Permaneció oculto al público hasta 1965 pero es considerado uno de los yacimientos más importantes del norte de la península

Las termas de Campo Valdés de Gijón dejaron de ser un tesoro oculto y hoy son consideradas como valiosísimo conjunto arqueológico cuyos restos son de los más importantes de todo el norte peninsular. Aunque hoy es símbolo local, su salida a la luz pública fue un proceso extremadamente complejo y dilatado. El edificio permaneció oculto al público hasta 1965, guardando grandes secretos milenarios bajo la tierra asturiana. Su relevancia es tal que se considera clave para entender la huella romana en la costa cantábrica. El museo actual permite recorrer estancias sepultadas durante siglos de absoluto silencio y de olvido total.

Esta joya patrimonial es testimonio de la sofisticación urbana en la antigua ciudad portuaria de Gegionem. El hallazgo de este complejo termal se produjo de manera accidental a principios del siglo pasado. En 1903, durante obras de alcantarillado frente a la iglesia de San Pedro, aparecieron los primeros muros. Las excavaciones iniciales fueron lideradas por Calixto Alvargonzález y Julio Somoza con un gran éxito arqueológico. Sin embargo, el proyecto no pudo consolidarse como un espacio visitable y factores sociales relegaron el yacimiento a un estado de abandono parcial durante varias décadas muy difíciles.

Los restos quedaron protegidos por el subsuelo, esperando un contexto más favorable para su puesta en valor. Campo Valdés guardaba bajo sus jardines una infraestructura pública que fue el gran centro social antiguo. Aquel primer contacto a principios de siglo fue solo un atisbo de la magnitud real del sitio. El destino de las termas estuvo ligado a la evolución de la zona y a los trágicos conflictos. Tras la Guerra Civil, la destrucción de la iglesia de San Pedro permitió nuevos hallazgos arqueológicos. Se generó un intenso debate sobre si reconstruir el templo o permitir la excavación total del área. Finalmente, se decidió levantar la iglesia en su ubicación original, ocultando parte de las ruinas romanas.

Esta decisión provocó que una parte del complejo quedara inaccesible para los estudiosos de la época. En 1965 se permitió por fin un acceso más directo, rompiendo el largo periodo de injusta ocultación. A pesar de las dificultades, el interés arqueológico se mantuvo muy vivo en los círculos académicos locales. La perseverancia de los investigadores permitió que años después se iniciara la recuperación definitiva de todo. La etapa definitiva para el conocimiento público de las termas comenzó finalmente en el año 1990. Nuevas excavaciones sacaron a la luz la mayor parte de la construcción clásica que hoy tanto se admira.

El esfuerzo culminó con la inauguración del actual museo de sitio en el verano del año 1995. El centro fue concebido bajo tierra para proteger los restos y ofrecer una experiencia didáctica única. Ubicado en Cimadevilla, el museo se integra perfectamente en el entorno histórico del casco antiguo gijonés. Su estructura permite al visitante descender al nivel del mar para tocar los muros de piedra originales. Desde su apertura, es un equipamiento fundamental para la difusión de la cultura romana asturiana. Miles de personas acuden anualmente para maravillarse con una obra pública de hace dos mil años.

La técnica de los ingenieros romanos destaca en el sistema de calefacción que albergaba el edificio. Las termas disponían de hipocausto que distribuía aire caliente por debajo de los pavimentos transitables. El calor provenía de hornos llamados praefurnium, donde se quemaba madera para calentar todo el aire. El suelo se apoyaba sobre columnas de ladrillo, denominadas pilae, que permitían circular los gases calientes. El recorrido original de los bañistas pasaba por diferentes estancias con temperaturas siempre muy variadas. Comenzaban en el vestuario o apodyterium antes de pasar a la gran sala de baño frío. Luego accedían al tepidarium para templarse y finalmente al caldarium para disfrutar del calor más intenso.

Pinturas y objetos

Además de la arquitectura funcional, el yacimiento destaca por la riqueza de los materiales decorativos. En las estancias se han conservado fragmentos de pinturas murales realizadas con la técnica del fresco. Estos motivos suelen presentar diseños geométricos y vegetales que daban un aspecto lujoso a las paredes. Durante las excavaciones se recuperaron numerosos objetos de cerámica, vidrio y diversos restos óseos animales. Los hallazgos permiten a los investigadores reconstruir el modo de vida cotidiano de sus antiguos habitantes. El museo exhibe piezas como vajilla de mesa y recipientes que atestiguan la gran actividad portuaria.

Hoy, las termas de Campo Valdés son un referente para entender la romanización en el norte español. Su gestión como museo garantiza la protección de un patrimonio que estuvo a punto de perderse. La visita se complementa con maquetas, audiovisuales y paneles que explican cada rincón del yacimiento. Su ubicación junto a la muralla refuerza el carácter histórico del barrio de Cimadevilla en la actualidad. El reconocimiento como Bien de Interés Cultural subraya la importancia excepcional de este legado milenario.