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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Asesinos de hombres

Una sesión del juicio

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Hay diferencias entre los asesinos de hombres en Roma y en Bilbao. También en cómo reaccionan sus sociedades. Comparemos:

ROMA (1). El libro 'La ciudad de los vivos' cuenta el caso del asesinato del joven Luca Varani (23) a manos de Marco Prato y Manuel Foffo (29) en Roma en marzo de 2016. Prato y Foffo, tras varios días drogándose y bebiendo en casa de Foffo, asesinan al joven Luca, al que habían llamado para que acudiera a la casa, y se ensañan cruelmente con él. Los asesinos confiesan, Prato se intenta suicidar sin conseguirlo, son detenidos e interrogados, el caso se hace mediático y sus puntos más escabrosos se difunden sin rubor ni privacidad. Los criminales son de clase acomodada y mantienen una equívoca relación sexual, mientras que Luca Varani, adoptado y del extrarradio y con novia, se prostituye. Marco Prato es una persona manipuladora, le gusta tener relaciones sólo con hombres heterosexuales, se traviste y proclama de continuo su voluntad de cambiar de sexo. Manuel Foffo vive obsesionado con el odio a su padre, frustrado tras sus fracasos profesionales y personales. El periodista Nicola Lagioia sigue el caso, primero por encargo y después por obsesión. Todo ello sucede en una Roma decadente, casi pútrida, un espacio que también es mítico e inalterable, de cuya historia milenaria, su caos sempiterno, su corrupción y burocratización y clasismo viene a surgir el abismo del mal que envuelve el caso. O así se sugiere. Dice Lagioia en la frase del texto de la cual se extrae el título del libro:

“¿Estábamos acaso tan acostumbrados al desastre que no podíamos escapar de él? ¿Formábamos parte de él? Por un lado, están las ciudades de los vivos, pobladas por muertos. Y por otro están las ciudades de los muertos, las únicas donde la vida todavía tiene sentido”.

BILBAO (1). Entre 2020 y 2021, Nelson David Moreno Bolaños, de origen colombiano y que había llegado a Bilbao en 2019, comienza a realizar estafas económicas. Pero a partir de septiembre de 2021 establece un patrón delictivo con usuarios de aplicaciones de móvil para contactos entre hombres, fundamentalmente Wapo, que, peculiarmente, es la de mayor uso en la ciudad frente a otras más populares. En octubre de 2021 asesina a un hombre en su vivienda de Bilbao tras adormecerlo o asfixiarlo. Después vacía sus cuentas bancarias en transferencias y hace compras de lujo. El caso se clasifica como muerte natural. Durante varias semanas hay varios casos más de hombres que mueren sin razones aparentes y en circunstancias similares: viven solos, mueren en su casa sin signos de violencia, y… de sus cuentas bancarias también desaparece dinero, de lo cual los familiares son conscientes. Sin embargo, en diciembre una cita no le sale bien: la víctima se percata de que Moreno Bolaños le quiere asfixiar por la espalda, se resiste con violencia y consigue escapar. Moreno Bolaños huye de la casa, pero se olvida la mochila con el pasaporte y frascos de GHB. En abril de 2022, la Ertzaintza conecta esta mochila con las denuncias de estafa tras las muertes previas de hombres en sus casas sin aparentes problemas de salud. La noticia se filtra al periódico local de mayor difusión ('El Correo') y posteriormente es publicada por todos los medios nacionales. El 5 de mayo Nelson David Moreno Bolaños se entrega voluntariamente en la comisaría de la Ertzaintza en Irún. Es encarcelado de manera inmediata sin fianza.

