Las partículas de Chernóbil conservan fragmentos “altamente radiactivos” intactos 40 años después
El 26 de abril de 1986 se produjo el peor accidente nuclear del que hay registros. Durante un desgraciado ensayo en el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil, ubicada en la antigua Unión Soviética (URSS), se produjo una pérdida de control que se tradujo en una fuerte explosión y un incendio con consecuencias catastróficas para el entorno y la población.
El edificio del reactor quedó destruido y se emitieron grandes cantidades de radiación a la atmósfera en lo que actualmente son los territorios de Bielorrusia, Ucrania y Rusia. Hubo una treintena de víctimas mortales y más de ocho millones de personas en los tres países fueron expuestas a elevados niveles de radiación, según cálculos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Cuarenta años después, el acceso a Chernóbil sigue prohibido y la zona sigue vallada, conformando la conocida como Zona de Exclusión de Chernóbil, un área restringida de aproximadamente cuatro mil kilómetros cuadrados al norte de Ucrania, en la frontera con Bielorrusia.
El panorama de destrucción no ha cambiado y tampoco la composición de algunas de las partículas localizadas en la zona, de acuerdo con una nueva investigación publicada en la revista Journal of Hazardous Materials. Los análisis demuestran que estas partículas radiactivas son mucho más estables de lo que se creía, incluso cuarenta años después del accidente nuclear.
Partículas intactas en Chernóbil
Investigadores de la Universidad Leibniz de Hannover y del Centro Helmholtz de Dresde-Rossendorf (HZDR) analizaron seis de las denominadas partículas calientes, diminutos fragmentos de entre ocho y cincuenta micrómetros liberados tres el estallido del reactor.
Para ello, utilizaron técnicas avanzadas de difracción de rayos X mediante radiación sincrotrón, realizando lo que los autores describieron como “el primer análisis estructural de este tipo sobre fragmentos altamente radiactivos procedentes del accidente”
“Primero, tuvimos que averiguar cómo examinar la estructura de las partículas”, explica Christoph Hennig, investigador y cristalógrafo del HZDR. “Finalmente, hicimos girar completamente las partículas en un haz de rayos X enfocado a 100 micrómetros, aproximadamente el grosor de un cabello humano. Medimos cada partícula desde dos mil ángulos diferentes para capturar sin problemas todos los reflejos”, señala el investigador a través de un comunicado.
Mediante este método, los autores pudieron detectar experimentalmente diferentes fases de óxido en las muestras. Y ahí llegó su sorpresa: descubrieron que la estructura cristalina del combustible nuclear en las partículas examinadas se había mantenido prácticamente intacta hasta el día de hoy, lo que significa que los restos del accidente son químicamente más estables de lo que se suponía inicialmente.
Tras su análisis, constataron que las partículas habían retenido productos de fisión en su interior, “lo que podría ser una buena noticia para el suelo y el agua alrededor de Chernóbil”. Los autores creen que, además, estos resultados podrían permitir evaluaciones más precisas de los riesgos ambientales y sanitarios que plantean dichas partículas a largo plazo.