Elecciones con el enemigo en casa
Elecciones con el enemigo en casa y fuera de ella, también. Con todo a favor, en principio, de Alberto Núñez Feijóo para ganarlas. Pero vemos que el candidato del PP teme los debates moderados por profesionales del periodismo que no elija él. A TVE no quiere ir: enviará a Ester Muñoz como portavoz. Sí acudirá a las cadenas que le ofrecen a él mayor confianza, no sin motivos: Telecinco y Antena 3. Teme, también, fraude en el voto por correo, según dice, aunque sabe perfectamente que el mecanismo de emisión y recuento lo impide. Feijóo, en definitiva, teme enfrentarse a las urnas si no tiene todo atado y bien atado como patentó un famoso paisano suyo.
Vivimos sacudidos por un enorme revulsivo, Puede desembocar en un cataclismo o en la renovación que se precisa, según la dirección que marquen esas elecciones. De momento, las encuestas dan más de 200 diputados a partidos capaces de perpetrar todos los desmanes imaginables. De hecho, están adelantando ya algunas de sus intenciones. El terror que manifiesta Feijóo, sin embargo, ante esta convocatoria electoral, que tanto había reclamado, apunta a cambios de trascendencia en la opinión pública.
No sería extraño. El adelanto electoral es, precisamente, consecuencia de cuanto ha suscitado el desahucio de Maricarmen, la anciana que es ya el gran símbolo de la lucha por solucionar el grave problema de la vivienda. Y de la cadena de efectos que han seguido. La movilización social sin precedentes, colmada de jóvenes valientes y muy conscientes de la realidad. El que los decretos del gobierno para paliar algunos extremos fueran abatidos en el Congreso por PP, Vox y Junts. Y la convocatoria a las urnas para el 29 de noviembre.
Y ni siquiera terminan ahí las consecuencias, porque ahora es ya una lucha por los derechos en riesgo y por la democracia, por esa España social que figura testimonialmente en la Constitución del 78. Recordemos ese artículo 1.1 que nos define como “un Estado social y democrático de Derecho”.
Algo está cambiando, las encuestas aún no han medido los últimos acontecimientos como la muerte de Maricarmen y las sucias reacciones políticas y mediáticas -o con ese destino- que se han producido. Hay gente con sensibilidad a quienes ha tenido que herir todo lo que estamos viendo. Y oyendo. La extrema brutalidad con la que fue tratada esta mujer luchadora y férrea en sus convicciones.
Gritan en las redes, insultan. En medios basura a niveles irreproducibles dado el dolor e indignación que causan, pero hay que saberlo, hay que saber lo que son: el enemigo en casa. De la sociedad, de la decencia, del periodismo por supuesto. Hasta en parlamentos democráticos como la Asamblea de Madrid lo hace la presidenta Díaz Ayuso, mientras les pega un tajo mortal a las ayudas para familias con hijos afectados de patologías graves. De 4.039 euros a 1.000 euros por cada hijo que cumpla las condiciones requeridas, pura doctrina Milei y correligionarios. Este es el futuro que quieren los que, según las encuestas, van a dar 200 diputados a PP y Vox, para que puedan incluso cambiar la Constitución, a su modo. Esas soflamas mediáticas/políticas son un eficaz instrumento para conseguirlo.
Curiosamente, gran número de países latinoamericanos están pasando a tener gobiernos de ultraderecha radical y con fuertes recortes de prestaciones sociales y derechos imprescindibles; son los gobiernos que quiere Trump. Y se deciden a veces por unos pocos votos en un último recuento. Sería ingenuo pensar que en España no operan presiones bajo mano como apuntan algunos… digamos, rumores, o indicios informados. Confirmarían lo dicho por Pedro Sánchez en la entrevista del director de elDiario.es, Ignacio Escolar. Ha admitido que “le preocupa que se produzcan injerencias extranjeras”, destacando de forma explícita que “este riesgo no proviene exclusivamente de naciones hostiles”, sino “también de actores no estatales”. El enemigo en casa, y fuera.
En esta encrucijada estamos varios países, sin duda. Los estudiantes francesas han llegado en sus protestas contra el gobierno a practicar una “toma de la Bastilla” simbólica aunque textual. Por el momento. Piden más, sufren una dura represión policial y no parecen tener interior de parar sus protestas.
Giorgia Meloni se ha mercado una polémica ley electoral en Italia que solucione sus problemas. Establecerá mayorías trucadas si no las hay por los votos. La coalición que obtenga más del 42% de los sufragios, será bonificada con 70 diputados y 35 en el caso del Senado. Es el sueño de Feijóo. Lo ha expresado varias veces y no tardará en repetirlo, salvo que le detenga el temor a que se note más el miedo que tiene a fracasar de nuevo.
Todas las cartas parecen estar en contra, pero la firmeza que se está viendo en España, en Madrid y otras ciudades, por la vivienda y por todos los demás derechos, es un elemento de tal fuerza que puede cambiar los pronósticos y los objetivos. La derecha española lo sabe, todo el clan que opera para llevarla a La Moncloa lo sabe. Y actúa. Hasta Felipe González ha comparecido como siempre que hay una encrucijada para Sánchez, acribillándolo. Haciendo lo que puede hacer, como manda su ahora amigo José María Aznar. Empiezan a moverse también, en sus direcciones de costumbre, demandas y acciones judiciales. De momento, no han entorpecido el calendario previsto.
Estas elecciones se van a celebrar sobre un volcán presto a erupcionar, podría decirse. Hay que saberlo. Y actuar en consecuencia. Mi querida Olga Rodríguez, escribiendo sobre la muerte provocada a Maricarmen, dejó una idea tan potente como esta: “Necesitamos un planeta para respirar, una vivienda para vivir y una comunidad para ser. Pero hay una deshumanización normalizada y promocionada en prime time, para que algunos que jamás podrán disponer de cinco casas piensen y voten como si tuvieran cien”. Cien casas, médicos, profesores, cien vidas…
A lo largo de la historia las mayores tragedias colectivas no se han consolidado solo por los tiranos que las perpetraban sino, sobre todo, por “el silencio de las buenas personas”, como formuló entre otros Martin Luther King. Muchos factores concurren ahora para que haya crecido, y hasta divertido, la tolerancia social a la maldad. Habrá que alertar más sobre esto. La gran noticia es que también hay personas que se rebelan con firmeza y contundencia. El enemigo está claramente en casa. El amigo también. Hay que aprender a verlos y obrar en consecuencia.