Una leyenda asegura que este castillo, construido en el siglo XII para vigilar el valle del río cercano, disponía de túneles que lo conectaban con otras dos fortalezas
En lo alto del cerro que domina la villa leonesa de Valderas, las ruinas del Castillo de Altafría contemplan desde hace siglos el discurrir del río Cea. Entre los habitantes de esta comarca histórica perdura una fascinante leyenda popular que asegura la existencia de pasadizos subterráneos. Según la tradición oral, transmitida de generación en generación, esta fortaleza medieval disponía de profundos túneles secretos excavados en la tierra. Dichas galerías habrían permitido conectar directamente la fortaleza de Altafría con otros dos bastiones clave de la arquitectura defensiva regional: el Castillo de Benavente y la fortaleza de Grajal de Campos.
La edificación del Castillo de Altafría se remonta al siglo XII, en un periodo de intensas rivalidades entre los reinos hispánicos. Fue el monarca Fernando II de León, cuyo reinado abarcó desde 1157 hasta 1188, quien promovió su construcción. El propósito de esta obra militar consistía en establecer un sólido fortín defensivo para vigilar la línea del río Cea. En aquella época, el cauce del Cea constituía una frontera altamente estratégica entre León y Castilla. Desde su emplazamiento a 850 metros de altitud, el castillo permitía controlar el vado del río y la cañada contigua frente a las pretensiones del rey castellano Alfonso VIII.
El papel estratégico del Castillo de Altafría alcanzó su máxima relevancia histórica a comienzos del siglo XIII durante las disputas dinásticas regionales. En el año 1206, la fortaleza de Valderas figuró de forma destacada en las cláusulas diplomáticas del tratado de la Paz de Cabreros. Mediante este acuerdo, el rey Alfonso VIII de Castilla entregó el control del castillo a su nieto, el futuro monarca Alfonso IX de León. Posteriormente, en 1218, los reyes firmaron pactos sobre la entrega de la plaza de Valderas, acuerdos que anticiparon la unión definitiva de León y Castilla.
Durante las centurias posteriores, el Castillo de Altafría experimentó importantes transformaciones en su titularidad señorial y en sus funciones arquitectónicas. En el siglo XIV, la fortificación y el señorío de las Siete Villas de Campos pasaron a integrar el patrimonio de la noble familia de los Osorio. Don Juan Álvarez de Osorio estableció en el castillo su residencia habitual, afianzando la vinculación de este linaje con Valderas. Los Osorio mantuvieron la posesión de la fortaleza hasta los siglos XVI y XVII, momento en que la abandonaron. A partir de dicho abandono señorial, la fortaleza comenzó una paulatina decadencia.
Desde el punto de vista historiográfico, los especialistas han analizado el origen y la veracidad de la célebre leyenda de los túneles subterráneos. Los historiadores coinciden en señalar que la existencia de galerías kilométricas entre Altafría, Benavente y Grajal de Campos carece de base documental. Dada la distancia geográfica entre estas fortalezas, la construcción de pasadizos resulta inviable en la Edad Media. Sin embargo, este mito popular se explica por el patrimonio subterráneo de Valderas, caracterizado por profundas bodegas tradicionales con bóvedas de piedra. La fantasía popular transformó estas históricas galerías vinícolas en un relato de pasajes secretos militares.
En la actualidad, la fisonomía del Castillo de Altafría presenta un estado que atestigua el impacto del paso de los siglos. De la antigua estructura militar se conservan en pie dos sobrios torreones levantados en fábrica de tapial y un tramo de muralla. A pesar de su evidente deterioro, el monumento goza de protección legal al estar declarado Bien de Interés Cultural. No obstante, el recinto figura en la Lista Roja del patrimonio amenazado de Hispania Nostra, debido al peligro de derrumbe que provocan las filtraciones de humedad y las profundas grietas en sus muros. Su restauración resulta urgente para salvar este icono histórico.
Fuerza del patrimonio
Las ruinas del castillo se hallan integradas en el valioso conjunto histórico de Valderas, villa declarada Bien de Interés Cultural en 2008. En sus orígenes, la fortaleza estaba unida a la primera muralla urbana que descendía por el cerro en dirección al Arco de las Arrejas. Esta puerta mudéjar conserva aún la acanaladura del rastrillo, constituyendo un testimonio excepcional de la arquitectura defensiva. En el siglo XIV, el rey Juan I otorgó a la villa el Gran Privilegio, eximiéndola de tributos e impulsando una gran prosperidad. Fruto de esa época floreciente son el Palacio de los Osorio, el Palacio de Castrojanillos y las emblemáticas plazas porticadas.
En definitiva, el Castillo de Altafría representa un testimonio fundamental para comprender la historia fronteriza entre los reinos de León y Castilla. Su posición estratégica sobre el río Cea evoca una etapa de luchas medievales y de sutiles acuerdos diplomáticos. Aunque el mito de los pasadizos subterráneos no responda del todo a la realidad histórica, su pervivencia demuestra la fuerza del patrimonio leonés. Es vital armonizar este legado oral con la rigurosa conservación del patrimonio monumental, para garantizar la consolidación de las torres de tapial de Altafría que permitiría preservar tanto la memoria documentada de Valderas como sus fascinantes leyendas centenarias.