Con doble línea de murallas y dos aljibes tallados en la roca, es uno de los castillos más impresionantes de Castilla-La Mancha

El de Atienza es todo un imponente castillo que se erige majestuoso en lo alto de un peñón rocoso en la provincia de Guadalajara. Esta fortaleza medieval, situada en la parte más elevada del pueblo, es el monumento más representativo de la zona. Su silueta domina el horizonte y da la bienvenida a todos los viajeros que se aventuran por esta región. Se trata de una de las construcciones militares más impresionantes de toda Castilla-La Mancha por su imponente porte. Levantada sobre una gran mole de roca caliza, la estructura se adapta perfectamente a la planta disponible en el cerro.

Desde su posición privilegiada, el castillo vigilaba un radio de varios kilómetros de los vastos campos castellanos. Es un destino imprescindible para quienes buscan sumergirse en la historia y la magia de nuestro pasado medieval. Su presencia altiva sobre el caserío de la villa crea una estampa visual que resulta casi inolvidable para el visitante.

La historia de este enclave se remonta a tiempos antiguos, habiendo sido ya ocupado por los pueblos celtíberos. Posteriormente, los árabes construyeron una fuerte alcazaba que sirvió como un puesto militar estratégico de avanzada. Durante la Reconquista, el castillo fue objeto de disputa y cambió de manos en numerosas ocasiones históricas. Figuras como Alfonso III, Almanzor y Sancho García marcaron el destino de esta mítica “peña muy fuerte”. Y es que es precisamente con ese nombre como aparece citado en las páginas del famoso Cantar de Mío Cid.

Alfonso I de Aragón lo tomó definitivamente, consolidando su importancia estratégica en la frontera de las dos Castillas. El recinto refleja el espíritu de resistencia de una época tumultuosa marcada por constantes batallas y asedios. Su valor estratégico como zona de paso propició un crecimiento notable de la rica villa de Atienza.

Uno de los elementos defensivos más destacados de la fortaleza es su característica doble línea de murallas. Este sistema defensivo se divide en dos cintos que en su día cerraban y protegían el corazón de la villa. El primer cinto abrazaba el núcleo del pueblo, conservando hoy algunos paramentos de sillería y portones originales. Por fuera de este, se extendía otra muralla más ancha que rodeaba todo el entorno estratégico del cerro. Esta doble protección se adapta con precisión a la morfología estrecha y alargada de su promontorio rocoso.

A los pies del promontorio, otra parte del castillo albergaba diversas instalaciones rodeadas de antiguos muros. Aunque hoy solo quedan restos testimoniales, las murallas evidencian la enorme importancia militar que tuvo el enclave. En el interior del recinto superior se ocultan prodigios de ingeniería medieval como sus dos aljibes. Estos depósitos rectangulares fueron tallados directamente en la roca del peñón para recoger el agua de lluvia. El mayor de ellos fue construido originalmente durante la época islámica para soportar los largos asedios enemigos. Ambos conservan parcialmente el arranque de sus cubiertas abovedadas realizadas con el tradicional ladrillo. Estos aljibes profundos garantizaban la supervivencia de los habitantes cuando la fortaleza era cercada por tropas. La capacidad de almacenar agua en una cima tan árida convertía al castillo en un lugar prácticamente inexpugnable.

La espléndida torre del homenaje se levanta en el extremo meridional como la imagen viva de Atienza. Se trata de una estructura sencilla de planta rectangular que cuenta con tres pisos y una amplia terraza superior. Una escalera integrada en el muro permite ascender hasta la parte más alta para vigilar todo el valle cercano. Desde su terraza se contemplan vistas espectaculares del pueblo y las majestuosas montañas del Sistema Central. Como detalle defensivo singular, la torre cuenta con un garitón volado situado en su esquina más meridional. Su silueta recortada contra el cielo castellano es la parte más reconocible y fotografiada de todo el conjunto.

La memoria colectiva de Atienza guarda con orgullo el episodio histórico de la famosa Caballada local. En el año 1163, los arrieros de la villa salvaron al niño rey Alfonso VIII de un peligroso asedio leonés. Lo sacaron de la fortaleza oculto entre sus recuas para ponerlo a salvo en un acto de gran valentía. En agradecimiento, el monarca instituyó la Cofradía de la Santísima Trinidad, que aún perdura en la actualidad. Este suceso marcó la identidad de una localidad poblada históricamente por numerosos y leales arrieros y mercaderes. El castillo no solo fue escenario de batallas, sino también una importante prisión de estado para nobles. El Duque de Calabria fue uno de los prisioneros destacados que se alojaron tras sus gruesos muros de piedra. Posteriormente, las tropas francesas saquearon el recinto durante la Guerra de la Independencia, dañándolo seriamente.

Series y películas

En la actualidad, la fama del castillo ha traspasado fronteras gracias a su aparición en la cultura popular. Y es que Juego de Tronos eligió Atienza para promocionar uno de sus icónicos tronos de hierro. Esta conexión cinematográfica ha atraído a una nueva generación de visitantes fascinados por su estética medieval. Pero no es la única producción, ya que el pueblo ha sido escenario de varios clásicos del cine español. Obras como El viaje a ninguna parte han aprovechado su ambiente histórico para recrear épocas pasadas. La serie Entre tierras también ha rodado escenas en este entorno cargado de una belleza rústica única.

El castillo se integra perfectamente en el paisaje natural, ofreciendo rutas ideales para los amantes del senderismo. Visitar Atienza es descubrir una auténtica ciudad museo donde el medievo se respira en cada una de sus esquinas. Además del castillo, el viajero puede explorar 16 iglesias antiguas y museos de un gran valor artístico. El acceso al castillo es gratuito y se puede realizar todos los días siguiendo un empinado camino de tierra. Tras la visita, la gastronomía local ofrece delicias como los famosos jamones y embutidos naturales de la sierra. Pasear por la Plaza del Trigo y cruzar el Arco de Arrebatacapas completa una jornada cultural que resultará… inolvidable.