ROMA (2). La fascinación del periodista Nicola Lagioia por el caso procede en parte, según su propia explicación en el libro, de su propia juventud salvaje en que sus excesos, atribuidos a la desestructuración de su familia, pudieron sin demasiada dificultad haber acabado en una muerte fortuita y un problema severo para él. Al hablar de su aproximación al hecho y de los logros de su narración, se ha mencionado reiteradamente el ejemplo de Truman Capote ('A sangre fría') y Emmanuel Carrère ('El adversario'), ambos también relatos de no ficción sobre asesinatos muy violentos y mediáticos que los autores pudieron seguir de cerca y con una importante implicación. No obstante, los tres casos son diferentes y aunque esto condiciona por supuesto cada libro, no lo hace tanto como la personalidad de cada escritor. Carrère es siempre protagonista principal de sus libros hasta cierta asfixia (Lagioia no llega a tanto); los protagonistas asesinos de Capote son también homosexuales con problemas, pero también lo es el autor, cuya fascinación por el caso parece ir acumulando una enfermiza tensión sexual de imposible resolución que Lagioia (que sólo entra en contacto con uno de los asesinos por carta) no tiene ni es susceptible de tener; Lagioia está interesado en un tipo de narración mucho más fragmentada en el punto de vista, en el espacio y en el tiempo, con una estructura hoy muy reconocible tanto en el 'noir' como en muchísima más narrativa. El inicio recuerda a James Ellroy hasta el punto de que alguna vez cerré el libro en sus primeras 150 páginas deseando una adaptación cinematográfica que me ahorrara centenares de páginas. La narración alcanza cierto paroxismo en su imparable sucesión de hechos, personajes, conversaciones y mensajes, pasados, alternados con momentos de reflexión sobre los significados simbólicos de lo sucedido y de su posterior eclosión mediática. No falta de nada: padres entrevistados en televisión, prostitución masculina por parte de un chico modélico con doble vida, hijos de clases sociales superiores de vida alegre divirtiéndose con la muerte de un joven trabajador y que contratarán excelentes abogados, sociedad homófoba y homosexualidad pervertida y asesina, etcétera:

“Me esforzaba por comprender, pero era como mirar dentro de un pozo después de la puesta de sol, y fue quizá porque en la oscuridad uno cree ver las cosas más absurdas, o se presienten las más interesantes, por lo que llegué a pensar que era la historia, en su intrínseca maldad, la que lo distorsionaba todo; pensé que esa entidad tenía una voluntad propia, unos intereses propios: el mal llama al mal y ciertas formas retóricas son sus instrumentos de contagio; de manera que el mal nos saca de quicio, seguí pensando, juega a confundirnos, usa esquirlas de realidad para convencernos de cosas que no son ciertas”.

BILBAO (2). Hasta la fecha (agosto de 2026), Nelson David Moreno Bolaños ha sido condenado en juicio por los hechos mencionados en tres ocasiones: el intento de homicidio del hombre que pudo zafarse de él, el asesinato de un profesor y el ya mencionado del hombre muerto en octubre. A pesar de la petición de la asociación LGTBIAQ+ Gehitu, personada como acusación popular, para unificar las causas y solicitar en las sentencias el agravante por orientación o identidad sexual o de género, la justicia decidió seguir con las mismas por separado. A su vez, en ninguno de los juicios se ha admitido el agravante a pesar del perfil del asesino y el rasgo común de todas sus víctimas. El artículo 22.4.a prevé una pena mayor cuando el delito se comete a causa de una discriminación. Incluye los motivos referentes a la ideología, religión, etnia, raza, nación, sexo, y orientación o identidad sexual o de género, entre otros. Aumenta el reproche penal y la condena si se prueba que el autor actuó impulsado por prejuicios o animadversión hacia la víctima por su condición LGTBIAQ+.

Dos juicios más, uno en septiembre y otro en octubre de 2026 tenían ya fecha asignada, correspondientes a la muerte de otros dos hombres. Pero el juicio de septiembre, que se iba a iniciar la pasada semana, no se va a celebrar porque las partes han llegado a una conformidad, ratificada por el acusado, que ha aceptado una condena de más de 18 años de prisión por los delitos de asesinato y estafa, en este caso relacionados con la muerte de un hombre en julio de 2021 en Bilbao. La sentencia es firme y se dictó en un juicio celebrado el pasado viernes 18 de septiembre a puerta cerrada. La posibilidad de acuerdos con la familia no había surgido hasta ahora, y queda por ver qué decisión tomarán las familias en el resto de los casos. Además del juicio de octubre, quedan dos juicios más sin fecha aún de celebración, uno por homicidio y otro por un intento que se denunció una vez conocidos los otros casos.

