Una farmacia natural de 215.000 millones podría seguir oculta en el Amazonas mientras la deforestación amenaza las especies que guardan sus compuestos
El bosque amazónico sigue cargando con una vieja etiqueta económica en Brasil, donde parte de la sociedad y responsables políticos consideran improductivo el terreno que conserva sus árboles, según Eduardo Brondízio, antropólogo de la Universidad de Indiana Bloomington que estudia las economías forestales amazónicas desde hace décadas y habló con Mongabay.
Esa mirada choca con una actividad basada en alimentos, aceites, medicinas, cosméticos y materiales que Brondízio describe como una gran economía regional infravalorada y desplazada por usos del suelo menos productivos y más dañinos para el medio ambiente.
La biodiversidad ofrece riqueza mientras la investigación recibe pocos recursos
Un análisis de Zero Carbon Analytics publicado en julio calcula que los bosques tropicales podrían guardar un valor comercial mediano de 714.000 millones de dólares en medicamentos todavía por descubrir a partir de plantas con flores. La Amazonia concentra unos 215.000 millones, cerca del 30% del total, y ocupa la primera posición entre las grandes regiones forestales estudiadas, por delante del Sudeste Asiático y la cuenca del Congo.
El conocimiento científico de Brasil ofrece otra medida de lo pendiente, porque algunas estimaciones sitúan en un máximo del 10% la biodiversidad del país conocida por la ciencia. Bráulio Ferreira de Souza Dias, director de conservación y uso sostenible de la biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente de Brasil, señaló a Mongabay que se describe aproximadamente una nueva especie vegetal cada dos días. Buena parte de las especies catalogadas se encuentra cerca de los ríos, mientras las extensiones entre ellos siguen poco exploradas y abrir carreteras para alcanzarlas amenazaría esa biodiversidad.
La investigación afronta también una fuerte desigualdad territorial, ya que menos del 3% del dinero federal brasileño para ciencia llega a la Amazonia pese a que aporta alrededor del 10% del PIB nacional. Dias plantea crear unidades institucionales que orienten a los científicos sobre patentes y legislación.
El captopril ilustra el problema, pues una farmacéutica estadounidense desarrolló este medicamento a partir de investigaciones de la Universidad de São Paulo sobre veneno de yararaca, mientras Brasil y la universidad no reciben ingresos por el fármaco.
La deforestación destruye oportunidades antes de conocer su utilidad
La pérdida de bosque ya tiene una traducción económica en las estimaciones de Zero Carbon Analytics, que cifra en 86.000 millones de dólares el valor comercial farmacéutico puesto en riesgo por la deforestación tropical desde 2001. Joanne Bentley-McKune, coautora del análisis de Zero Carbon Analytics, indicó a Mongabay que en Brasil pueden haberse perdido durante los últimos 20 años plantas endémicas que no existían en ningún otro lugar.
En términos sociales, el estudio eleva a unos 7 billones de dólares el valor potencial de los medicamentos aún desconocidos y calcula en 860.000 millones el coste asociado a la deforestación desde 2001.
El reparto de beneficios añade otra dificultad después de décadas en las que el conocimiento tradicional orientó búsquedas farmacéuticas hacia especies utilizadas por pueblos indígenas y comunidades locales. La bioprospección de los años 90 y 2000 promovió acuerdos entre empresas, gobiernos y comunidades, aunque surgieron disputas sobre propiedad intelectual. El Protocolo de Nagoya, adoptado en 2010 y ratificado por Brasil en 2021, y la Ley de Biodiversidad brasileña de 2015 establecen reglas de consentimiento y distribución de beneficios.
Las nuevas tecnologías complican unas compensaciones todavía escasas
La expansión de las bases digitales ha abierto un problema distinto, porque las compañías pueden trabajar con secuencias genéticas sin recurrir a muestras físicas y algunos países cuestionan que Nagoya cubra ese uso.
El Fondo de Cali, creado en la cumbre de biodiversidad de 2024, pide a esas empresas aportar el 0,1% de sus ingresos o el 1% de sus beneficios, pero las contribuciones son voluntarias. Hasta agosto solo había recibido 6.000 dólares de dos compañías frente a un objetivo anual de 1.000 millones.
La importancia de establecer cómo se reparten esos beneficios aumenta al observar el historial farmacéutico de los productos naturales, presentes en el origen o inspiración de alrededor de tres de cada cuatro fármacos contra el cáncer aprobados entre 1940 y 2014.
Cerca del 99% de las sustancias químicas producidas por plantas continúa sin analizarse, mientras Zero Carbon Analytics calcula que frenar la deforestación tropical mundial para 2030 permitiría conservar hasta 2050 unos 79.000 millones de dólares de valor comercial mediano y 0,8 billones de valor social.