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Todos los domingos, en el boletín ‘Política para supervivientes’, algunas de las historias de política nacional que han ocurrido en la semana con las dosis mínimas de autoplagio. Y otros asuntos más de importancia discutible.

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Juanma Moreno y Manuel Gavira, de Vox, tras firmar el acuerdo de gobierno para Andalucía.

Iñigo Sáenz de Ugarte

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Le llamaban la vía andaluza, puestos a inventarse un nombre que sólo se basaba en resultados electorales, lo que no es poca cosa. Cuando el PP andaluz se quedó sin mayoría absoluta, la vía se quedó a mitad de camino y luego terminó llegando a la estación de Vox. Se acabó el truco de Juanma Moreno, que consistía en aplicar el programa electoral del partido sin carcajadas sádicas, que es más del estilo del PP de Madrid. La política sanitaria de ambos gobiernos es muy similar. Lo que les diferencia es el estilo político. Lo del PP andaluz es un poco como disparar a alguien mientras le dices: esto me va a doler más a mí que a ti. En el PP de Díaz Ayuso, disfrutan disparando.

Lo que resulta extraño es que Moreno y su equipo intentaran negar la evidencia hasta el último minuto. Sólo un día antes del anuncio del pacto con Vox y después de que la extrema derecha le negara el apoyo en la primera votación de investidura, aún andaban diciendo a El Mundo que Moreno no iba a entregar un triunfo a Vox: “Juanma no quiere ceder lo mismo que los demás, y no va a ceder”. Pero que no se engañe a nadie. No se refería a la llamada “prioridad nacional”. Eso ya lo tenía asumido. La gente de Moreno decía que no tenía prisa. Ya lo creo que la tenía. El viernes, hubo acuerdo y votación. 

Después de emitir señales contradictorias durante bastante tiempo, Alberto Núñez Feijóo se ha decidido por no esconderse más y aceptar que su llegada a Moncloa solo será posible de la mano de Santiago Abascal. Lo de antes era una fantasía que no sostenían ni las encuestas. La mayoría de ellas indica que el PP está más o menos en el mismo porcentaje de voto que en las elecciones de 2023. Todo el ruido que ha hecho en los últimos tres años, que ha sido mucho, solo ha servido para engordar a Vox, que ha ganado en torno a cinco puntos desde entonces.

Por cada alegato apocalíptico de Miguel Tellado y Ester Muñoz, la caja registradora de los votos a Vox hace el ruido de recibir más ingresos. Si Feijóo denuncia que Sánchez es un peligro para la democracia, la cuenta de resultados de Vox mejora un poco más. 

Las caras de los dirigentes del PP en Sevilla, incluida la de Moreno, eran bastante serias cuando se anunció el pacto. Habían despertado de un sueño y lo que estaban viendo no era lo que esperaban. La verdad es que han comprado toda la mercancía de Vox. Prioridad nacional hasta el final, aunque ahí intentan alegar que no es para tanto. Mínimo de diez años de empadronamiento para acceder a las ayudas por compra de viviendas sociales y cinco en caso de alquiler. “Rechazo frontal” a los menores inmigrantes, como si fueran una amenaza para la sociedad. Recortes de subvenciones a entidades que trabajan con inmigrantes, entre las que está Cáritas.

El mensaje más duro de la extrema derecha contra la inmigración ha sido asumido entero por el adalid de la moderación en el PP. Así que hay que deducir que no era más que una etiqueta para presumir de ella en la familia. 

En materia de medio ambiente, se va más lejos que en los demás pactos con Vox en otras comunidades. Se niega el apoyo a las zonas libres de emisiones en los municipios. Suprimen impuestos medioambientales. Se oponen a la instalación de macroproyectos de energía eólica y solar en suelos de uso agrícola (¿los van a reservar para las ciudades?). 

Carlos Alsina ha resumido así el giro: “En dos meses, la prioridad nacional ha pasado de ser la promesa de una ilegalidad que hacía la extrema derecha populista, y que el presidente (Moreno) denunciaba con vehemencia, a ser el compromiso firme del presidente, que aún tendrá el cuajo de criticarle a Sánchez sus cambios de opinión para satisfacer a los socios que le hacen presidente”. 

“Un Gobierno con Vox es imposible”, dijo Moreno en la campaña. Lo que es imposible es confiar en que el PP ponga obstáculos reales a las exigencias más reaccionarias de la extrema derecha. Sólo hay dos posibilidades, o los del PP son muy ingenuos o esas ideas no les provocan un rechazo visceral.

Dos giros sucesivos de 180 grados en el PP

Feijóo en un acto del PP en Castellón el 3 de julio.