Se estima que el número total de víctimas es superior, y al menos se conoce el sobreseimiento de dos casos más que las familias no quisieron recurrir. De hecho, de no haberse activado la acusación popular de las siete víctimas mortales, todos los casos hubieran quedado archivados. A pesar de que cada juicio resulta muy mediático, y de que la detención se realizó en un momento de publicación continuada de noticias filtradas sobre el caso con su gran alarma social consecuente, la identidad de las víctimas mortales y de sus familias ha sido preservada y en la práctica es anónima para la población. Se usan seudónimos y sólo datos generales (edad, profesión, zona de la ciudad donde se encontraba la vivienda en que ocurrieron los hechos) y se obvian los apellidos. Algunas familias y centros de trabajo se enteraron de que su familiar o empleado mantenía relaciones con hombres con la revelación del caso. Las familias de las víctimas también han mantenido un perfil discreto: no han hecho declaraciones, no consta que hayan usado medios o redes sociales para, por ejemplo, pedir un aumento de penas o la unificación de las causas. Esto se debe en parte a que el Observatorio Vasco LGTBIAQ+/Euskal LGBTIAQ+ Behatokia habilitó un recurso de círculos restaurativos merced al cual las familias reciben explicaciones sobre los procedimientos procesales y obtienen apoyo de los profesionales que los gestionan y de Gehitu.

ROMA (3). En apariencia, el libro de Lagioia es perfecto, un producto magnífico: la investigación de fondo es intensa; la ejecución tiene un ritmo endiablado; la calidad del retrato social y particular dado es profunda; el uso de diálogos, interrogatorios, mensajes de WhatsApp y estados de Facebook aumenta la contemporaneidad de la redacción y ayuda a agilizar la narración; y la inserción de la trama en los espacios públicos de la ciudad y en la escena privada del crimen es vívida. La esperada y asfixiante narración del crimen acongoja. Lagioia, además, no obvia todas las reflexiones aparentemente posibles sobre las diferentes visiones y prejuicios hacia todos los matices de los hechos. Sí, todo parece perfecto. Tal vez, para un lector más reposado como soy ahora, resulta demasiado apabullante e incluso satisfecho sobre el retrato de la inserción del mal y de las paradojas del caso. Y, sin embargo… A pesar de (o tal vez debido a) este tren de mercancías morbosas, que pasa por encima del lector en menos de una semana con elementos de escritura casi tan adictivos como los posts de Instagram, me parece un libro de un formato desafortunadamente equivocado y que desde luego obvió una línea de trabajo esencial, sobre un caso que tampoco debería haberse tratado así ni policial, ni judicial, ni mediática, ni familiarmente; creo que tampoco literariamente. En realidad, ni siquiera aporta novedades al subgénero “escritor que se obsesiona con asesinato atroz y ve el mal”, excepto tal vez la fragmentación, atomización casi, del punto de vista y del tiempo de la narración característica de nuestros tiempos -pero esto ya es demasiado habitual por todas partes-. La modélica, obsesiva, investigación de Lagioia es amplia y sin duda cubre todos los aspectos sociales que llegó a entrever y en los que supo introducirse; y tal vez estos juicios se planteen de un modo en exceso determinista con el que encontrar causas profundas que aligeren las sentencias de los acusados, felices por ello de aportar un análisis psicológico un tanto burdo de problemas infantiles, de clase e incluso de ciudad que apacigüe la insaciable necesidad de explicaciones y dé tranquilidad social. ¿Qué creo que le pasa a Lagioia, y tal vez al caso, y tal vez a toda la Italia de 2016? Dos cosas: una fascinada inmersión en la supuesta putrefacción de una ciudad deseadamente enferma como marco psicogeográfico necesario (pero además de la insistencia en ello, el paradigma no es cierto y se convierte así en una trampa para el lector: estas cosas atroces pasan también, y no poco, en marcos idílicos, sin olvidar que hablar mal del propio territorio y sociedad es algo que en España reconocemos enseguida como impostura, ya que lo practicamos con profusión), y la inexistente aproximación a las variadas circunstancias de identidad y género sexual que cumplen funciones clave en el libro fuera del punto de vista endocisheterosexual dominante judicial y policialmente sobre la psicología sexual de sus protagonistas, expuestos los tres a un análisis casi obsceno de la concurrencia de su orientación sexual, que es aceptada pero colocada en un aquelarre posmoderno encantado de que genere contradicciones sociales, sin entrever apenas nada de, por ejemplo, biopolítica del cuerpo o de nuevas masculinidades. ¿Quiero decir que la condición de sexo-género de los protagonistas sea tratada irrespetuosamente o ninguneada? No, porque no es así. Quiero decir que más bien no sabe qué hacer con ello, que el punto de vista es el del respeto 'LGTBIAQ+ friendly' del mundo cishetero aliado del colectivo pero que normalmente se encuentra en ‘primero de carrera’, que por falta de (in)formación piensa que la condición LGTBIAQ+ no cambia en exceso la vida que llevas o tu relación incluso con tus propias opiniones, sobre todo ahora que los derechos parecen conseguidos y aplicados (en Italia no es legal el matrimonio igualitario, por cierto). También quiero decir que el libro además se encuentra subsumido en una estructura literaria del espectáculo acorde con los tiempos que corren (que corrían ya en 2016 cuando suceden los hechos y en 2020 cuando se publica el libro) e incluso alineada plenamente con los hechos que narra: el cliffhangerismo continuo con cada final capítulo como nuevo chute; la adicción al morbo -una sociedad, una prensa, unas redes obsesionadas con que los asesinos indiquen sus roles sexuales en sus declaraciones- practicado también en el texto con supuesta vergüenza fascinada; incluso la reflexión moral válida ahogada al momento en la banalidad del yo narcisista de un narrador sufriente por sí mismo. Ejemplo:

