Jóvenes con el brazo en alto y cantando el 'Cara al sol' para 'reventar' una acampada: “La rebeldía se ha vuelto de derechas”
Chicos y chicas muy jóvenes entonando el 'Cara al sol', haciendo el saludo fascista o con banderas franquistas. Es una de las imágenes que dejó la Fiesta Nacional de este 12 de octubre, con grupos ultras intentando entrar a la acampada por el derecho a la vivienda de la Puerta del Sol. Los ataques, entre insultos a Pedro Sánchez y gritos de “rojo que veo, rojo que pateo”, acabaron con cinco detenidos. Una escena que abre interrogantes sobre qué está llevando a parte de esta generación a enarbolar la simbología que sostuvo la dictadura hace ya más de medio siglo.
Las respuestas no son simples y el fenómeno lleva tiempo bajo la lupa de los investigadores en un contexto de ascenso de la extrema derecha, malestar creciente y difusión del discurso ultra en redes sociales. “No podemos asumir que todos estos jóvenes son franquistas convencidos ni tampoco trivializarlo”, sostiene la politóloga Anna López Ortega, para la que coexisten diferentes “motivaciones”: “Algunos tienen un convencimiento ideológico profundo de ideas autoritarias, pero para otros funciona como una forma de pertenencia o como expresión de la transgresión. La rebeldía se ha vuelto de derechas”.
Más allá de las razones, la autora de La extrema derecha en Europa (Tirant Humanidades) apunta a varios factores que favorecen imágenes como las del domingo: por un lado, el “desconocimiento histórico”, el hecho de que estos jóvenes “no hayan vivido ni experimentado lo que significa una dictadura” ni su realidad y consecuencias “se les hayan transmitido suficientemente”. Por otro, la “resignificación” de este tipo de símbolos, algo que “ha hecho de forma muy hábil la extrema derecha” para presentarlos como “rebeldía o un desafío al supuesto orden establecido”.
Nada de ello es posible sin el tercer elemento, según la experta: la “normalización” política y cultural de los discursos ultra. López Ortega señala que este tipo de mensajes “no nacen de la nada” sino que “encuentran eco” cuando partidos políticos como Vox “relativizan la dictadura, cuestionan consensos democráticos o presentan la memoria histórica como una imposición ideológica”. “Cuando el fascismo se presenta como una broma o un chiste, deja de percibirse como una amenaza a las libertades”, agrega.
Esta “normalización” del franquismo de la que advierten expertos y estudios no es ajena a los datos. Según el CIS publicado a las puertas del 50 aniversario de la muerte de Franco, el 19% de quienes tienen entre 18 y 24 años consideran que los años de la dictadura fueron “buenos” o “muy buenos”, la franja en la que más gente comparte esta opinión por debajo de los 44 años. Aun así, el grado de acuerdo asciende a partir de esa edad y el pico está en el 25% de los mayores de 75 años. Con todo, la variable género es determinante: entre los chicos más jóvenes, la cifra es del 29,7% y cae al 8,7% entre las chicas.
Desde el Consejo de la Juventud de España insisten en que lo ocurrido el 12 de octubre “no puede convertirse en la imagen de la juventud” y aluden a que la simpatía por posiciones reaccionarias “es minoritaria”, en palabras de la presidenta, Sara Villodre. Al mismo tiempo, pone el foco en el “auge de extremismos” como una tendencia que “atraviesa a todas las generaciones y a nivel global” y llama a “afrontarlo colectivamente”. “El problema no es una generación concreta, sino las condiciones sociales y educativas que dejan espacio a estos discursos. Los jóvenes no se polarizan por naturaleza ni son más propensos al odio, pero sí están más expuestas a entornos que lo normalizan”, añade.
“Asistimos a una normalización del fascismo y los jóvenes son un reflejo de lo que hacen los adultos, por lo que es normal que una parte caiga en estos relatos”, coincide el periodista especializado en extrema derecha Miquel Ramos. El experto cree además que el “señalamiento” de la acampada por parte de la derecha ha legitimado a los ultras a acudir a Sol. Dos días antes del 12-O, Ayuso llamó “terroristas” a los acampados y lleva semanas intentando forzar su desalojo, presentando la protesta como un problema de orden público. El 3 de octubre, miembros de Núcleo Nacional ya intentaron entrar en la acampada.
Conectar con los malestares
El marco en el que todo esto ocurre es el de un “desplazamiento progresivo hacia la derecha” de los más jóvenes, dice el director de investigación de opinión pública de Ipsos España, Paco Camas. Aunque según el último CIS, el voto a Vox de los hombres que tienen entre 18 y 24 años ha caído con respecto al pico de hace un año, el partido de Santiago Abascal sigue teniendo amplio respaldo. “Los jóvenes nunca han sido tan derechas y eso puede llegar a traducirse en actitudes reaccionarias”, analiza el especialista.
La brecha de género entre simpatizantes o posibles votantes jóvenes es una realidad, pero según López Ortega “en el último año se observa que algunos discursos empiezan a calar entre ellas también”, algo que, asegura, “debemos seguir observando e investigando”. “No podemos confundir una imagen de una manifestación con la fotografía general de la juventud ni convertirlo en un estereotipo: ni todos los chicos son reaccionarias ni todas las chicas son inmunes a la extrema derecha”.
Con todo, las voces expertas consultadas creen que es clave cómo la ultraderecha “ofrece soluciones sencillas a problemas complejos” y conecta con “malestares juveniles” como la sensación de crisis, la escasez de expectativas ante el futuro o la idea de sentirse agraviados por el feminismo. Por eso, más que una deriva nostálgica, el franquismo puede llegar a presentarse como un ideal de “orden y seguridad” prometidos frente a una democracia “que no resuelve sus problemas”. “La derecha es muy eficaz transformando frustraciones en resentimiento mediante la construcción de enemigos”, afirma la politóloga.
Si hay un lugar en el que estos discursos proliferan son los entornos digitales, donde están “emergiendo y consolidándose” las narrativas franquistas, de acuerdo con el artículo Nostalgia Pop: Análisis de la representación del franquismo en TikTok, publicado en la revista Historia y Comunicación Social. El trabajo destaca cómo los perfiles que crean estos mensajes son mayoritariamente anónimos y se “camuflan” dentro del propio lenguaje de la plataforma: a través de memes, música y referencias virales en clave de entretenimiento y humor.
Además, dado que la audiencia joven no vivió la dictadura, la investigación alude a que no suelen mostrarse relatos ni recuerdos individuales de la época, pero sí se construye “una memoria colectiva” basada en la repetición de símbolos “socialmente legitimados” como la bandera del águila o la carlista y el 'Cara al sol'. “Los principales canales de infección reaccionaria de los jóvenes son los adultos, ya sean familiares, medios o redes sociales, en los que el fascismo se siente impune y los propietarios de plataformas no tienen ningún compromiso en este sentido. Hay un ecosistema tóxico del que la juventud es receptora”, concluye Ramos.
Gráficos elaborados por Yuly Jara.