Ha sido una semana muy loca en el Partido Popular. Se embarcaron en otra de sus cruzadas que anuncian el fin de la civilización en España y de todo lo demás, esta vez a cuenta del proceso de nacionalización de los descendientes de españoles en Latinoamérica. Feijóo acusó a Pedro Sánchez de “fabricar dos millones y medio de votantes” a través de la “ingeniería electoral” corriendo como un galgo cojo detrás de lo afirmado por Vox. Luego, empezaron las risas al recordarse que el líder del PP prometió lo que ofrece la Ley de Memoria Democrática a los exiliados del franquismo en una visita a Argentina en 2022. Su promesa era para todos “los nietos de españoles en el exterior”.

La hemeroteca rescató un discurso en el Senado de Ester Muñoz, la actual portavoz parlamentaria del PP: “Es de justicia que todos los nietos de aquellos ciudadanos españoles que tuvieron o quisieron salir de España al exilio puedan acceder ahora a la plena nacionalidad que está en sus orígenes”.

Tocaba frenar y volver atrás para reconocer esas palabras y, como mucho, se quejaban de la rapidez con que se estaba afrontando el proceso cuando habitualmente todos estos trámites consumen varios años. Lo mejor es que la página 101 del programa electoral del partido en 2023 pedía exactamente lo que se está llevando ahora a la práctica. 

El viernes, en un acto de su partido en Castellón, Feijóo dio otro giro de 180 grados, con lo que ya sumaba 360 y volvía a la posición original. “Esta ingeniería social no tiene objetivos inocentes”, dijo sumando las cifras de dos cosas diferentes, las nacionalizaciones a descendientes de españoles y la regularización de más de un millón de inmigrantes sin papeles. El objetivo del Gobierno era, según Feijóo, “alterar el censo” de votantes. Estaba denunciando un pucherazo en toda regla sin tener pruebas. Hasta afirmó que la población española puede aumentar en ocho millones de personas, una cifra que se inventó. Dijo ocho como podría haber dicho dieciocho.

Mientras tanto, algunos dirigentes del PP muestran en privado su estupor por esta campaña, porque creen que deberían centrarse en los casos de corrupción que afectan al Gobierno, en los que no hay semana sin noticias, y olvidarse de conspiraciones truculentas más propias de la extrema derecha. Pero no tienen nada que hacer. Feijóo reincide en la torpeza que le caracteriza y que perjudica a sus propios intereses. Como apuntaba antes, cuanto más atiza la hoguera de la furia, más fácil le hace el trabajo a Vox. 

En el PSOE, han disfrutado de su ración semanal de sustos relacionados con la corrupción. El juez Pedraz ha citado como imputada a la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y al director operativo del Instituto Armado, el teniente general Manuel Llamas, por el caso Leire Díez. El Gobierno ha respondido que ninguno de ellos va a presentar la dimisión y que esperará acontecimientos. Ese parece ser el argumento decidido por Sánchez ante posibles y futuras imputaciones. Ya no dimite nadie y ya veremos qué pasa en la instrucción de esos casos. No se entregarán más cadáveres a la oposición, porque no sirve de nada. 

Por lo demás, si creen que eso reducirá el desgaste político causado por la corrupción, no pueden estar más confundidos. En este asunto, lo que no le funcionó en su momento al PP de Rajoy no le va a funcionar al PSOE. 

El influencer que se cagó en 48 horas

Vito Quiles, montando el pollo en Granada en octubre de 2025.

Para acabar, un detalle que no pasa de ser cómico. El influencer ultra Vito Quiles volvió a desobedecer una citación judicial y a la jueza no le quedó otra opción que ordenar su detención estrictamente para asegurar que compareciera en su juzgado. Es casi una cuestión de trámite si alguien decide que no le apetece cumplir con la ley. En este caso, por una denuncia por difamación presentada por un funcionario del Ministerio de Hacienda.

Al igual que las modelos de OnlyFans, la publicidad es esencial para mantener la imagen de marca. El concepto de publicidad negativa no existe. El propagador de bulos elogiado por el PP se las dio de gallito y denunció una “persecución” del Gobierno. Se escondió en una urbanización con piscina, porque hacer de rebelde antigubernamental en mitad de una ola de calor te obliga a muchas pausas por hidratación. Hasta que se le acabó el cuento. No tiene muchas luces y acabó ofreciendo la frase que le define: “Me he cansado de vivir como un fugitivo”. La osadía le duró 48 horas. Nada más. Payasos de este tipo no pueden poner en peligro la democracia, como algunos creen. Sólo están para dar espectáculo en estos tiempos en que las personas elegantes salen de casa con el cuchillo entre los dientes. Y, como en OnlyFans, enseñar el culo puede ser muy lucrativo para algunos. Es sólo un modelo de negocio. Incluso durante 48 horas.

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