“Nos reunimos en Piazza di Pietra […] Era allí adonde cada día llegaban algunas de las historias más increíbles de las que era posible tener conocimiento en Roma a principios del siglo 21: los Hamid, que habían cruzado el mar en un bote lleno de niños muertos, los Shorsh, torturados durante meses en Libia con un cuello de botella, los Ali, los Syoum, los Gabriel… a pesar de la excepcionalidad de las vidas de estos hombres la mayoría de nosotros preferiría ignorarlos, fingíamos que no existían, como si hubiera un hechizo, un maleficio que nos impedía destapar los oídos, abrir los ojos a lo que teníamos tan cerca.

-He llegado a soñar con Marco Prato y Manuel Foffo algunas noches“.

Y, sobre todo, la ausencia absoluta de contravisión, apenas un amigo de Prato indicando que ser maricón da problemas pero que no hay que ir por ahí matando gente. Y, por supuesto, la psicoanalista del mismo Prato, que según él maneja todas sus claves, pero que se niega a participar del circo. Lagioia parece intuir una línea, pero no la sigue, no investiga más, probablemente no sepa cómo ni dónde acudir. Pero es inasumible que no exista dónde acudir: por Roma que sea, por Italia que sea, ¡estamos en el intervalo entre 2016 a 2020!

BILBAO (3). La actuación de los medios de comunicación fue muy criticada en Bilbao por la propia sociedad civil, en la que encuadrar a las asociaciones LGTBIAQ+ de Euskadi. Hubo críticas relevantes por el carácter de algunos titulares, y, aún hoy, cuatro años después de destapado el caso, estos son extraños: “el asesino de hombres”, “el acusado de las muertes de hombres”, “el asesino de la app gay de Bilbao”… la concreción semántica y el alcance social necesarios en la prensa se resienten de la extraña diversidad performativa del colectivo, que les explicó cómo estos titulares suponían bifobia o transfobia con las personas usuarias de las apps, o los matices que conlleva el término HSH, con la revictimización fóbica de los hombres muertos que suponía ignorar de pleno esta vivencia en una sociedad más creídamente liberal de lo que resultaba. He dicho que el colectivo “le explicó a la prensa” porque a instancias del Behatokia se celebró una reunión entre activistas y periodistas, que, por su lado, también reivindicaban su papel ineludible en la entrega y detención de Moreno Bolaños y las propias dificultades de su trabajo, no exento de recibir amenazas y presiones. Acudieron más de diez medios de comunicación principales de Euskadi a la reunión: prensa escrita, radio, televisión… ¿Se rebajó el tono que percibíamos como morboso? Mi opinión es que hubo un esfuerzo positivo en ello, pero me consta que no todo el colectivo opina igual. Hoy algunos medios, con la familiaridad de los juicios que se repiten y la imagen pública conocida del acusado, hablan directamente de manera simple de “Nelson David” en sus titulares, y así ya no es necesario describir en los titulares sus acciones para identificarle, en un mundo que ha pasado a ser visto como un campo de minas a la hora de expresarse. No obstante, esta denominación cercana, como si el acusado fuera una estrella de un 'reality', es cuando menos inquietante.

