La sorprendente inteligencia de los guacamayos: aprenden nuevas habilidades simplemente observando
Observar cómo otro individuo resuelve un problema puede ser suficiente para aprender a hacerlo sin necesidad de descubrir la solución por uno mismo. Esta capacidad, habitual entre los seres humanos, también está presente en los guacamayos barba azul (Ara glaucogularis), una especie de loro originaria de Bolivia y en peligro crítico de extinción. Una nueva investigación ha demostrado que estas aves pueden aprender técnicas para conseguir alimento copiando los movimientos de otros guacamayos.
El estudio, publicado en la revista científica Royal Society Open Science, ha sido desarrollado por investigadores del Instituto Max Planck de Inteligencia Biológica, en colaboración con Loro Parque y Loro Parque Fundación, de Tenerife. Sus resultados muestran que los guacamayos no se limitan a comprender que un objeto puede manipularse, sino que también son capaces de reproducir detalles concretos de las acciones que observan.
La investigación, dirigida por la bióloga Esha Haldar, contó con 15 guacamayos adultos y subadultos, que participaron en dos experimentos diseñados para comprobar cómo aprendían a resolver problemas físicos. En ambos casos, los animales debían manipular un mecanismo para acceder a comida, pero podían conseguirlo utilizando dos procedimientos diferentes.
Dos experimentos para poner a prueba su inteligencia
En la primera prueba, los investigadores colocaron una puerta deslizante que podía abrirse hacia arriba o hacia abajo mediante un pomo. En la segunda, utilizaron un tapón de corcho que podía extraerse tirando de él o empujarse hacia dentro. Ambas tareas permitían comprobar si los guacamayos elegían espontáneamente una solución o reproducían la que habían visto utilizar a otro ejemplar.
Inicialmente, cinco aves del grupo de control realizaron las pruebas sin observar ninguna demostración. Todas prefirieron bajar la puerta y extraer el tapón, lo que permitió identificar las soluciones que elegían de manera espontánea.
Posteriormente, otros diez guacamayos observaron a sus compañeros realizar precisamente los movimientos contrarios: subir la puerta y empujar el tapón hacia dentro. Los resultados fueron especialmente claros en el primer experimento, donde la mayoría de los observadores optó por la solución demostrada y utilizó el mismo pomo para abrir el mecanismo.
En cambio, ninguno de los cinco animales del grupo de control había elegido espontáneamente esa combinación de movimientos. En la prueba del tapón, el efecto fue menos evidente, ya que aproximadamente la mitad de los ejemplares mantuvo su preferencia inicial. Sin embargo, en ambas tareas las aves que habían observado una demostración resolvieron los problemas más rápidamente.
“El hallazgo importante es que los guacamayos no aprendieron simplemente que el problema podía resolverse. Copiaron detalles de la solución demostrada, como la dirección del movimiento y la parte del dispositivo que podía manipularse”, explica Haldar.
Unos conocimientos que pueden transmitirse entre generaciones
Los resultados abren una nueva vía para investigar cómo se transmiten los conocimientos entre animales. Los loros viven en sociedades complejas, donde los individuos tienen numerosas oportunidades de observarse y aprender unos de otros. Esta capacidad podría permitir que determinadas técnicas se extendieran dentro de un grupo.
“Si los individuos pueden aprender de otros los detalles de comportamientos eficaces, estos comportamientos pueden propagarse dentro de un grupo y persistir a lo largo de generaciones”, señala Auguste von Bayern, autora sénior del estudio.
La investigación amplía un trabajo anterior del mismo equipo que ya había demostrado que estos guacamayos podían aprender comportamientos observando interacciones entre otros individuos. Ahora, los científicos han comprobado que esa capacidad también se aplica a acciones dirigidas a objetos y destinadas a conseguir un objetivo concreto.