Así funciona ICARUS, el proyecto que rastrea el comportamiento animal desde el espacio para proteger a la fauna salvaje

Durante años, los humanos observamos a los animales salvajes desde el terreno. Los prismáticos y las expediciones en el campo eran nuestras principales herramientas para seguir sus movimientos, estudiar sus rutas migratorias y entender su comportamiento. Hoy tenemos sistemas mucho más avanzados y somos incluso capaces de observarlos desde el espacio.

Esto es posible en parte gracias a Icarus 2.0, un proyecto europeo que permite rastrear en tiempo casi real los movimientos de miles de animales salvajes y entender cómo se comportan. Su objetivo es crear una especie de “Internet de los Animales” que revele cómo están cambiando los ecosistemas y el clima, y cómo la fauna responde a esos cambios. 

Para conseguirlo, instalan unos pequeños sensores en animales como aves y mamíferos, los cuales recogen todo tipo de datos: localización GPS, movimiento, temperatura corporal… Esta información se envía a un sistema de satélites que permite ver en tiempo casi real dónde están, cómo se mueven y en qué condiciones viven.

Como parte del proyecto, Icarus 2.0 lanzó a principios de mayo el microsatélite Raven al espacio. Este, que salió a bordo del cohete Falcon 9 de SpaceX desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg en California, es el primer satélite propio del sistema. 

La evolución del proyecto

El sistema ICARUS se instaló por primera vez en la Estación Espacial Internacional (EEI) en 2018 con el apoyo de la Agencia Espacial Alemana (DLR) y en colaboración con la agencia espacial rusa Roscosmos. Tras una fase de pruebas, las operaciones científicas comenzaron en 2020. Sin embargo, la invasión de Rusia en Ucrania interrumpió el sistema.

Ante este escenario, el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y la empresa tecnológica TALOS se unieron para desarrollar la siguiente generación, Icarus 2.0., que es el sistema que está actualmente en funcionamiento. La idea sigue siendo entender mejor las migraciones, los cambios en los ecosistemas, el impacto del cambio climático y detectar posibles brotes de enfermedades en la fauna salvaje.

“El lanzamiento del primer satélite operativo demuestra que Europa es capaz de establecer y operar una infraestructura satelital independiente y de alto rendimiento para misiones científicas globales en tan solo unos años. Esta independencia es clave para mantener un acceso fiable a los datos a largo plazo, preservando al mismo tiempo la soberanía tecnológica y operativa”, afirma Gregor Langer, cofundador y director ejecutivo de Talos.