ROMA (4). ¿De verdad está tan mal la sociedad que encumbra un libro tan bien ejecutado, narrativamente, como 'La ciudad de los vivos“? Bien ejecutado a excepción tal vez de los episodios del turista pederasta holandés, cuya simbología en el relato es especialmente discutible. Pero, el libro, que con sus 460 páginas he leído en cuatro días, como garantía de interés -o, tal vez, de adicción-, ¿merece acaso este juicio, probablemente atribuible a una exageración típica de militante incapaz de ver con perspectiva el avance que es incluso el tono de un libro que algunas décadas anteriores habría resultado de una fobia insoportable de haber existido la posibilidad de informar o escribir sobre el caso? ¿No es acaso justo con el colectivo Lagioia cuando denuncia las respuestas sociales añadidas al caso por las condiciones sexuales del mismo y habla de las perspectivas más progresistas o las más conservadoras al respecto? Y, es más, ¿solicitar una perspectiva OSIEGCS no sería en realidad añadir una causa más, con sus matices y detalles explicativos, al ansiado determinismo judicial? ¿O acaso me gustaría una visión más estocástica, incluso holística, de estas realidades, que, en el caso que nos ocupa, probablemente hubiera evitado alguna de las consecuencias, contraviniendo lo que parece la práctica habitual? Imagínate, cambiar el mundo a partir de disidencias sexuales… Igual simplemente debería admitir que en 2020 Lagioia como pensador varón endocisheterosexual ya sabe demasiado de ”nosotrxs“, porque nuestra integración en el sistema normativo es enorme, y en contrapartida a esto debemos admitir ser parte de su relato, de su estilo de relato. Porque, si no, la consecuencia es jugar al ghetto eterno, a la diferenciación no ya OSIEGCS sino intelectual, a un tipo especial de armario en la superioridad moral… No lo sé. Veo claro que el caso italiano se desboca y convierte en un show porque nadie de la sociedad civil con conocimiento técnico, capacidad de actuación y mirada más allá del carácter escabroso de los hechos ha actuado en el mismo, aunque sea para proponer algo de cordura. ¿No es curioso que pudiera haberlo hecho el colectivo LGTBIAQ+? Tal vez las respuestas críticas ante el esplendor de un éxito estructural -el libro es probablemente tan estructural como el propio crimen- cambian criterios sociales establecidos e intentan desvelar las facetas aparentemente olvidadas a quienes ”soñaban algunas noches con los asesinos“. Siempre hay parte de la sociedad tan estancada que no sería capaz de mover una pestaña en su reconocimiento o concienciación de las diversidades si el producto rebasa otros límites. Este libro pasa algunos, tal vez sin consecuencias dado que se cumple el canon clásico de narración oficial que termina con el maricón muerto o en la cárcel. El equilibrio es fastidiado. También 'Philadelphia' concienció a mucha gente, con sus actores heterosexuales e icónicos y su trama llena de tópicos de todo tipo, incluido un protagonista de nuevo muerto. ¿Todo esto significa que ahora denostaría 'A sangre fría', un libro por el que tengo la más alta estima? Tampoco lo sé, lo leí hace 30 años y se publicó hace 60, y las condiciones no son las de 2020, ni Lagioia tiene el mismo estilo ni sufrió el mismo tipo de impacto. Tampoco innova o arriesga abriendo al gran público de manera tan clara un nuevo género, a pesar de existir antecedentes. Y, sobre todo, no existía en su contexto otro tipo de mirada compartida socialmente que contrastara con la predominante de la perversión homosexual.

Hoy, apenas seis años después de la publicación de 'La ciudad de los vivos', en España la editorial que poseía los derechos para publicar 'El odio', el relato de no ficción en que Luisgé Martín había contactado con el asesino condenado de sus dos hijos en un caso mediático de violencia vicaria, renunció a publicarla y ninguna otra lo ha hecho. Los mentideros afirmaron que el libro no era condescendiente con el asesino, pero, sobre todo, decían que era muy malo. Tampoco se llegó a rodar la serie sobre el asesinato de un niño malagueño por la pareja de su padre. En ambos casos hay involucrados menores de edad, y las familias directas -las madres- protestaron y ejercieron sus derechos y su fuerza moral desde sus vivencias particulares. Claro que esto sucedía en España, con la sensibilidad a flor de piel, donde además hay leyes sobre violencia de género con las que estas obras rayan la ilegalidad. En 'La ciudad de los vivos' ninguna de las tres madres tiene un papel participante principal. Todo lo hacen los hombres, lo cual igual explica más cosas de las esperables. Pero… si la publicación de 'El odio' hubiese sido en Italia, y el libro hubiese sido bueno, ¿qué hubiera pasado? ¿Hay realmente derecho a negar estas producciones artísticas o es una forma de censura y de impedir la libre creación, especialmente la del genio? Claro que, por su lado, todos estos autores fascinados con los asesinatos atroces, ¿dónde miran para buscar la inspiración? Tal vez al éxito de 'La ciudad de los vivos', entre otros.

