Un planeta ha sobrevivido a la muerte de su estrella y podría ser un reflejo del futuro del Sistema Solar

Un equipo internacional de astrónomos ha estudiado uno de los eventos planetarios más insólitos que se conocen hasta la fecha: un planeta gigante que ha sobrevivido a la muerte de su estrella y que, miles de millones de años después, continúa orbitando alrededor de ella. El hallazgo, publicado en la revista Nature, ayuda a comprender cómo evolucionan los sistemas planetarios tras la desaparición de sus estrellas, y da pistas sobre el posible futuro del Sistema Solar cuando el Sol agote su combustible dentro de unos 5.000 millones de años.

La investigación, liderada por la Universidad de Saint Andrews (Escocia), se centra en WD1856 b, un planeta de tamaño similar a Júpiter que orbita una enana blanca, es decir el remanente denso que queda tras la muerte de una estrella como por ejemplo el Sol. Lo extraordinario del sistema es que el planeta se encuentra extremadamente cerca de la estrella, a pesar de que, según lo que se pensaba hasta ahora, debería haber sido destruido durante la fase de gigante roja.

La dificultad de sobrevivir a una gigante roja

Antes de convertirse en una enana blanca, una estrella similar al Sol atraviesa la etapa de gigante roja, en la que aumenta su tamaño hasta superar más de cien veces su diámetro original. Durante ese proceso suele engullir a los planetas más cercanos. De hecho, los astrónomos creen que cuando el Sol llegue a esa fase desaparecerán Mercurio, Venus y, probablemente, también la Tierra.

Precisamente por ello, el descubrimiento de WD1856 b en 2020 planteó un enorme interrogante: ¿cómo había conseguido sobrevivir? Para responder a esa pregunta, los investigadores recurrieron al telescopio espacial James Webb, que permitió analizar con gran precisión la atmósfera, la masa y la temperatura del planeta. Además, los datos sirvieron para reconstruir su historia orbital y determinar cuál era el escenario más probable.

Los resultados indican que el planeta no siempre estuvo tan cerca de la enana blanca. Según la hipótesis principal, originalmente orbitaba a una distancia segura y consiguió sobrevivir a la fase de gigante roja sin ser destruido. Miles de millones de años después habría migrado hacia el interior del sistema hasta situarse a una distancia unas cincuenta veces menor que la que separa la Tierra del Sol.

Una ventana al futuro del Sistema Solar

Otra de las hipótesis que barajan los científicos, con los datos recogidos, es que el planeta fuera engullido por la estrella durante su agonía y lograra sobrevivir atravesando su interior antes de reaparecer en una órbita cercana. Aunque consideran esta opción menos probable, ambas hipótesis demuestran que la evolución de los sistemas planetarios tras la muerte de una estrella es mucho más compleja de lo que se pensaba.

Nuestros hallazgos tienen implicaciones para el destino a largo plazo de nuestro Sistema Solar”, afirma Christopher O'Connor, investigador de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) y uno de los autores del estudio. Además, el hecho de que algunos planetas puedan sobrevivir a estos procesos “amplía realmente el abanico de posibilidades sobre dónde y cuándo podrían existir planetas habitables en el universo”.

Este sistema es todavía más complejo e interesante porque la enana blanca forma parte de un sistema estelar triple. De hecho, los investigadores también barajan la opción de que la atracción gravitatoria ejercida por las otras dos estrellas pudo alterar lentamente la órbita de WD1856 b hasta llevarlo a su posición actual. Comprender estos movimientos ayudará a interpretar cómo evolucionan otros sistemas estelares tras la muerte de sus estrellas.

Para Ian McDonald, otro de los autores del trabajo, este descubrimiento permite mirar hacia un futuro extremadamente lejano. “Estamos acostumbrados a mirar hacia el pasado cuando utilizamos telescopios, pero esta es la primera vez que hemos podido anticipar lo que podría suceder con los planetas exteriores que orbitan alrededor de los restos de una estrella similar al Sol; es como utilizar una máquina del tiempo para asomarnos al lejano futuro de nuestro Sistema Solar”.