La vida urbana está cambiando el comportamiento de los animales salvajes: ahora son más audaces y agresivos
Las ciudades no solo transforman el paisaje, el clima o los ecosistemas: también están modificando el comportamiento de los animales salvajes. Un amplio metaanálisis internacional publicado en Journal of Animal Ecology concluye que las poblaciones urbanas de múltiples especies tienden a ser más atrevidas, agresivas, exploradoras y activas que sus equivalentes en entornos no urbanos. El trabajo, basado en datos recopilados en todo el mundo, apunta a que la urbanización podría estar ejerciendo presiones selectivas capaces de favorecer determinados rasgos conductuales considerados clave para la supervivencia.
La investigación ha sido dirigida por Tracy T. Burkhard, Ned A. Dochtermann y Anne Charmantier, y constituye uno de los análisis más amplios realizados hasta ahora sobre diferencias de comportamiento entre poblaciones urbanas y rurales. Los autores revisaron 81 estudios distintos y analizaron 279 comparaciones entre animales que viven en ciudades y otros individuos de la misma especie que habitan fuera de entornos urbanizados. El estudio incluyó aves, mamíferos, reptiles, anfibios e insectos, aunque reconoce un importante desequilibrio en la muestra: la mayoría de datos procedían de aves estudiadas en Europa y Norteamérica.
Animales más audaces en las ciudades
Los investigadores se centraron en cuatro grandes rasgos de comportamiento muy utilizados en ecología evolutiva: la audacia, la agresividad, la actividad y la exploración. Según sus resultados, las poblaciones urbanas muestran en conjunto niveles más elevados de todos ellos respecto a las poblaciones no urbanas, aunque los autores advierten de que el patrón más sólido apareció en la audacia. Este rasgo, entendido como la capacidad de asumir riesgos o tolerar la presencia humana, ha sido especialmente documentado en aves urbanas. En muchos casos, estos animales permiten una aproximación mucho más cercana antes de huir.
El estudio sostiene que estas diferencias podrían deberse a dos procesos simultáneos. Por un lado, las ciudades funcionarían como un filtro ambiental que favorece a individuos con determinados rasgos conductuales capaces de tolerar ruido, tráfico, luces artificiales o presencia constante de personas. Por otro, podría existir una selección evolutiva paralela en diferentes regiones del mundo, impulsando que las poblaciones urbanas desarrollen comportamientos similares pese a pertenecer a especies distintas. Los autores señalan que rasgos como la capacidad de explorar nuevos recursos o convivir con humanos podrían resultar decisivos para sobrevivir en entornos urbanos.
Sin embargo, el trabajo también deja claros los límites actuales de este campo científico. Aunque las diferencias en comportamiento medio sí aparecen de forma consistente, los investigadores no encontraron pruebas sólidas de que la urbanización modifique de manera clara la variabilidad conductual entre individuos, la repetibilidad de esos comportamientos o las correlaciones entre distintos rasgos. Es decir, las ciudades parecen alterar el promedio del comportamiento animal, pero todavía no está claro si cambian la diversidad interna de conductas dentro de una población.
Un fuerte sesgo hacia aves y países occidentales
El análisis detecta además un fuerte sesgo taxonómico y geográfico. Más del 70% de las observaciones analizadas correspondían a aves, mientras que anfibios, reptiles o insectos apenas aparecían representados. También predominaban los estudios realizados en Europa y Norteamérica, dejando amplias regiones del planeta prácticamente sin datos. Los autores advierten de que esta desigualdad limita la capacidad de extraer conclusiones verdaderamente globales y podría ocultar patrones distintos en especies menos estudiadas.
Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es que las diferencias de comportamiento aparecieron incluso en especies con nichos ecológicos distintos. Los investigadores comprobaron que tanto especies generalistas como especialistas tendían a mostrar respuestas similares frente a la urbanización. Tampoco encontraron grandes diferencias entre animales diurnos y nocturnos o entre distintos tipos de dieta. Aun así, el estudio insiste en que muchas de esas categorías siguen teniendo muestras demasiado pequeñas como para obtener conclusiones definitivas.
Los autores consideran que sus resultados reflejan el rápido crecimiento de la ecología evolutiva urbana, una disciplina centrada en comprender cómo las ciudades están moldeando la biología de las especies salvajes. En su opinión, el siguiente paso pasa por ampliar la investigación hacia grupos animales mucho menos estudiados, como invertebrados o especies nocturnas, además de impulsar experimentos controlados que permitan separar mejor los efectos de la genética y del ambiente. También reclaman una definición más homogénea de qué se considera exactamente un entorno “urbano”, ya que los estudios actuales utilizan criterios muy distintos para medir la urbanización. El trabajo concluye que los animales que viven en ciudades no son simplemente versiones adaptadas de sus equivalentes rurales, sino poblaciones sometidas a condiciones ecológicas profundamente distintas.
0