Sí se puede y los húngaros lo demuestran
Dos lecciones esenciales han brindado los comicios celebrados en Hungría a las que no se les ha dado la importancia requerida. Una, que la primera medida del presidente electo Peter Magyar ha sido pedir la dimisión de toda la cúpula judicial -toda- que, en manos de Orbán, sirvió como brazo armado de su poder, aceptando cambios antidemocráticos en la Constitución. Esta es radicalmente operativa. La otra… ilusionante y muy eficaz: los húngaros desoyeron por completo a los medios largamente manipulados por Orbán, pasaron por alto sus bulos, amenazas y siembra de temores, porque supieron por fin que les iba en ello su futuro. Dos enseñanzas impagables.
Hay que añadir, por supuesto, un par de aspectos más ya conocidos aunque quizás no lo suficiente. Los regímenes autoritarios suelen poner grandes trabas a los partidos progresistas e incluso los prohíben. Lo hemos visto en Ucrania, sin ir más lejos, o en Rusia, entre otros muchos países. Orbán también lo hizo, claro está. Para estas elecciones, en consecuencia, toda la oposición democrática admitida se unió en apoyo de Magyar en la idea de no restar votos con otras candidaturas. Algo que el PP en España ha decidido ignorar: pregonan que la izquierda no ha sacado ni un escaño, sin explicar por qué. Además, se congratulan de que haya ganado “su compañero”, dicen textualmente, después de que el PP español -el de Pablo Casado- fuera quien salvó a Orbán de la expulsión de la UE que si firmaron otros 13 partidos del PPE. Y de las medallas y abrazos que se intercambiaron Orban y Aznar.
La otra gran lección general -y también esperanzadora- es que el trumpismo no suma votos, sino que parece restarlos. La visita de JD Vance, con un ostentoso mitin incluso, rebajó los porcentajes de Orbán en las encuestas y se confirmaron en la votación. Dados los enormes traspiés que están dando el presidente estadounidense y su equipo no parece desencaminado pensar que esta senda tiene los días contados -no sin muchos más destrozos que sufrir-. La caída de Orbán se lleva ya mucho con él -hasta la generosa financiación a Vox que Magyar ya ha confirmado cortará junto a la de todo el grupo de ultraderecha- y desenmascara más aún a Trump. Su final como presidente sí que terminaría por recentrar el mundo que los fascismos han desbocado. Y él mismo lo está. Tras pelearse con el Papa León XIV, se ha lanzado a insultar con virulencia a Giorgia Meloni, quizás su principal aliada en Europa, porque ella le ha retirado el apoyo a sus tropelías y también ha defendido al Papa frente a Trump. Rocambolesco el desarrollo de esa entrevista con Il Corriere de la sera, en el que el inquilino de la Casa Blanca se desmelenó. Solo tolera la sumisión de sus aliados. Notable el apoyo explicita a Meloni y la condena a los insultos de Trump de su rival democristiano que fuera primer ministro Paolo Gentiloni. Marca la diferencia entre un demócrata y la sucia oposición a Sánchez del Partido Popular.
Lo terrible es que además en España el Partido Popular sigue mintiendo como si nada hubiera ocurrido y con el concurso de los medios que le apoyan. Dan esa imagen del agresor empecinado que, con el agua al cuello y hasta más arriba del cogote, usa las dos manos que le quedan fuera del agua para seguir insultando con sus gestos. Sí, da la sensación de que serían los viajeros del Titanic en la proa del barco, no por amor, sino por odio.
Lo básico del triunfo colectivo de Magyar está siendo, sobre todo, rescatar la justicia para la sociedad. Y el de los votantes: desoír las mentiras y amenazas de los medios. Muy valioso por cuanto nadie puede lograr para los ciudadanos lo que ellos no estén dispuestos a hacer: pensar por sí mismos, valorar lo que no les sirve, lo que tienen, lo que ganan y pierden.
La justicia española está dando muestras escandalosas con algunos procesos. Es para dedicarle mucho tiempo a la información de todos sus detalles. ElDiario.es y algunos otros pocos medios lo hacen, pero ni siquiera algunos internacionales serios tienen tiempo -signo del periodismo actual- para ahondar en los titulares que aporta esa justicia española. Ya no es tiempo de aquel Watergate que recuerda los 50 años de la película que lo contó al detalle: Todos los hombres del presidente. Ahora los watergates los hacen, desde fuera. Desde el periodismo y la justicia, si se tercia… contra los presidentes, o contra quienes entorpecen sus objetivos, periodistas que informen, por ejemplo. Preposiciones que lo cambian todo.
Paradigmático el auto de Peinado –nunca le llamo juez porque es una profesión que respeto mucho cuando se cumple con rigor- contra Begoña Gómez. Lo suelta cuando está en el viaje oficial que gira su marido, el presidente del gobierno español, en China. Y hasta Bloomberg le “compra” el titular, aunque sí incluye la respuesta del gobierno: hay motivos políticos en la acusación, dicen. Sin detenerse, por ejemplo, en las efusivas gracias que la organización ultra Hazte Oir. le da a Peinado y congratulándose de que las circunstancias hayan propiciado ese eco internacional que sin duda buscaban, un dato relevante. Imprescindibles artículos, en ElDiario.es como El caso Begoña Gómez: el robo de la nada, el negocio sin lucro, la corrupción sin botín de Ignacio Escolar. La cloaca mediática, en cambio, se desparrama junto a un PP que ha encontrado un filón promocional en X y su algoritmo.
