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Un cuadro visionario: Brueghel se adelantó 400 años a la ciencia y pintó un murciélago 'gigante' cazando un pájaro

Aunque la costumbre del nóctulo gigante (Nyctalus lasiopterus) de cazar pajarillos en vuelo no ha sido documentada por la ciencia hasta hace menos de un año, el pintor flamenco Jan Brueghel el Viejo la plasmó en un cuadro del siglo XVII, según acaba de revelar un equipo de investigadores españoles. En un trabajo publicado este lunes en la revista PNAS, los autores identifican un cuadro pintado en 1611 que representa el momento exacto en el que el depredador intercepta a su presa en pleno vuelo.

La obra El Aire, que se exhibe actualmente en el Museo de Bellas Artes de Lyon, es una minuciosa y extraordinaria alegoría del medio aéreo que representa más de 60 especies de aves y varios murciélagos. Mientras trabajaba en la identificación de monos y loros en cuadros del pasado, el primer autor del trabajo, Pedro Romero-Vidal, reparó en la presencia de los murciélagos en esta obra. En la esquina superior derecha del cuadro le llamó la atención un detalle: el murciélago llevaba un pájaro en la boca, un comportamiento de los nóctulos que no ha sido documentado por científicas españolas hasta el año pasado.

“Pedro vio los murciélagos y parecía que uno de ellos era un nóctulo que lleva un pájaro en la boca”, explica Miguel Clavero, autor senior del artículo e investigador de la Estación Biológica de Doñana (CSIC). “Se lo pasamos a a Elena [Tena] y a Sonia [Sánchez-Navarro] que habían documentado por primera vez el comportamiento de esta especie y nos confirmaron: efectivamente, eso es un nóctulo”, relata. 

Un comportamiento muy esquivo

Hace un año, ambas coautoras utilizaron diminutos dispositivos que registraban sonido, movimiento y altitud para grabar por primera vez la persecución de un nóctulo gigante a un petirrojo europeo, sus llamadas de alarma y los 23 minutos de masticación mientras el murciélago seguía volando. El trabajo, publicado en octubre de 2025 en la revista Science, confirmaba por primera vez con pruebas una estrategia de caza única que se sospechaba desde hace más de dos décadas por la presencia de plumas en los excrementos de estos murciélagos.

“Fue una sorpresa total”, admite Elena Tena, una de las codescubridoras de este comportamiento. “Después de todo lo que nos había costado descubrir cómo el nóctulo grande era capaz de capturar e ingerir aves en pleno vuelo, de repente nos encontrarnos que ya estaba reflejado en este cuadro. Fue llamativo cuanto menos”. Respecto al animal, señala que hay muchos rasgos que permiten identificarlo como un nóctulo grande, desde el tamaño proporcional al ave, el pelo abundante o el tono de color. Pero, sobre todo, la forma de las orejas y las alas. “Otros tienen orejas más largas o puntiagudas y este las tiene un poco chatas, bastante parecidas a los nóctulos”, explica. “Y las alas, con esa forma estrecha, alargada y apuntada, cuadran totalmente con un nóctulo”.

Aunque la escena pintada hace más de 400 años no coincide exactamente con todos los detalles de cómo hoy sabemos que estos murciélagos procesan a sus presas —arrancándoles las alas y consumiéndolas mientras siguen volando—, la especificidad de la imagen demuestra que el pintor ya conocía este hábito alimenticio, según los autores. “El comportamiento no se parece a lo que Brueghel pinta, los murciélagos no vuelan con los pájaros en la boca como si fueran una rapaz llevando a su presa”, señala Clavero a elDiario.es. 

“Que lo lleve en la boca como una rapaz es inviable, porque los murciélagos de noche se guían por el sonido y emiten llamadas para ubicarse y detectar a la presa”, destaca Tena. En sus registro tienen 23 minutos de sonidos mientras se come al ave en vuelo, con llamadas entrecortadas “como si comiera con la boca llena”. Esto les hace pensar que en la época se conocía que los nóctulos comían pájaros, pero no hubo observaciones directas. “Para ser realista, el murciélago estaría sujetando el ave con las patas traseras y adelantándolas hacia la boca”, explica la experta. 

Teniendo en cuenta que estas cacerías se producen durante la noche, en el periodo de migración de las aves paseriformes a una altitud de más de 1.000 metros, es muy improbable que Brueghel o sus contemporáneos lo vieran directamente. “Cuando el ave nota el contacto se deja caer a plomo y el murciélago es capaz de lanzarse tras ella en una persecución trepidante”, explica Clavero. “Creemos que Brueghel pudo conocer este comportamiento en el tiempo en el que estuvo en Italia, que coincide también con el área de distribución del nóctulo grande. Quizás en las colonias de nóctulo habría restos de pájaros y pudo hacer la conexión, porque la observación directa pensamos que es muy difícil”.

Los investigadores consideran que el hallazgo pone de manifiesto el enorme valor que tienen las obras de arte históricas como fuente de información inédita sobre la biodiversidad del pasado. Gracias a la actual digitalización de las colecciones de los museos, los científicos pueden ahora escudriñar pinturas antiguas para recuperar observaciones sobre la fauna que pasaron desapercibidas en su momento. “Revisar fuentes no convencionales te da muy buena información sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza”, resume Clavero. Y nos permite comprender que descubrimientos que creemos muy nuevos, como que los nóctulos comen aves, ya se conocían. “Los cuadros nos permiten darnos cuenta de eso, de que hay muchos conocimientos que existieron y se perdieron”, concluye.