Un castillo español del siglo XVI sale a la luz en Bélgica y destapa un barrio medieval oculto durante siglos

La marcha forzada del 3 de mayo de 1540 convirtió la derrota de Gante en una exhibición pública, después de que Carlos V sofocara la revuelta contra la subida de impuestos. Representantes municipales, miembros de los gremios y vecinos caminaron descalzos por la ciudad, mientras 50 hombres vestidos con camisas blancas llevaban sogas de verdugo al cuello.

De aquel castigo nació el apodo stroppendragers, que viene a ser portadores de la soga, y también una decisión imperial destinada a prolongar el control más allá de aquella jornada. El servicio de arqueología de Gante define el castillo ordenado por el emperador como una “fortaleza de coerción”, construida para imponer su autoridad sobre la propia población.

La derrota de Gante cambió la ciudad durante siglos

La elección del emplazamiento añadió otra forma de castigo, porque la obra exigió derribar buena parte de la abadía de San Bavón y el asentamiento que la rodeaba. Fundada por Amando en el siglo VII, la institución religiosa formaba parte de la historia de Gante desde sus primeros siglos. Levantar allí una fortaleza militar convirtió la transformación del enclave en una consecuencia física de la derrota de la ciudad, aunque gran parte del castillo acabaría desapareciendo cuando el barrio de Sint-Macharius se desarrolló en el siglo XIX.

Bajo el terreno ocupado por las tropas, una fosa utilizada también como vertedero ha conservado restos capaces de reconstruir aspectos cotidianos de aquella guarnición. Robby Vervoort, arqueólogo que participa en la excavación, contó a la radiotelevisión pública belga VRT NWS que el equipo retira el contenido capa a capa para recuperar materiales bien conservados.

Entre ellos han aparecido restos animales, semillas y polen, junto con cerámica, vidrio y fragmentos de botellas de vino. Ese conjunto permitirá estudiar la alimentación de los soldados y otros aspectos de su vida dentro del recinto. Los depósitos de este tipo pueden conservar asimismo rastros de enfermedades y materiales que apenas aparecen en las crónicas, por lo que la fosa ofrece una vía para estudiar a la guarnición desde sus residuos cotidianos, lejos de las batallas y de las decisiones imperiales.

Las obras revelaron muros bajo Spaanskasteelplein

Las obras preparatorias de un nuevo proyecto residencial sacaron ahora a la luz muros atribuidos a los alojamientos militares y partes del Castillo Español que habían permanecido bajo Spaanskasteelplein. Los arqueólogos ya conocían mediante estudios previos y sondeos la posibilidad de encontrar restos, pero la conservación de las estructuras superó sus previsiones. Vervoort resumió la impresión del equipo al valorar el alcance del hallazgo ante VRT NWS. “Sabíamos que encontraríamos algo, pero esto es realmente magnífico”.

El proyecto inmobiliario ha obligado a decidir qué parte del yacimiento se excava y cuál permanece enterrada, porque los sectores afectados por futuros sótanos debían investigarse antes de avanzar con la construcción. Otra zona de la parcela quedará intacta y los edificios previstos allí se han diseñado sin sótanos para evitar alterar los niveles arqueológicos.

Vervoort vinculó esa decisión con la posibilidad de que futuras generaciones dispongan de técnicas mejores. “Creemos que los arqueólogos del futuro tendrán herramientas mucho mejores a su disposición”, dijo. La medida asume además un límite propio de la disciplina, ya que retirar una capa destruye para siempre su posición original.

La excavación ha alcanzado también un cementerio medieval junto a la antigua iglesia abacial, donde han aparecido decenas de esqueletos datados entre los siglos XIII y XVI. Su relación exacta con la abadía o con la comunidad próxima requerirá estudiar los huesos y el contexto de cada enterramiento.

En niveles y zonas del mismo enclave han surgido materiales constructivos de época romana y herramientas de sílex prehistóricas, indicios de actividad anterior a la fundación medieval. Esa secuencia exige cautela porque las construcciones posteriores alteraron repetidamente el terreno, una dificultad que condicionará cualquier intento de reconstruir qué poblaciones ocuparon este espacio y en qué momentos.