¿Qué unió a humanos y palomas durante 3.500 años? Un estudio recupera su formidable papel histórico
Las manchas que dejan en cornisas y bancos activan rechazo antes incluso de que una paloma se acerque a la comida de una terraza. Las palomas suelen provocar asco actualemnte porque muchas personas las relacionan con excrementos, plumas acumuladas, restos de alimento y concentraciones numerosas en lugares transitados.
Esa reacción aumenta cuando se posan cerca de mesas, picotean bolsas o vuelan a poca altura, ya que su presencia se interpreta como falta de higiene y pérdida de control del espacio. También influye su abundancia, porque un animal muy frecuente termina percibiéndose como una plaga cuando ocupa edificios y plazas durante todo el año.
El rechazo nace así de conductas fáciles de reconocer y de una convivencia que se ha vuelto tensa, aunque esa cercanía procede de una historia antigua que una investigación arqueológica ha empezado a reconstruir.
Un puerto chipriota reunió personas y aves hace 3.400 años
Esa convivencia prolongada aparece ahora en los restos de Hala Sultan Tekke, una antigua ciudad portuaria de Chipre donde las palomas vivían junto a la población hacia el 1400 a. C. La investigación, publicada en la revista Antiquity, plantea que estas aves ya atravesaban un proceso de semidomesticación hace unos 3.400 años.
El trabajo, dirigido por Anderson L. Carter y Canan Çakırlar, retrasa casi un milenio las pruebas conocidas hasta ahora y sitúa a Chipre en una posición decisiva para estudiar el comienzo de esa relación.
Hala Sultan Tekke prosperó junto a la actual Larnaca durante la Edad del Bronce tardía gracias a una bahía natural que facilitaba el comercio marítimo. La ciudad alcanzó su mayor desarrollo durante los siglos XIV y XIII a. C., cuando el cobre chipriota circulaba por rutas que enlazaban Egipto, el Levante, Anatolia y el mundo micénico. Cerámicas, metales, marfil y aceites llegaban hasta este puerto de gran actividad.
El estudio revisó más de 150 huesos de Columba livia, la paloma bravía de la que proceden las variedades actuales. Los restos habían sido excavados décadas atrás, aunque el equipo volvió a analizarlos mediante técnicas de zooarqueología y estudios isotópicos. Los investigadores examinaron el tamaño, la edad de las aves y las señales de fuego, y después compararon la composición química del colágeno con la de seres humanos y otros animales de la isla.
La alimentación acercó las palomas a la vida de la ciudad
La alimentación ofreció uno de los indicios más firmes. Las palomas presentaban un patrón muy parecido al de las personas que habitaban la ciudad, lo que apunta al consumo de granos, semillas y residuos ligados a la actividad humana.
Anderson L. Carter, investigador de la Universidad de Groningen y primer autor del trabajo, explicó el vacío que existía antes de este análisis: “Sabíamos que las palomas debían haberse domesticado en algún lugar de Oriente Medio o del Mediterráneo oriental, principalmente por registros escritos de Egipto, pero desconocíamos cuándo y cómo ocurrió”. Esa dieta homogénea acerca a las aves al comportamiento observado en animales gestionados por personas.
La edad de varios ejemplares aporta otra pista. Entre los huesos había individuos juveniles y aves que todavía no habían alcanzado la madurez, una presencia difícil de explicar mediante visitas ocasionales. El hallazgo indica que podían criar dentro del asentamiento y permanecer allí durante buena parte de su ciclo vital.
Canan Çakırlar, profesora asociada y autora principal del estudio, relacionó esa cercanía con una etapa temprana de control humano: “En cualquier caso, probablemente significa que estaban domesticadas o en camino de estarlo”.
Hasta este trabajo, las pruebas físicas más antiguas procedían de un yacimiento de la Grecia helenística fechado entre el 323 y el 265 a. C. Allí aparecieron instalaciones destinadas a la cría, como los columbarios, que ofrecían una señal clara de manejo. Los restos chipriotas son mucho anteriores y obligan a revisar una cronología asentada durante años, porque sitúan la convivencia intensiva con palomas en plena Edad del Bronce.
Los banquetes incorporaban palomas con fines alimentarios y religiosos
Muchos huesos aparecieron quemados en áreas asociadas a ceremonias y banquetes. Estaban junto a peces, mamíferos, otras aves, cerámicas importadas y objetos valiosos, además de fosas cubiertas o depósitos bajo suelos de yeso.
Más de la mitad mostraba exposición al fuego, una señal compatible con su consumo durante celebraciones rituales. Las marcas de corte eran escasas, algo habitual en animales pequeños, aunque la colocación de los restos indica una deposición intencionada.
Los banquetes de la Edad del Bronce chipriota servían para afianzar alianzas, celebrar ceremonias y rendir culto a divinidades locales. La presencia repetida de palomas permite pensar que estas aves tenían una función alimentaria y ritual.
Las representaciones de palomas se extendieron por Chipre y el Egeo desde el segundo milenio a. C., y siglos después la isla quedó asociada al culto de Afrodita, una diosa que a menudo se representaba junto a palomas.
Los arqueólogos, no obstante, no pueden asegurar que exista una relación directa entre aquellas palomas de la Edad del Bronce y las que más tarde se asociaron a Afrodita
La investigación propone otra mirada sobre la paloma actual
El trabajo también ayuda a revisar la imagen actual de la paloma como simple aprovechada de las ciudades. Los investigadores proponen que su acercamiento siguió la llamada vía comensal, por la que ciertos animales empiezan a usar alimentos producidos por las personas y acaban dependiendo cada vez más de ellas.
Carter confía en que esa historia cambie la mirada sobre un ave hoy despreciada: “La gente que antes ignoraba a las palomas en la calle de repente descubre que este pájaro tiene una historia muy interesante”. La suciedad de una cornisa cuenta una parte reciente; los huesos de Chipre revelan que la relación empezó miles de años antes.