Ahora ya conocen todos los mecanismos. El PP suelta, y sus “portavocías” mediáticas lo difunden. El Español titula: “El PP celebra la caída de Orbán: ”La UE está mejor sin quienes amordazan a jueces, periodistas e instituciones, como Sánchez“. ¡Amordazar a jueces, periodistas e instituciones como Sánchez! De dejar boquiabiertos. Cayetana Álvarez de Toledo fue más allá: calificó a Sánchez como ”el Orbán del Sur“, en la misma línea. Y más patético todavía, cuando un Feijóo, desencajado, se ha apuntado al mismo insulto: Van a por ”el Orban del Sur“ cuando son ellos los que tienen a varios en su seno.
Pedro Sánchez ha vuelto a decir, por el contrario, que “el tiempo pondrá a todo el mundo en su lugar”. Y no, el tiempo, como espera, no hace absolutamente nada: agravar los problemas y lo comprobamos una vez tras otra. En Hungría, “el tiempo” se ha prolongado 16 años, durante los cuales se deterioró al máximo el Estado de Derecho, aumentó la corrupción gubernamental y la pobreza de la sociedad. No se puede esperar que pase el tiempo de brazos cruzados.
La justicia emana del pueblo, según consagra el artículo 117.1 de la Constitución Española. Del pueblo, no solo del PP y ahora también de Vox y la ultraderecha, si nos atenemos a esas asociaciones que tan buena acogida tienen entre algunos jueces, aunque presenten sus querellas con recortes de periódicos de la bulosfera. En rigor, no parece muy lógico que el PP haya controlado la Justicia 22 de los últimos 27 años (decíamos en 2023) gracias a los bloqueos para la elección del Poder Judicial. Lo hizo Aznar, siguió Rajoy y continuaron con la treta Casado y Feijóo . Tampoco es muy airoso que el nuevo Consejo, con una presidenta progresista -se dijo- siga mudo o solo se queje de las críticas ante lo que estamos viendo. Ausencias, exculpaciones, culpabilidades que cuesta explicar desde el punto de vista de lo que entendemos por justicia cualquiera de nosotros: esos, ciudadanos de pleno derecho, de quienes emana la justicia. Por cierto, si Begoña Gómez se ha beneficiado, como dice Peinado, del trabajo de su marido, presidente que viene a ser como el Rey Felón Fernando VII, ¿conocen ustedes a alguien que se haya enriquecido más que el novio de Ayuso trabajando con las empresas sanitarias que ella suele beneficiar con contratos y prebendas como presidenta de Madrid?
Ha habido artículos memorables que aportan información imprescindible, como éste de Jose Manuel Romero que describe a fondo los mecanismos utilizados por la derecha judicial para blindar su cruzada contra el gobierno. Eso es una fuerte contaminación de la justicia. Contenidos de los que grandes medios podrían informar, pero no solo faltan, sino que se permiten bochornosos minutado, por ejemplo, en Telemadrid común en todos sus programas. O en los informativos de grandes cadenas. Vicente Vallés abrió su telediario de Antena 3 el jueves diciendo que por primera vez en la Historia de la humanidad la mujer de un presidente es imputada por corrupción, aunque tampoco dio ni cuantías, ni a quién, ni cómo, ni una prueba. Muy parecido a la bochornosa condena al fiscal general.
Peter Magyar y todos los demócratas húngaros tienen un gran trabajo por delante para recomponer lo dañado todos estos años con Orbán. En su país y con la Unión Europea. De momento ya le han sacado hasta un bulo que va directo a la yugular de su reputación: un libro que no existe, no se ha escrito, ni publicado. No es fácil, pero lo va a intentar. Con sus ciudadanos, los que han pensado por sí mismos para buscar la democracia perdida y su propio bienestar y han dado el primer paso. Cada uno de nosotros debe tener en mente ese objetivo. Contra las trampas y la mala gente. A veces sí se puede, si se quiere. Incluso adelantar el reloj para que el tiempo ponga todo en su lugar antes de que no haya remedio. Feijóo demostraba a mediodía de este martes que no se puede bajar ni un segundo la guardia antes seres tan deleznables como para decir tras aprovechar el auto de Peinado contra Begoña Gómez no por casualidad: “Ni en Hungría las campañas internas de un partido las financia una red de prostíbulos y las gestiona un portero de un club nocturno”.
Tampoco aquí es nada fácil el camino. Entrar en las redes, en los medios, es como cruzar campo a través una explanada por donde silban proyectiles de todo tipo. No han dado ni un día de tregua a la esperanza abierta por los húngaros. Pues habrá que negarse y salir con armadura si es el caso. Al menos, cada vez somos más los que vemos claro el fin de esta ola del desquicie ultra que envuelve el mundo, al menos a este nivel extremo y ni es descartable que caiga en picado en cualquier momento.