Élisabeth Vigée Le Brun, la pintora que retrató la opulencia de María Antonieta
A lo largo de la historia, pocas mujeres consiguieron ser reconocidas como artistas de pleno derecho e incluso celebradas por su talento. No ha sido hasta hace relativamente poco que se han empezado a reivindicar las mujeres artistas y a reconocer su obra. Una de las pocas que sí lo consiguió en su propia época fue Élisabeth Vigée Le Brun.
Conocida principalmente por ser la retratista oficial de Maria Antonieta, esta pintora francesa fue testigo del período más agitado de la historia de Francia. Tras reflejar en sus obras la opulencia de la corte de Versalles, fue testigo de la Revolución Francesa y documentó la transición del Régimen Antiguo hacia el Imperio y la Restauración.
Hija de un pintor
Élisabeth Vigée Le Brun nació en 1755. Su padre, Louis, era pintor retratista y profesor de la Academia de San Lucas, por lo que la joven Élisabeth pudo observar su trabajo. Sin embargo, su padre murió cuando ella tenía 12 años, por lo que su fomración artística corrió a cargo de Davesne y Doyen de Briard, gracias a los que entró en contacto con las colecciones reales de pintura.
En 1774, no sin oposición por parte de algunos hombres, fue nombrada miembro de la Academia en la que trabajó su padre. Dos años más tarde se casó con el marchante de arte Jean-Baptiste Le Brun y consiguió el encargo de pintar a hermano del rey Luis XVI. Así se le abrieron las puertas de los círculos cortesanos.
La favorita de María Antonieta
En 1779 pintó el famoso retrato de la reina María Antonieta con traje de satén y una rosa en la mano. Poco después, la reina la eligió su pintora favorita, y posó para ella en diversas ocasiones para varios retratos, incluido uno en el que María Antonieta aparece con sus hijos. Gracias a la influencia real, Vigée Le Brun fue nombrada miembro de la Real Academia y se convirtió en la retratista favorita de la alta aristocracia en el París prerrevolucionario.
Su estilo positivo y optimista encajó con el estilo de vida de una corte despreocupada. Pero, cuando estalló la Revolución Francesa, su proximidad con la reina la puso entre la espada y la pared, ya que fue acusada de recibir favoritismos.
Doce años en el exilio
Para poder salvar su vida, Élisabeth Vigée Le Brun, y ya separada de su marido, tuvo que huir de Francia. Pasaría, en total 12 años en el exilio. Estuvo en Italia y, más tarde, pasó dos años en Viena. Su periplo europeo la llevó a las cortes de Praga, Dresde y Berlín, para recalar finalmente en San Petersburgo, donde permaneció seis años. Más tarde pasaría también unos años en Londres y en Suiza, donde realizó otro de sus famosos retratos, el de la famosa salonnière Madame de Staël
Tras volver a París en diversas ocasiones, se asentó en la capital francesa definitivamente cuando tenía 50 años. Pocos años antes de su muerte en 1842 se publicaron sus memorias, tituladas “Souvenirs” (Recuerdos). Gracias a estos escritos podemos conocer detalles del estilo de vida de la nobleza y la alta burguesía europea, vistos desde la perspectiva de una mujer de clase trabajadora que, a pesar de sus orígenes humildes, se ganó su prestigio con su arte.
Hoy en día, se reconoce a Vigée Le Brun como una de las mejores pintoras de su época y una de las pintoras más importantes de la historia. Sus obras se pueden ver en los museos más importantes del mundo, como el Louvre, el Hermitage, el Prado y el Metropolitan.