El mapa de hace 200 años que revela cómo navegaban el mar Rojo antes de los instrumentos modernos
Durante casi dos siglos permaneció en la colección de la Royal Geographical Society como una carta náutica cuyo funcionamiento no había podido explicarse por completo. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Exeter concluye que aquel pergamino elaborado entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX por navegantes de la región india de Kachchh, en Gujarat, era una herramienta práctica para orientarse en el mar Rojo y el golfo de Adén. El estudio sostiene que las interpretaciones anteriores aplicaron criterios propios de la cartografía europea a un sistema de navegación desarrollado dentro de la tradición marítima del océano Índico, lo que llevó a interpretar erróneamente varias de sus características.
El documento llegó a la Royal Geographical Society en 1835, después de que el explorador escocés Alexander Burnes lo adquiriera a un capitán de mar en Kachchh. Desde entonces fue objeto de diversos estudios, pero muchas de sus inscripciones permanecían sin identificar y la mayoría de los especialistas consideraban que carecía de información sobre latitud o que representaba incorrectamente el mar Rojo. La nueva investigación plantea una interpretación distinta tras analizar conjuntamente los topónimos, las referencias astronómicas y la organización del propio pergamino.
Una guía pensada para navegantes experimentados
Uno de los principales avances del estudio ha sido la identificación de los 66 topónimos escritos en escritura devanagari y la interpretación de los datos astronómicos incorporados a la carta. A partir de ese trabajo, los investigadores consideran haber localizado las coordenadas correspondientes a esos lugares y reconstruido el funcionamiento del sistema de navegación utilizado por los marinos que recorrían las rutas entre la India, Arabia y el Cuerno de África. El pergamino reúne además referencias a más de 180 islas, arrecifes, edificios religiosos, banderas y otros puntos utilizados para orientarse durante la navegación, lo que muestra un conocimiento muy detallado del litoral.
Los autores también concluyen que las 29 líneas de rumbo representadas en la carta respondían a funciones concretas. Algunas marcaban la orientación principal de una costa, otras indicaban direcciones para atravesar mar abierto y varias señalaban el acceso seguro a determinados puertos. Para facilitar su interpretación, el equipo ha elaborado una proyección moderna que permite representar espacialmente toda esa información sin alterar el sistema de navegación empleado por sus autores.
Un conocimiento basado en la experiencia y las estrellas
Para el profesor John Cooper, responsable de la investigación en la Universidad de Exeter, el documento debe entenderse como una obra concebida para navegantes que ya dominaban las técnicas tradicionales de la región. Aunque la carta no responde a la representación matemática del espacio propia de la cartografía moderna, permitía a quienes conocían la navegación estelar orientarse por algunas de las aguas más complejas del mundo. Toda esa información quedaba condensada en un pergamino de apenas 25 centímetros de ancho, fácil de transportar y de consultar a bordo.
El estudio sostiene que la carta no pretendía enseñar a navegar a personas sin experiencia. Su función era actuar como una guía de consulta o recordatorio para marinos familiarizados con aquellas rutas. La información astronómica les permitía determinar la latitud y establecer el rumbo, mientras que los topónimos, los accidentes geográficos, los edificios religiosos y las banderas facilitaban la identificación de lugares concretos durante la travesía. El formato en pergamino también respondía a un criterio práctico, ya que permitía desplegar únicamente el tramo necesario y mantener enrollado el resto del documento durante la navegación.
Una nueva forma de interpretar la cartografía del océano Índico
Los autores consideran que los resultados invitan a revisar la manera en que se han estudiado tradicionalmente muchas cartas náuticas elaboradas fuera de Europa. Según explican, algunas características que durante décadas se interpretaron como errores respondían en realidad a decisiones prácticas adaptadas a las necesidades de quienes utilizaban estos documentos en el mar. Entre ellas figura la representación del mar Rojo y del golfo de Adén, cuyo trazado no seguía el ángulo habitual de los mapas modernos porque esa disposición facilitaba el uso del pergamino a bordo.
La responsable de las colecciones cartográficas de la Royal Geographical Society, Katherine Parker, destaca que volver a estudiar documentos conservados desde hace décadas con nuevas metodologías permite comprender mejor el valor que tuvieron para las comunidades que los crearon. En este caso, la investigación no solo aporta una nueva interpretación de una de las cartas náuticas indígenas más detalladas que se conservan de la tradición del océano Índico, sino que también pone de relieve el conocimiento geográfico, náutico y cartográfico desarrollado por aquellos marinos hace más de dos siglos.