Mucho frente y poco amplio
No falla. Cuando dos partidos a la izquierda del PSOE se sientan a negociar, el resultado es siempre el mismo: tres comunicados, cuatro filtraciones y ningún acuerdo. Si son más de dos los que cruzan conversaciones, todo se multiplica. En esta ocasión, la mesa se llama Frente Amplio, un empeño que, con distinta nomenclatura, pergeñó hace un año Gabriel Rufián y cuyo resultado, de momento, es mucho frente y poco amplio. Si nada cambia en los próximos días, estaremos ante la enésima autopsia de la izquierda alternativa.
A poco más de 40 días para que se celebren las elecciones generales del 29 de noviembre, los líderes de los distintos partidos de la izquierda se empeñan en morir en sus respectivos feudos antes que compartir trinchera con formaciones análogas, a pesar de lo que les depara la demoscopia. La unidad necesaria de la izquierda a la izquierda del PSOE para la reedición de un gobierno progresista es hoy un sudoku de vetos cruzados, idas y venidas estratégicas y una avidez de cargos públicos que produce cierta frustración y mucho sonrojo.
La última gran espantada la ha protagonizado Gabriel Rufián, que tras varios meses dejándose querer, amagar con liderar un frente amplio de ámbito estatal y jugar al despiste mediático para subir su cotización en el parqué de ERC, ha decidido que no se va, que se queda en la comodidad de sus siglas. El líder de los republicanos en el Congreso encabezará la lista por Barcelona para el 29N de ERC porque es mucho más rentable blindar el puesto de salida y ejercer de Pepito Grillo en el Parlamento que meterse en el avispero de un corral con demasiados gallos. Rufián ha negociado además un pacto con Podemos por el que los republicanos se ofrecen a incluir a candidatos de Podemos en Cataluña a cambio de que Irene Montero y los suyos no les hagan competencia electoral allí.
En compensación, Rufián se paseará en actos conjuntos por el resto de España para apuntalar a Montero, pero a quienes confiaban en un liderato estatal de los republicanos les quedará la impresión de que el supuesto arquitecto de la unidad de la izquierda ha dinamitado el puente antes de cruzarlo. Dicho de otro modo: se ha limitado a tejer alianzas de conveniencia puramente tácticas. No obstante, el portazo obliga a las cuatro organizaciones impulsoras de la coalición —IU, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar— a recomponer su estrategia cuando apenas quedan unos días para registrar las coaliciones electorales.
En el flamante Frente Amplio, un invento electoral con el propósito de sobrevivir al naufragio que auguran las encuestas, solo se habla de quién se sienta en qué puesto de la lista. Su gran apuesta ha sido lanzar a Ada Colau como reclamo para encabezar la candidatura por Barcelona y liderar el proyecto estatal, una finta desesperada para llenar el vacío de liderazgo tras la salida de Yolanda Díaz.
En Madrid, el esperpento alcanza su punto álgido con Más Madrid después de que la formación que lidera Mónica García haya impuesto a Emilio Delgado para encabezar la lista del Frente Amplio por la capital y relegar a la mismísima ministra de Sanidad al número dos. Suena a salida de emergencia para pacificar sus propias guerras internas y, de paso, marcar territorio frente a las exigencias de Podemos. Su supuesta generosidad consiste en tenderle la mano a los morados para que se sumen a la coalición, pero con condiciones y asegurándose de que las posiciones de poder queden bajo el estricto control madrileño.
Mientras, en el cuartel general de Podemos, Irene Montero sigue imbuida en sus propias primarias internas exprés para forzar al resto del espacio a transigir con sus exigencias bajo la amenaza de ir en solitario y certificar el ocaso mutuo. Con el aval de su pacto exterior con Rufián, Podemos utiliza al portavoz de ERC para presionar al Frente Amplio.
Apenas quedan días para que expire el plazo legal para registrar las coaliciones, y la izquierda a la izquierda del PSOE sigue enfrascada en una guerra de despachos en los que se discute solo el reparto de escaños mientras la derecha se frota las manos. Si no reconducen el rumbo, llegarán al 29N no como una alternativa, sino como un catálogo de siglas rotas y egos inflamados