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El PP de Feijóo da un paso más en su entendimiento con la ultraderecha
De la Alemania nazi a los países bálticos: la ley de nietos no es excepción
Opinión - 'En ocasiones, ve socialistas', por Esther Palomera

El PP de Feijóo da un paso más en su entendimiento con la ultraderecha con la claudicación de Moreno ante Vox

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, seguidos del presidente aragonés, Jorge Azcón, durante un acto informativo el pasado mes de junio.

Aitor Riveiro

2 de julio de 2026 22:02 h

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Lo anunció Alberto Núñez Feijóo al filo de las diez de la mañana de este jueves, varias horas antes de hacerse oficial, durante un curso de verano: el PP y Vox habían cerrado un acuerdo en Andalucía. Solo quedaba pactar el papel de la ultraderecha en el próximo gabinete de Juan Manuel Moreno. La confirmación llegó poco antes de la segunda votación de investidura: “prioridad nacional” y Gobierno de coalición. El penúltimo bastión del autodeclarado “PP moderado” ha caído y ha confirmado la dependencia que los de Feijóo tienen de Santiago Abascal y su partido.

En realidad es la segunda vez que Moreno se sirve de Vox para gobernar. En 2018 perdió las elecciones contra Susana Díaz, pero sumó con Ciudadanos y los ultras para desbancar al PSOE. Los siguientes comicios, en 2022, le catapultaron hasta una mayoría absoluta achacable a la casualidad aritmética que hizo que un puñado de votos bien distribuidos le dieran cuatro diputados en el último suspiro del recuento.

Este 2026, la moneda cayó del otro lado. Moreno no ha sido el único barón autonómico del PP que pensaba tener en su mano la mayoría absoluta. Antes que él se sometieron a las urnas María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco, con el convencimiento de poder desembarazarse de sus aliados naturales y de alcanzar ese paraíso para un político que es tener el control parlamentario total.

Tras el fiasco de Moreno, al PP le quedan ya solo tres mayorías absolutas. Alfonso Rueda, en Galicia, y Gonzalo Capellán, en La Rioja, mantienen un aura de cierta moderación. El riojano se ha caracterizado en esta legislatura por tener una posición propia en algunos asuntos centrales, como la financiación autonómica. También Rueda se puede permitir el lujo de desmarcarse de algunos pronunciamientos de su partido ante las dificultades de Vox de penetrar en el electorado más allá del Bierzo. La tercera baronesa ‘libre’ es Isabel Díaz Ayuso, que renunció por voluntad propia hace ya mucho a presentarse como “moderada”.

Feijóo, más escorado a la derecha

El mini ciclo electoral, ideado por el PP precisamente para mostrar la capacidad de Feijóo de orillar a Vox, ha servido justo para lo contrario. Feijóo, quien hace ahora exactamente un año se comprometió formalmente ante todo su partido a gobernar en solitario, se enmendó a sí mismo en ‘prime time’ hace apenas unos días: “En el caso de que tengamos que hacer un acuerdo y una coalición de gobierno, nos sentaremos y haremos una coalición de gobierno”.

Para entonces ya había comenzado la negociación en Andalucía, y Moreno era consciente de que iba a tener que desdecirse en dos de sus principales planteamientos durante la campaña electoral del pasado mes de mayo.

El primero, el de asumir la “prioridad nacional”. Moreno dijo en campaña que era un “eslogan efectista”. Sostuvo que era “irreal” e “ilegal”. Pero tras perder la mayoría absoluta el barón andaluz ya no es todo lo libre que era, y no ha podido, o no le han dejado, rechazar lo que han ido firmando, uno a uno, sus compañeros de partido en Extremadura, Aragón y Castilla y León.

Aunque Moreno no quería la prioridad nacional, hace ya días que sus portavoces comenzaron a deslizar que no tenían inconveniente en asumirla. Más bien, no tenía posibilidad de quitársela de encima: la dirección del PP no iba a permitir un desmarque así de sus compañeros de partido. La intervención del secretario general, Miguel Tellado, fue clave para cerrar los acuerdos previos. En ellos se estableció un marco estatal que Moreno no ha podido eludir.

