Hijo ilegítimo, talento precoz para el dibujo y curiosidad sin límites: la infancia atípica que forjó a Leonardo da Vinci

De la infancia de Leonardo da Vinci, sabemos menos de lo que nos gustaría. El polímata florentino dejó miles de páginas de notas y cuadernos, pero empezó a escribirlos cuando ya era adulto, y en ellos casi nunca habló de sus primeros años de vida, a excepción de algunas referencias breves y ambiguas. Sin embargo, sí hay información que ha trascendido y que aporta el contexto necesario para entender cómo se desarrolló la vida del genio. 

Sabemos que Leonardo nació el 15 de abril de 1452, fruto de una relación ilegítima entre el notario Piero da Vinci y Catalina de Meo Lippi. “Presumiblemente, era una muchacha de origen humilde, como sugiere el hecho de que no se considerara ningún matrimonio con Ser Piero”, señala el Museo Galileo de Florencia en su página dedicada a la infancia de Da Vinci. 

En aquella época, los hijos ilegítimos quedaban fuera de muchos registros familiares formales, lo que irremediablemente redujo aún más la información sobre sus primeros años de vida. “Al ser ilegítimo, no pudo ejercer como notario ni disfrutar de los beneficios de la ciudadanía, ni reclamar los bienes familiares sin autorización legal explícita”, explica el museo florentino. 

Un enorme interés en aprender

Sus primeros años los pasó en la pequeña localidad rural de Vinci con la familia de su padre, sin poder acceder a una educación formal. En este contexto, el entorno natural se convirtió en su gran escuela. El campo, los ríos, los bosques… Todo lo que rodeaba la campiña toscana hizo que el joven Leonardo pronto se interesara por las ciencias.  

“Leonardo no estudió latín con seriedad hasta mucho más tarde, cuando adquirió un conocimiento práctico de forma autodidacta. Tampoco se dedicó a las matemáticas superiores (geometría y aritmética avanzadas) hasta los 30 años, cuando comenzó a estudiarlas con tenacidad”, apunta la Enciclopedia Británica en su web. 

Siendo un niño empezó a coleccionar libros y dibujar todo aquello que le interesaba o le llamaba especialmente la atención. Aprendió a escribir con ambas manos, practicó la escritura en espejo, y desarrolló un enorme talento no solo para la observación del medio, sino también para el dibujo. Y fue esta disciplina la que le cambió la vida. 

En 1466, a la edad de catorce años, su padre lo mandó a Florencia. Leonardo se convirtió entonces en aprendiz de uno de los artistas más exitosos de su época, Andrea di Cione, conocido como Verrocchio. Rodeado de otros futuros artistas como Botticelli, Perugino y Ghirlandaio, Da Vinci aprendió pintura y escultura. Allí se plantó la semilla del que acabó convirtiéndose en el máximo genio del Renacimiento.