BILBAO (4). La reunión con los periodistas no fue la única algo particular del caso de Bilbao, en comparación tan aséptico, aunque acorde con una ciudad distinta a la infame Roma de Lagioia. Tal vez demasiado aséptico. Con el acusado recién detenido, las asociaciones LGTBIAQ+ de la ciudad fuimos convocadas a una reunión privada con el alcalde y tres concejalas. Aún había restricciones por la pandemia, y usábamos mascarillas. Acudimos sólo cinco hombres a la reunión. El alcalde nos informó que estando las investigaciones bajo secreto no era posible que el Ayuntamiento emitiera una condena de los hechos o ni siquiera una declaración de solidaridad con las víctimas, sus familias, o, incluso, el colectivo. ¡No se sabía qué había pasado! ¡No había motivos para una declaración! ¡Ellos mismos estaban enfadados con ese secreto policial! Aunque privadamente y en ese improvisado foro nos decía que era una pena todo y que eso no era Bilbao (debía ser Roma, en un plano psico mental aún por definir). La concejala de igualdad demostró escaso conocimiento del colectivo: con al menos nueve ataques y siete muertos posibles en ocho meses sobre la mesa, comparó situaciones de discriminación sin venir a cuento. Un chico cercano a la izquierda abertzale aprovechó para intentar impactar, con una apelación a seguir follando en libertad, como si eso le rozara ni una oreja al alcalde cual tremenda declaración antisistema. Recuerdo haber protestado contra la asociación encargada del Bilbao Bizkaia Harro, ausente de la reunión, que, estando en mayo y a un mes de la celebración del 28J, ante la posibilidad de que la imagen de destino 'LGTBIAQ+ friendly' de la ciudad se hundiera, había emitido un comunicado pidiendo que no se hablara del tema, permaneciendo tranquilos y dejando actuar a la policía. No hacer o decir nada mientras un asesino pululaba por las redes de la ciudad sonaba a armarización. Y sí, es cierto, desde las asociaciones pedimos denunciar siempre cualquier situación y delito de odio, pero cualquiera con un poco de contacto con las escasas denuncias de delitos de odio por condición de orientación o identidad de sexo/género en la policía y, desgraciadamente, también en los juzgados, sabe que esto no es tan bonito como en la teoría. La respuesta que obtuve es que dicha asociación era privada y la iniciativa les correspondía a ellos, a pesar de que se tratara de un contrato específico firmado por el ayuntamiento con la misma, y el comunicado dijera “Bilbao” en caracteres bien grandes. Acabada la reunión, transcurrida entre el infortunio y la vergüenza, sólo una concejala se acercó y mostró solidaridad y dio condolencias, aunque de manera privada. De todo ello saqué una buena cosa: un largo paseo y conversación que tras el estupor vivido nos resultó muy necesario a mí y a quien hoy es un buen amigo joven y militante de la causa; a veces me parece que el alcalde (¡saludos!) nos hizo un favor.

ROMA (coda). En 'Más allá del bien y del mal', Nietzsche proclama su reconocido aforismo sobre el abismo: “si miras fijamente el abismo durante mucho tiempo, el abismo también mira dentro de ti”. Creo que esto le pasó más a Capote que a Lagioia. Siguiendo con frases célebres y tópicas, Capote mismo en 'Música para camaleones' proclama que “la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal”. Lagioia escribe muy bien, sí. La duda es si hace falta ver el abismo que sólo cree haber mirado para llegar al arte.

BILBAO (fin). No consta públicamente intento alguno de llevar a una serie o un libro sobre la historia del asesino múltiple en la ciudad reservada y anodina y aséptica y atlántica, algo que sin duda sería más probable en una ciudad de los vivos. Aquel Harro, salvo que fuera privadamente, no tuvo ningún recuerdo por los muertos. A día de hoy, ninguna institución con representación en la ciudad lo ha hecho.

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