hacer una reflexión sobre la responsabilidad institucional que comporta ocupar un escaño y sobre los límites que no debieran cruzarse en una democracia parlamentaria es que han perdido todo sentido crítico y les importan un bledo las consecuencias de lo provocado por su infame diputada. 

Ni han pedido perdón ni exigirán a Ana Vázquez que dimita y entregue el acta de diputada, que es lo que en buena lógica corresponde. Cualquier partido que presume de defender las instituciones y la ley -y el PP lo hace hasta la náusea- tendría que ser el primero en exigirlo. Pero en lugar de ello, los populares jalearon y ovacionaron la astracanada de su colega.

Vázquez no es una diputada cualquiera, es secretaria nacional de Interior del PP, miembro de su Comité Ejecutivo Nacional y la persona que Génova 13 ha designado para que represente al partido en varios programas de televisión. Si Feijóo entiende que quien introduce en la Cámara un arma de defensa personal es un ejemplo a seguir, es que definitivamente ha renunciado a la palabra, a la política y a la decencia. 

Dicho de otro modo: el aplauso casi unánime que recibió Ana Belén Vázquez de sus compañeros de grupo parlamentario convierte una abyecta acción individual en un problema de partido, mucho más cuando ha trascendido que la dirección del PP conocía las intenciones de la diputada y nadie la disuadió de semejante disparate.

Habrá que esperar a conocer el atestado policial que los servicios de seguridad de la Cámara Baja entregarán en breve al secretario general y a la Presidencia, además de los informes de los servicios médicos y de otros departamentos del Parlamento que se vieron afectados. Luego, la Mesa, previsiblemente el próximo martes, abordará el asunto y determinará la sanción que merece Vázquez, que debiera sin duda alguna ser la máxima, de acuerdo al Reglamento. El artículo 101 es claro y rotundo sobre los supuestos en que se puede determinar la suspensión  temporal de la condición de diputado o diputada por razones disciplinarias. Y uno de ellos es “cuando portare armas dentro del recinto parlamentario”. Si no se aplicara este precepto, ¿qué sería lo siguiente?

Y ya, luego, que la diputada Vázquez se defienda en un hipotético proceso penal, que tampoco es descartable, ya que con una denuncia de por medio de una de las afectadas por el gas pimienta, el Congreso tendrá que dar traslado a la Fiscalía del esperpento vivido esta semana en el Congreso.