Construida entre los siglos XIII y XIV, bajo esta fortaleza gaditana se han hallado materiales de épocas tartésicas, púnicas y romanas

El conocido como Castillo de los Guzmanes es una de las páginas más antiguas de la historia de Trebujena, localidad de la provincia de Cádiz. Esta imponente fortaleza fue construida entre los siglos XIII y XIV bajo el mandato de Alonso Pérez de Guzmán y cuya edificación respondió a una necesidad estratégica de defender el territorio recién conquistado frente a posibles ataques. La estructura original se basó posiblemente en una torre vigía previa que servía para controlar el paso de enemigos. Desde sus muros se establecía comunicación visual con otros enclaves defensivos de la zona como Sanlúcar de Barrameda.

Con el paso de los siglos este baluarte, oficialmente llamado Castillo del Altozano, ha sido testigo de la evolución social y económica del municipio. Hoy en día el recinto ha sido recuperado para albergar el Centro de Interpretación de la Historia, un orgullo para la localidad al mostrar su patrimonio y las raíces profundas que definen la identidad de sus habitantes.

Situado en el corazón del casco urbano actual, el castillo dominaba antaño una vasta extensión de tierras fértiles. Su ubicación estratégica permitía vigilar la desembocadura del río Guadalquivir y las marismas que rodean la población. El complejo funcionaba como un bastión defensivo vital para proteger la riqueza agrícola y el poder militar local. En aquella época la protección del territorio era fundamental debido a los constantes conflictos de carácter económico. La fortaleza formaba parte de una red de torres que garantizaba la inexpugnabilidad de la región gaditana. Originalmente la construcción presentaba una sola puerta de acceso situada en la actual Plaza del Altozano. Este acceso principal estaba flanqueado por dos robustas torres en las esquinas que facilitaban su defensa táctica.

De esta manera, el castillo de Trebujena se consolidó como una pieza clave en el tablero militar de la Andalucía medieval. La arquitectura del castillo destaca por su planta cuadrangular de aproximadamente 16 por 16 metros de perímetro. Para su construcción se empleó piedra del lugar y una técnica de argamasa de tierra prensada muy robusta. Los muros alcanzan un grosor considerable de hasta un metro y medio para asegurar la resistencia estructural. Curiosamente, la fortaleza no posee cimientos propios sino que arranca directamente del firme calizo del terreno. Actualmente se conservan los cuatro lienzos de muralla originales que definen el recinto interior de la edificación.

En la esquina suroeste aún se pueden apreciar los vestigios de un antiguo torreón de vigilancia medieval. Aunque el entorno ha cambiado, el camino de ronda almenado sigue siendo visible desde las plazas circundantes. Estos elementos arquitectónicos narran por sí mismos la evolución de las técnicas constructivas de la Edad Media. Las excavaciones realizadas en el año 2006 han revelado que el sitio posee una riqueza arqueológica excepcional. Bajo el suelo del castillo se han hallado materiales que datan de épocas tartésicas, púnicas y romanas. Estos restos indican que la zona fue un enclave comercial importante vinculado al antiguo Portus Tarbissana.

Los arqueólogos han documentado también la presencia de cerámica andalusí mudéjar y de la era contemporánea. En el interior se descubrieron estructuras singulares como un pozo de agua y varios silos de almacenamiento. Incluso se identificó un antiguo basurero que aporta datos valiosos sobre la dieta y costumbres pasadas. Estos hallazgos permiten reconstruir el registro histórico económico y social de Trebujena a través de los siglos.

A lo largo de su dilatada existencia, el Castillo de los Guzmanes usos diversos. Fue residencia oficial del alcaide obrador de arropes y guarda del archivo de la Casa Ducal de Medina Sidonia. Su importancia era tal que en el siglo XVII custodiaba parte de la contaduría de los duques. Sin embargo, tras el alzamiento de Andalucía contra Felipe IV, la fortaleza inició un periodo de desgaste. El endeudamiento de la Casa Ducal provocó que muchas de sus propiedades cayeran en un progresivo abandono. Durante los siglos XIX y XX el edificio fue utilizado incluso como vivienda particular por algunos vecinos. En 1966 el ayuntamiento adquirió finalmente la propiedad tras comprársela a la familia Villagrán Galán. Este cambio de titularidad marcó el inicio de una nueva etapa orientada a la conservación del patrimonio local.

Dignidad recuperada

Durante gran parte del siglo XX el interior de la fortaleza albergó la Plaza de Abastos municipal. Para adaptar el espacio se realizaron diversas reformas que ocultaron temporalmente la estructura medieval original del castillo. Una sala abovedada anexa llegó a funcionar incluso como cámara frigorífica para los productos del mercado. No fue hasta principios del siglo XXI cuando se decidió recuperar el valor histórico de este emblemático monumento. A través del proyecto CULTURCAD se demolió el mercado para dejar el espacio interior lo más diáfano posible. La rehabilitación permitió integrar elementos modernos como estructuras acristaladas que dejan ver el coronamiento de los muros. Gracias a estos trabajos el castillo ha recuperado su dignidad y se ha abierto de nuevo al público.

El actual Centro de Interpretación ofrece un recorrido fascinante por la historia y la cultura de Trebujena. En la planta baja los visitantes pueden explorar paneles informativos y ver de cerca los hallazgos arqueológicos. Este nivel se centra en explicar el origen de la fortaleza y su estrecha relación con el pueblo. La primera planta está dedicada a los paisajes culturales y las actividades económicas tradicionales de la zona. Aquí cobran protagonismo la viña, el río Guadalquivir y la rica fauna de las marismas cercanas. Se rinde homenaje a los riacheros y a quienes han vivido históricamente del cultivo de la tierra albariza. El centro utiliza recursos modernos para sumergir al público en las vivencias y costumbres de la localidad. Es una visita obligada para comprender la esencia de esta tierra.

La recuperación del castillo ha supuesto un impulso vital para el turismo y la promoción de Trebujena. Desde su mirador en la planta superior se obtienen vistas panorámicas inigualables del paraje natural circundante. La fortaleza y su dilatada historia se integran perfectamente en el conjunto urbano caracterizado por la blancura de sus calles.