Más convencidos estaban en el PP andaluz de poder librarse de compartir gobierno con Vox. Cuando en 2024 Abascal ordenó a los suyos salir de los ejecutivos autonómicos, en la sede nacional del PP de la madrileña calle de Génova se vieron amplias sonrisas. Fue el empujón para que Feijóo lanzara su plan de gobernar en solitario.

Pero no había pasado un año cuando las encuestas comenzaron a reflejar lo acertado de la estrategia definida por el asesor en la sombra de Abascal, Kiko Méndez Monasterio.

El giro “lepenista” de Vox, que ha optado por centrarse en el discurso racista para ganar adeptos, ha dado resultado. Y ha forzado a Feijóo a escorarse.

El último ejemplo es la mal llamada ‘ley de nietos’, un proceso extraordinario incluido en la Ley de Memoria Democrática para que los descendientes de españoles emigrados puedan reclamar la nacionalidad de sus padres o abuelos.

La norma se aprobó en 2022. Ni el PP ni Vox señalaron entonces que esta vía de nacionalización fuera un problema y lo obviaron en sus intervenciones parlamentarias. Ese mismo año, el Ministerio de Justicia aprobó una instrucción con los detalles del proceso. Ahora, casi un lustro después, las derechas han puesto el grito en el cielo y alientan las sospechas de una conspiración del Gobierno para cometer un fraude en las próximas elecciones generales.

Feijóo ha pasado de defender una ampliación de la ‘ley de nietos’ que fuera más allá de los exiliados del franquismo a echarse las manos a la cabeza porque el Gobierno hizo eso exactamente hace cuatro años.

Tanto el líder del PP como Abascal están también azuzando el bulo de que Sánchez quiere modificar el censo electoral con la regularización extraordinaria de personas migrantes, pese a que no podrán votar en el próximo ciclo.

Este mismo jueves, mientras anunciaba el acuerdo andaluz, Feijóo hizo un batiburrillo con todo para lanzar un mensaje que se diferencia poco en el fondo de lo que suele decir Vox. “España no está preparada para atender a 50 millones de personas”, afirmó. “Nuestros servicios no tienen dimensión para atender un incremento [así]de población”, añadió.

Y continuó. “Si sumamos el número de inmigrantes desde 2019” que Feijóo cifró “en cuatro millones”, más “1,3 millones de la regularización ya nos vamos a 5,3 millones”. “Y si sumamos los dos millones y medio de lo que el Gobierno llama nietos, que no son nietos solo, estamos ya en siete u ocho millones de ciudadanos”, dijo. Feijóo zanjó: “Siete u ocho millones de ciudadanos en siete años no hay país que lo resista desde el punto de vista social, desde el punto de vista de bienestar y desde el punto de vista cultural”.

Es un paso más de Feijóo en su ambivalente competencia con Vox. Si en 2022 despreció a los de Abascal, en 2023 tuvo que asumir cinco gobiernos autonómicos y el bloqueo a su investidura por sus aproximaciones a la extrema derecha. En 2024 asumió el discurso ultra que relaciona inmigración con delincuencia, y desde finales de 2025 ha señalado que también está en riesgo la “identidad” española.

Ahora todas estas afirmaciones toman cuerpo en ese significante que es la “prioridad nacional”, que José María Aznar quiere sustituir por “mayoría nacional”. Los gobiernos autonómicos de PP y Vox ya han comenzado a desarrollar este concepto en forma de políticas concretas, pero de momento no se puede apreciar los efectos que tendrá en toda su magnitud.

Desde este jueves, cuando Moreno fue investido presidente por tercera vez, Andalucía será una región más que servirá para comprobar hasta dónde están dispuestos a llegar PP y Vox en su aplicación.

La extrema derecha tendrá menos peso numérico que en otras comunidades, ya que también obtuvo menos diputados. Su líder, Manuel Gavira, será vicepresidente con una supercartera que aunará Justicia, Turismo, Administración Local y Desregulación.

El PP de Feijóo saludó el acuerdo en un comunicado en el que se mostraron “satisfechos” de lo pactado. “Salimos más fuertes, reforzados en todos nuestros enfrentamientos electorales con el PSOE, y más preparados que nunca para volver a medirnos con el 'sanchismo' en las urnas”, zanja el PP en su comunicado. Lo harán con Vox en todas sus fotos.

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