Con restos de la Edad de Bronce, este alcázar sevillano alberga un valioso mosaico hallado en 2015 sobre los amores de Zeus

Ocupa la zona más elevada de la ciudad, dominando visualmente todo el territorio. Las investigaciones arqueológicas han revelado una secuencia de ocupación humana dilatada en el tiempo, con una presencia continuada que se remonta al menos hasta el siglo IX a.C. Desde sus orígenes en el Bronce Final, el yacimiento arqueológico de la Plaza de Armas de la localidad sevillana de Écija ha sido testigo mudo de civilizaciones antiguas fundamentales. Las excavaciones actuales permiten a los visitantes observar niveles ocupacionales acumulados durante casi tres milenios. Este espacio emblemático, que antaño fue un punto degradado y marginal, hoy se recupera para el disfrute ciudadano. Los hallazgos de época romana son los que presentan, actualmente, un estado de conservación mucho más sobresaliente y único.

Las raíces más profundas de este alcázar de la provincia de Sevilla se hunden en el Bronce Final, con restos de cabañas circulares. Con el tiempo, el asentamiento evolucionó hacia la ocupación de los turdetanos con calles pavimentadas y urbanismo complejo. De ahí que en el centro del yacimiento destaque un edificio de esta época vinculado al culto religioso de gran importancia. Los restos turdetanos se identifican con la Astigi Vetus mencionada por Plinio el Viejo en sus crónicas de antigüedad. Esta fase previa a la llegada de Roma muestra la sofisticación de los pueblos indígenas que habitaban la zona. El aprovechamiento del relieve natural permitía a estos pobladores controlar el cauce cercano del río Genil y sus rutas. La posición estratégica del cerro de San Gil garantizó una continuidad poblacional hasta los tiempos actuales.

La fundación de la colonia Augusta Firma en el último cuarto del siglo I a.C. cambió todo el panorama urbanístico. Para implantar la ciudad romana, se procedió al desmonte de las estructuras previas para regularizar el terreno elevado. En esta posición privilegiada se construyeron residencias de gran lujo que miraban hacia el vasto horizonte andaluz meridional. El yacimiento ha sacado a la luz estancias decoradas que evidencian el alto estatus de sus antiguos habitantes romanos. Entre los hallazgos más notables se encuentran potentes estructuras para el almacenamiento y distribución de agua en altura. Una inscripción latina conmemora la restauración de estas canalizaciones por parte de magistrados locales en el siglo II. Este esplendor romano convirtió a la ciudad en uno de los centros administrativos más pujantes de la Bética. Los restos musivos y las pinturas encontradas son testimonios directos de ese pasado imperial tan glorioso y rico.

Sin duda, el hallazgo más espectacular de las últimas campañas se produjo recientemente en el año 2015. Se trata de un notable mosaico que decoraba un amplio comedor de casi 40 metros cuadrados de superficie. Su temática gira en torno a los episodios mitológicos conocidos universalmente como los “Amores de Zeus” olímpico. El estado de conservación de la pieza es excelente, permitiendo apreciar la maestría de los artesanos antiguos detalladamente. El uso masivo de teselas de pasta vítrea de rico colorido dota a todas las imágenes de profundidad. Es una obra de arte mundial que sitúa definitivamente a Écija entre los grandes tesoros de la Hispania romana. Su hallazgo ha atraído a expertos internacionales para admirar el desarrollo científico de los trabajos de excavación realizados.

El mosaico constaba originalmente de 14 escenas con 30 figuras muy distintas. La composición gira en torno a un panel central que representa los momentos previos al famoso rapto de Europa. En la escena se observa a la princesa subida al lomo de un toro rodeada de sus acompañantes. Otra escena fascinante muestra una variante del mito de Dánae, recibiendo la lluvia de oro divina desde las nubes. El nivel de detalle es tan asombroso que se han plasmado gotas de lluvia mediante pequeñas teselas vítreas. También aparecen representados otros mitos como Leda y el cisne, Ganimedes con el águila y la ninfa Antiope. Las esquinas del conjunto están reservadas para las estaciones del año, conservándose perfectamente el otoño y el invierno.

Más allá del famoso mosaico, el alcázar alberga otras estancias con decoraciones que rozan la perfección artística. Destaca especialmente una habitación pavimentada con la técnica del opus sectile de mármoles polícromos muy variados cromáticamente. El impacto visual de las losas marmóreas de diferentes colores resulta hoy en día realmente impresionante para el visitante. Junto a estos suelos, las pinturas murales polícromas descubiertas presentan un grado de preservación casi milagroso en España. Estas pinturas revelan varias capas y retoques realizados por distintas manos a lo largo de los siglos de uso. Los arqueólogos han identificado un esquema decorativo que arranca en la época de Augusto con gran elegancia. Estos estucos decorados son considerados actualmente entre los mejor conservados de toda la Hispania romana para estudio.

Militar y picadero

La excavación también ha revelado un baño doméstico o balneum con una bóveda de cañón construida en ladrillo. La historia del yacimiento continuó con los musulmanes, quienes erigieron en este cerro el alcázar de Istiya. Durante el siglo XI, bajo dominio almorávide, se construyeron potentes murallas cuyos restos aún se conservan y visitan. Tras la reconquista por las tropas castellanas en 1240, la fortaleza pasó a jurisdicción directa de la Corona. El alcázar fue administrado por alcaides con funciones militares defensivas contra el reino nazarí de Granada por siglos. Sin embargo, con el fin de la Reconquista en 1492, la fortificación declinó progresivamente al perder su funcionalidad.

En los siglos XVI y XVII, el recinto sufrió un abandono que lo llevó a un estado de ruina. Los muros desportillados se convirtieron en un problema de seguridad para los vecinos de los barrios colindantes. Este periodo de sombras ocultó bajo tierra los tesoros romanos que hoy vuelven a ver la luz nuevamente. El destino de la Plaza de Armas cambió en el año 1700 al autorizarse su uso oficial como picadero de caballos. Esta actividad dio nombre al barrio del Picadero, denominación que ha perdurado hasta la actualidad entre los ecijanos. Tras décadas de marginalidad, el Ayuntamiento de Écija inició en 1999 un ambicioso plan de recuperación del espacio. Las excavaciones sistemáticas han transformado el lugar en un referente de la arqueología nacional e internacional. El yacimiento es un museo vivo donde se sigue desenterrando la historia para comprender nuestro pasado común.