Un análisis de ADN reveló que hace más de 5.000 años ya existían las “familias mixtas”

Hijos de relaciones anteriores que crecen como hermanos en una nueva familia, parejas que deciden adoptar… Que la familia es algo que va mucho más allá de la genética es una idea que se ha consolidado como una realidad reconocida. Así, las llamadas familias “reconstituidas” se han considerado durante mucho tiempo como algo propio de la modernidad. 

Sin embargo, una nueva investigación pone en duda esta afirmación, y señala que las familias “mixtas” también existían hace miles de años. Es la conclusión a la que ha llegado un estudio de ADN antiguo en las comunidades neolíticas de Europa Central, liderado por investigadores de la Universidad de Kiel y publicado en la revista Science.

“Podemos demostrar que, incluso hace más de 5.000 años, la gente de Europa Central vivía en comunidades donde los lazos biológicos y los vínculos sociales eran sorprendentemente flexibles”, explica el profesor Ben Krause-Kyora, experto en análisis de ADN antiguo del Instituto de Biología Molecular Clínica (IKMB) de la Universidad de Kiel y coordinador del estudio.

Los investigadores analizaron el ADN de un total de 203 individuos neolíticos, la mayoría recuperados de tumbas megalíticas vinculadas a la cultura Wartberg en la actual Baja Sajonia, Hesse y Renania del Norte-Westfalia. Los análisis demostraron que las personas enterradas en la misma tumba no necesariamente estaban emparentadas biológicamente.

Esto sugiere que la sociedad neolítica de Europa Central podía integrar a todo tipo de individuos sin parentesco en grupos sociales duraderos. En este sentido, los investigadores creen que la familia en aquella época no era una unidad fija marcada por la genética, sino algo que se iba construyendo a través de la experiencia y las relaciones sociales de las personas. 

Comunidades fragmentadas y más flexibles

“Los lazos sociales también parecen haber influido en quiénes eran enterrados juntos en una tumba. Esto resulta sorprendente, porque estudios de tumbas megalíticas en Irlanda o Suecia sugieren entierros comunitarios de familias nucleares biológicas. Sin embargo, en los yacimientos que investigamos, nos encontramos ante tumbas de comunidades fragmentadas”, señala Almut Nebel, profesora del IKMB y coautora del estudio. 

Uno de los hallazgos más sorprendentes de esta investigación tiene que ver precisamente con esa fragmentación de las comunidades neolíticas. Las familias eran mucho más móviles de lo que se pensaba hasta ahora, tal como demostró la tumba megalítica de Sorsum. Allí, los investigadores encontraron los restos de un joven cuyo padre biológico había sido enterrado en la tumba de Niedertiefenbach, a 250 kilómetros más al suroeste.