De 19 metros de altura y estilo medieval, la torre del castillo de esta pequeña localidad gallega es uno de sus símbolos

El símbolo inconfundible de Vilanova dos Infantes es su torre del homenaje, una estructura de estilo medieval que alcanza los 19 metros de altura sobre la colina central de este pintoresco pueblo de la provincia de Ourense. Esta fortaleza representa la identidad de una localidad levantada sobre una estructura castreña de calles empedradas. Con su planta cuadrada de más de nueve metros de lado y muros de dos metros de grosor, la edificación domina el paisaje comarcal recordando el gran prestigio histórico de este enclave. Declarada Bien de Interés Cultural en 1994, la torre permanece en pie como testimonio arquitectónico y memoria viva.

Los orígenes del recinto se remontan al siglo X, cuando el conde Gutierre Menéndez ordenó levantar un castillo para proteger la comarca. La trayectoria de la fortaleza estuvo vinculada a la alta nobleza eclesiástica de Galicia. Hacia el año 940, la condesa Ilduara Eriz y su hija Adosinda, madre y hermana de San Rosendo, fundaron el célebre monasterio de Santa María de Vilanova. A este recinto religioso se retiró Ilduara durante su viudez, impulsando el desarrollo urbano del entorno. Tiempo después, la propiedad monástica se anexionó al gran monasterio de Celanova como priorato, trasladando a las religiosas hacia Allariz y consolidando el pleno dominio celanovés sobre la comarca en todo el territorio circundante.

A lo largo de la Baja Edad Media, la torre de Vilanova dos Infantes desempeñó un papel militar decisivo en el control del territorio. Su pertenencia al monasterio de Celanova se mantuvo ininterrumpida hasta 1369, cuando el rey Enrique II confiscó la propiedad para entregársela a Juan Rodríguez de Biedma. Posteriormente, la fortaleza pasó por herencia a la Casa de Monterrey, entrando en intensos pleitos con la familia Lemos. Por su estratégica ubicación fronteriza, la estructura se convirtió a mediados del siglo XVII en una pieza clave durante las luchas hispano-portuguesas, siendo reformada para reforzar la seguridad de la población comarcal ante los constantes vaivenes geopolíticos en todo el ámbito comarcal.

El acontecimiento bélico que marcó la fisonomía del edificio ocurrió durante la convulsa Gran Revuelta Irmandiña del siglo XV. En el año 1467, los vecinos e irmandiños alzaron sus armas contra los abusos señoriales y derribaron por completo la fortificación. A pesar de la contundencia del ataque rebelde, la estructura fue reconstruida tras el conflicto, manteniéndose entre las fortalezas principales de Galicia. Recientes estudios arqueológicos sacaron a la luz el basamento interior de la torre original, mientras que en la edificación actual se aprecian los canzorros de piedra que sustituyeron a los salientes primitivos para consolidar sus robustos muros defensivos en defensa del patrimonio local frente a cualquier amenaza posterior.

A partir del siglo XIX, la función original del inmueble sufrió una profunda transformación administrativa que garantizó su conservación. Tras los procesos desamortizadores de Mendizábal, la torre fue adaptada para albergar las dependencias de la Casa Consistorial. El edificio sirvió como sede oficial del Ayuntamiento de Vilanova dos Infantes hasta enero de 1927, fecha en que el municipio se agregó a Celanova. Esta constante reutilización institucional evitó el abandono de la piedra. Tras una cuidadosa restauración en el año 2000, el monumento abrió sus puertas como Centro de Interpretación comarcal, acogiendo una muestra permanente de historia, geografía y etnografía local que dinamiza la vida cultural de la villa.

Más alicientes

El valor patrimonial del enclave no se limita a su torre defensiva, sino que se extiende por la singular arquitectura de su casco urbano. Alrededor de la colina se despliega un caserío típico repleto de hórreos tradicionales de estilo fisterrán, caracterizados por ser alargados y construidos en sólida cantería sobre pilares de piedra para proteger las cosechas. Asimismo, la villa conserva vivo el recuerdo de su tradición artesanal gracias al emblemático gremio de los zapateiros, oficio que fue el principal motor económico durante siglos. En las inmediaciones se halla la enigmática Cueva de San Vivián, antigua bodega y eremitorio medieval que hoy acoge el centro de interpretación del calzado para el deleite de vecinos y visitantes.

El legado de Vilanova dos Infantes se completa con un riquísimo patrimonio etnológico y religioso que atrae cada año a numerosos visitantes. En la iglesia parroquial se custodia un valioso Cristo medieval tallado en madera, pieza artística de notable mérito histórico en la provincia de Ourense. La devoción popular alcanza su cima durante la celebración festiva de la Virgen del Cristal cada mes de septiembre, jornada en la que los vecinos ejecutan una ancestral danza gremial de origen medieval. Esta célebre procesión, inmortalizada en versos por el insigne poeta Manuel Curros Enríquez, reafirma la identidad cultural de esta villa gallega coronada por su majestuosa torre del homenaje como símbolo imperecedero de Galicia.