Construida en 1852, aunque se llama “La escocesa” está en Barcelona y es de los recintos fabriles más antiguos de este barrio
En el corazón del barrio barcelonés del Poblenou se alza La escocesa, testigo de la industrialización de Barcelona construido en 1852. Este imponente recinto fabril destaca por ser uno de los más antiguos que aún se conservan en este emblemático barrio, que en su época de mayor esplendor fue conocido popularmente como el Manchester catalán. En sus inicios, las naves que componen el complejo se diseñaron y destinaron a la elaboración de diversos productos químicos que eran fundamentales para los procesos de acabado de la potente industria textil de la capital catalana. La factoría no solo representaba el espíritu de progreso de la época, sino que también se convirtió en una pieza clave del engranaje fabril barcelonés, marcando el inicio de una larga trayectoria que definiría la identidad física y social de todo su entorno urbano durante las siguientes décadas.
El nombre de La escocesa tiene un origen histórico muy particular ligado a la llegada de capital extranjero en el siglo XIX. En el año 1894, el industrial de origen escocés John Shields decidió alquilar las naves centrales del recinto para establecer la firma Johnston, Shields y Compañía. Esta empresa se especializó en la fabricación de cortinas y encajes de alta calidad, trayendo consigo patentes innovadoras basadas en la manufactura del punto de crochet, una técnica sumamente novedosa para la época. La presencia y el éxito comercial de esta compañía textil fueron de tal magnitud entre los vecinos del barrio que el complejo entero terminó adoptando popularmente el apelativo de La escocesa.
A lo largo de su historia productiva, las instalaciones de La escocesa albergaron a cientos de trabajadores y artesanos dedicados a la manufactura textil y la química pesada. En su periodo de mayor actividad, alrededor de 170 obreros trabajaban diariamente en las naves, produciendo cortinajes, mantelerías y diversas telas que se distribuían por todo el territorio nacional. Sin embargo, la fábrica también vivió momentos oscuros marcados por la agitación social y el pistolerismo característicos de la Barcelona de los años treinta. En julio de 1936, pocos días antes del estallido de la guerra civil, el gerente de la fábrica fue trágicamente asesinado por pistoleros pertenecientes a un grupo anarquista. Este violento suceso dejó una profunda huella en la memoria local y reflejó las tensiones laborales que sacudían a la sociedad de aquel entonces.
El declive de la actividad industrial tradicional afectó gravemente al sector textil barcelonés durante la segunda mitad del siglo XX, y La escocesa no fue una excepción. Debido a una profunda crisis en la industria, la empresa Johnston, Shields y Compañía se vio obligada a cesar de manera definitiva todas sus operaciones en el año 1984. A pesar del inminente cierre, los propios obreros decidieron organizarse y unirse para mantener viva la producción y el espíritu de la fábrica a través de la creación de la cooperativa Lace Bobinet. Bajo esta fórmula de autogestión y resistencia laboral, la actividad fabril dentro del recinto se prolongó con esfuerzo hasta el año 1998. Con la posterior disolución de la cooperativa y el desalojo de las naves, se cerró el último capítulo manufacturero de este histórico baluarte industrial del Poblenou.
Tras el cese de la actividad productiva el recinto entró en una fase de abandono y deterioro que amenazaba su propia existencia. No obstante, a partir de 1999 el espacio vacío comenzó a ser ocupado espontáneamente por artistas de diversas disciplinas que buscaban talleres económicos, convirtiéndolo en un punto de encuentro creativo. En 2006, la empresa inmobiliaria Renta Corporación adquirió los terrenos con la intención de demoler las estructuras para construir oficinas y bloques de viviendas residenciales. La firma pactó con los creadores el desalojo del complejo, que quedó completamente vacío a finales de 2007. La inminente desaparición de este valioso patrimonio arquitectónico industrial desató la preocupación de los vecinos y colectivos que luchaban por preservar la historia física del Poblenou.
Arte autogestionado
La salvación de La escocesa llegó en 2007, cuando el ayuntamiento aprobó un plan de renovación urbana para proteger el conjunto, catalogándolo como Patrimonio Industrial y Bien Cultural de Interés Local. Las autoridades municipales establecieron que dos naves del complejo, con una superficie total de 2.400 metros cuadrados, se destinarían a uso público dentro del programa de Fábricas para la creación artística. A principios de 2008, el consistorio cedió la gestión provisional de este nuevo espacio cultural a la Associació d'Idees, un colectivo de artistas residentes que asumió la tarea de autogestionar el recinto. Esta intervención pública impidió el derribo del solar y garantizó que los muros que antes albergaban maquinaria pesada se convirtieran en espacios dedicados por entero a la libre expresión y el arte de vanguardia.
En la actualidad, La escocesa se consolida como un exitoso centro público de residencias artísticas y producción de arte contemporáneo que da cobijo a más de treinta creadores. El espacio se define como una fábrica abierta de creación analógica donde se promueven valores de inclusión, horizontalidad y feminismo interseccional. El complejo ha seguido evolucionando físicamente y, en el año 2024, se inauguró la rehabilitación de la emblemática nave Foseco, destinada a nuevos talleres y a una moderna sala de exposiciones. Con varias reformas en el horizonte, hoy en día los antiguos muros de ladrillo de este histórico recinto fabril simbolizan la unión perfecta entre el pasado industrial de Barcelona y la vibrante vanguardia artística comunitaria que define al barrio del Poblenou.